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sábado, 30 de julio de 2016

LA ADICCIÓN ES UN TRASTORNO DEL APRENDIZAJE

Por



Me inyectaba heroína y cocaína cuando asistía a la Universidad de Columbia en los años ochenta; algunos días lo hacía varias veces y me dejé cicatrices que aún se pueden ver. Continué consumiendo, incluso después de haber sido expulsada de la escuela, después de una sobredosis y de haber sido arrestada por distribución.
Mis padres estaban abrumados: no podían entender qué había pasado con su hija “talentosa” que siempre había sobresalido en la escuela. Aún tenían la esperanza de que en algún momento dejaría las drogas, aunque cada vez que trataba, recaía después de algunos meses.

En general, hay dos líneas de pensamiento sobre las adicciones: la primera dice que mi cerebro estaba químicamente “secuestrado” por las drogas, que me habían dejado sin control sobre una enfermedad crónica y progresiva. La segunda dice que yo era simplemente una delincuente egoísta, a quien no le importaban los demás, como la mayoría de la gente aún cree (cuando el adicto es un ser querido, nos inclinamos por la primera explicación; cuando no lo es, nos inclinamos por la segunda.)

Necesitamos una nueva perspectiva, porque nuestro conocimiento sobre la neurociencia que subyace a la adicción ha cambiado y porque todos los tratamientos existentes simplemente no funcionan.
La adicción sí es un problema cerebral, pero no es una patología degenerativa como el Alzheimer o el cáncer, ni tampoco es evidencia de una mente delictiva. Es más bien un problema de aprendizaje, una diferencia en el modo en que el cerebro hace conexiones que afecta la manera como procesamos la información sobre la motivación, la recompensa y el castigo. Además, como muchos problemas de aprendizaje, el comportamiento adictivo se moldea por influencia genética y el entorno durante el desarrollo.
Los científicos han estudiado la conexión entre los procesos de aprendizaje y la adicción por décadas. Ahora, mediante investigación con animales y estudios radiológicos, los neurocientíficos lograron reconocer qué regiones cerebrales están relacionadas con la adicción y de qué manera.

Los estudios muestran que la adicción altera la interacción entre las regiones medias del cerebro como el tegumento ventral y el núcleo accumbens, que están ligados con la motivación y el placer, así como partes de la corteza prefrontal que ayudan a tomar decisiones y a establecer prioridades. Estas redes determinan a qué le damos valor para poder asegurar que logremos ciertas metas biológicas importantes, concretamente la supervivencia y la reproducción.
Básicamente, la adicción ocurre cuando estos sistemas cerebrales están enfocados en objetivos incorrectos: un comportamiento drogadicto o de autodestrucción como apostar en exceso en lugar de enfocarse en una nueva pareja o un bebé. Una vez que sucede, puede causar grandes problemas.

Si creciste, como yo, con un sistema nervioso hipersensible que te hacía sentir constantemente abrumado, abandonado y no amado, encontrar una sustancia que calme el estrés social se convierte en un escape bendito. La heroína me daba una sensación de comodidad, seguridad y amor que no podía obtener de ninguna persona (el agente clave de la adicción en estas regiones es el mismo de muchas experiencias placenteras: la dopamina). Una vez que experimenté el alivio que la heroína me daba, sentí como si no pudiera sobrevivir sin ella.

Entender la adicción desde esta perspectiva de desarrollo neurológico ofrece mucha esperanza. En primer lugar, como otros problemas de aprendizaje, por ejemplo el trastorno de déficit de atención con hiperactividad o la dislexia, la adicción no afecta la inteligencia en general.

En segundo lugar, esta visión sugiere que la adicción distorsiona las decisiones, pero no elimina totalmente el libre albedrío: después de todo, nadie se inyecta frente a la policía. Esto significa que los adictos pueden aprender a tomar acciones que mejoren su salud, como utilizar jeringas limpias, como lo hacía yo. Hay investigaciones que muestran que tales programas no solo reducen el contagio de VIH, sino que también ayudan a la rehabilitación.
La perspectiva del aprendizaje también explica cómo la compulsión por el alcohol o las drogas puede ser tan fuerte y por qué la gente adicta continúa aun cuando el daño sobrepasa por mucho el placer que obtiene y por qué puede parecer que actúa irracionalmente: si crees que algo es imprescindible para tu sobrevivencia, tus prioridades no tendrán sentido para los demás.

