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lunes, 9 de mayo de 2016

INTELIGENCIA EMOCIONAL PARA NIÑOS

Las personas no llegamos a este mundo con la habilidad suficiente como para gestionar el dolor. A pesar de ser algo común en nuestro ciclo vital, y de experimentarlo nada más venir al mundo, nadie nos ha ofrecido un manual para sobrevivir al sufrimiento.
De niños nos desahogamos con las lágrimas pero, a medida que crecemos, nos dicen que llorar no es bueno, que es algo que solo hacen los débiles. Es entonces cuando empezamos a interiorizar, a callar palabras y a disimular.

La educación emocional no es algo que se enseñe en los centros educativos, y nuestros padres casi nunca son demasiado hábiles a la hora de iniciarnos en estos campos, en la gestión de las frustraciones, de los desengaños, de las desilusiones.
Somos nosotros, a través de nuestras experiencias, los que debemos aprender a sobrevivir. Ahora bien, hay algo que debemos tener claro: hay muchos tipos de dolor emocional. Hay unos que lastiman y otros que nos hacen cambiar para avanzar.


El desarrollo emocional en los niños es un elemento muy importante para su posterior desenvolvimiento en la sociedad a lo largo de todas las etapas de su vida.

Muchas personas utilizan los términos de “crecimiento” y “desarrollo”, como sinónimos. En realidad son diferentes, aunque inseparables. El crecimiento se refiere a cambios cuantitativos; aumentos de estatura y estructura. El desarrollo del niño engloba los cambios cualitativos, cambios conductuales significativos que se manifiestan en los niños durante su crecimiento y maduración.


La inteligencia emocional es considerada como la habilidad esencial de las personas para atender y percibir los sentimientos de forma apropiada y precisa. Es la capacidad para asimilarlos y comprenderlos adecuadamente y la destreza para regular y modificar nuestro estado de ánimo o el de los demás.

Esta habilidad para manejar emociones de forma apropiada se puede y se debe desarrollar desde los primeros años de vida, ya que las emociones se expresan desde el nacimiento.

Aprender a aceptar la adversidad

Hay quien se niega a aceptar el dolor en cada una de sus formas. Unos enmascaran el dolor físico con los analgésicos y otros rehuyen del dolor emocional, fingiendo que no existe.
  • Es un error. Toda sensación de dolor es síntoma de un problema interior que hay que conocer. Ya sea una enfermedad, en caso de dolor físico, o bien un problema no afrontado de forma correcta.
  • Tampoco podemos pasar por alto que los problemas emocionales pueden somatizarse y derivar así en dolor físico, en cansancio o en problemas musculoesqueléticos.

¿De qué forma hemos de afrontar la adversidad cotidiana?

No debe sorprenderte si te decimos que es necesario aprender que existe esta dimensión lo antes posible. Es vital pues que, desde nuestra infancia, se nos hagan entender las siguientes cuestiones:
  • Por mucho que nuestros padres, madres o abuelos se esfuercen, no pueden cuidar de nosotros siempre ni garantizarnos una felicidad absoluta en cada paso que damos.
  • Los niños deben aprender a gestionar la frustración, a que no siempre se consigue lo que se desea.
Si educamos en madurez emocional, daremos múltiples estrategias a los más pequeños para que cada día, sean capaces de hacer frente a esas fuentes que les puede ocasionar dolor:
  • Con una buena autoestima vencerán las posibles críticas de los compañeros de clase.
  • Si son autónomos, si se esfuerzan en conseguir sus objetivos, sabrán que muchas veces el conseguir algo no está exento de cierto sufrimiento.
El saber ya desde la infancia y la adolescencia que la adversidad es algo que puede aparecer más de lo que desearíamos hará que nos demos cuenta también de que “son momentos para ponernos a prueba”. Para demostrar de lo que somos capaces.


Comprendemos que no es fácil hacerles ver a los niños que la vida, puede ser a veces muy compleja. Como madres y padres les deseamos lo mejor, pero tampoco podemos sobreprotegerles ni introducirlos en una burbuja. Hay que ofrecerles ante todo una educación emocional que fomente su madurez, para que canalicen mejor las decepciones, para que sepan desahogarse, quererse más a ellos mismos, y superarse cada día en su búsqueda por ser felices.

El dolor es el maestro