El aprendizaje que nos lleva a sentir deseos como el del amor y la reproducción es muy distinto al aprendizaje de hechos sin carga emocional. A diferencia de solo memorizar las tablas de multiplicar, el aprendizaje profundo y emocional altera completamente el modo en que decides qué es lo que más te importa, por eso recuerdas mejor quién era tu amor platónico en la secundaria que lo que aprendiste en esa época en matemáticas.
Reconocer que la adicción es un trastorno del aprendizaje puede también ayudar a dar por terminada la discusión sobre si la adicción debe ser tratada como una enfermedad progresiva, como afirman los expertos, o como un problema moral, una creencia que se refleja en nuestra continua criminalización de ciertas drogas.
Simplemente se aprendió un modo incorrecto de sobrellevar los problemas.

Además, si la adicción se encuentra en las partes del cerebro que están relacionadas con el amor, entonces la rehabilitación se parece más a recuperarse de una ruptura amorosa que a encarar una enfermedad de por vida. Curar un corazón roto es difícil y muchas veces se puede caer en comportamientos obsesivos, pero no se trata de daño cerebral.

Así, las implicaciones para el tratamiento son profundas. Si la adicción es como un amor no correspondido, entonces la compasión es una aproximación mucho mejor que el castigo.
En 2007, después de analizar información general de docenas de estudios a lo largo de cuatro décadas, se encontró que tratamientos empáticos y de empoderamiento del paciente, tales como terapia cognitiva y terapia motivacional, que alimentan la disposición interna a cambiar, funcionan mucho mejor que las rehabilitaciones tradicionales para confrontar la negación y en las que se les dice a los pacientes que no tienen ningún control sobre su adicción.
Esto tiene sentido porque el circuito que en condiciones normales nos conecta socialmente a unos con otros se ha canalizado hacia la búsqueda de drogas. Entonces, para que nuestros cerebros vuelvan a la normalidad necesitamos más amor, no más dolor.

De hecho, los estudios no han encontrado evidencia favorable sobre los tratamientos severos y de castigo, como el encarcelamiento, los tratamientos humillantes y las típicas “intervenciones” en las que las familias amenazan con abandonar al adicto. La gente adicta ya está dispuesta a pasar por experiencias negativas a causa de sus circuitos cerebrales, así que más castigo no va a cambiar esto.
Las investigaciones también muestran que la mitad de todas las adicciones —a excepción del tabaco— se acaba cuando cumplimos 30 años de edad, y la mayoría de la gente con adicciones al alcohol y las drogas las superan, casi siempre sin tratamiento. Dejé las drogas cuando tenía 23 años de edad. Siempre pensé que las había dejado porque finalmente me había dado cuenta de que mi adicción me estaba dañando.

Una vez que entendamos que la adicción no es un pecado ni una enfermedad progresiva, sino que simplemente surge de una conexión cerebral distinta, podremos dejar de insistir en estrategias que no funcionan y comenzar a enseñar otro tipo de recuperación.
Así pues, si la compulsión que sustenta la adicción se dirige hacia canales más saludables, este tipo de conexión cerebral puede ser benéfico y no solo una desventaja. Después de todo, persistir a pesar del rechazo no solo me llevó a la adicción, también ha sido indispensable para mi sobrevivencia como escritora. La habilidad de persistir es un valor: la gente con adicciones solo necesita aprender cómo redirigirla.

domingo, 10 de junio de 2012

Adicción al sexo – Hipersexualidad

Autora: Inma Ortega López


Durante mucho tiempo este trastorno no ha sido reconocido clínicamente como tal, siendo en la mayoría de ocasiones ocultado por vergüenza de aquellos que lo padecían, y tratado desde la sociedad con frivolidad.

Conocido durante muchos años bajo los nombres de Ninfomanía (furor uterino) en el caso de las mujeres o Satiriasis (de sátiro) en el caso de los hombres, actualmente queda englobado bajo el nombre de Hipersexualidad.

A principios de 2010, el Manual Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales recogía por primera vez la adicción al sexo bajo la denominación clínica de Trastorno de la Hipersexualidad, definiéndolo como un trastorno obsesivo-compulsivo.

Aunque todavía no se cuenta con un perfil claro del adicto al sexo, se puede apuntar a que afecta aproximadamente a un 6% de la población, siendo en su mayoría hombres de 20 a 40 años, si bien afecta también a mujeres, en ambos casos sin distinción de clase social o educación.

Normalmente esta patología no se presenta aislada, sino que suele ser  un síntoma más, generado y mantenido por otro tipo de problemas como trastornos de ansiedad, baja autoestima, abusos en la infancia, carencias en habilidades sociales, dificultades para controlar los impulsos e incluso trastorno bipolar, alternándose períodos de mucha actividad y descontrol en la conducta sexual con otros de relativa calma, e incluso de abstinencia, relacionados con los constantes cambios de humor  que suelen sufrir estas personas.

Nos podemos preguntar cuándo una conducta sexual  por muy habitual que ésta sea traspasa el umbral de ser considerada normal para pasar  a considerarse una patología. Bien,  aquí  Rojas Marcos nos ayuda con su definición a delimitarlo “ Cualquier tipo de obsesión que interfiera en la capacidad de la persona para llevar una vida normal, y que le perjudique en sus relaciones personales y laborales es una patología”
Podemos ampliar el concepto especificando que esta patología concreta comienza a ser tal cuando el sexo deja de ser utilizado como una fuente de placer para pasar a ser una forma de evadirnos de otro tipo de problemas, somos incapaces de dominar el impulso, y llevarlo a cabo no sólo no nos produce satisfacción, si no que nos hace sentir culpables y aumenta nuestro malestar, adentrándonos en una espiral dónde para rebajar ese malestar volvemos a caer en la conducta que lo produjo.

En realidad la hipersexualidad en su origen es comparable a cualquier otro tipo de dependencias , como pueden ser  las drogas, el alcohol o el juego; podríamos hablar de personalidades adictivas con tendencia a desarrollar adicciones , sustituir unas por otras,  o incluso de la combinación de varias al mismo tiempo, por lo que el problema es más de base, y no puede tratarse aisladamente.

Como cualquier otra dependencia, está relacionada con los cambios neuroquímicos que se producen en nuestro cerebro, en este caso provocados por las relaciones sexuales, buscando continuamente las sensaciones que éstos cambios reportan, que no están únicamente relacionados con el placer en sí mismo, y tratando de eliminar el síndrome de abstinencia.

En esta adicción también se produce una escalada progresiva buscando estímulos cada vez más intensos, si el primer paso pueden ser las fantasías, pronto se pasa a la masturbación  compulsiva y al consumo masivo de pornografía, cuando esto no es suficiente comienzan las relaciones sexuales  desordenadas y sin control, en citas o encuentros de una sola noche tanto con desconocidos buscados en cualquier lugar como acudiendo a la prostitución , y en muchos casos incluso dejando a un lado la protección frente a enfermedades de transmisión sexual.

Es importante volver a remarcar la diferencia entre una vida sexual muy activa  más o menos  promiscua que no nos plantee problemas y donde estemos satisfechos con nosotros mismos,  de los casos en los que ésta actividad nos domina,  nos controla, y nos acarrea sentimientos negativos.

Normalmente se acude a consulta cuando los problemas personales con nuestra pareja y nuestro entorno se han hecho insostenibles, o hemos tenido incluso problemas con la Ley por algún tipo de abuso sexual, trato con menores, voyerismo, escándalo público etc.

Como siempre, lo principal es admitir y aceptar el problema, a partir de ahí el tratamiento suele basarse en  la terapia cognitivo-conductual, combinada en muchos casos con fármacos y asesoramiento sexológico, y sobre una base fundamental y específica en esta adicción: un alcohólico puede y debe dejar el alcohol, al igual que un ludópata el juego, sin embargo un bulímico no puede dejar de comer para subsanar la adicción, ni un adicto al sexo prescindir de él por completo, porque forma parte fundamental del ser humano, y esto sería bordear el problema sin solucionarlo, por tanto se trata de identificar que desencadena esta compulsión y aprender a controlar el impulso cuando éste no sea apropiado.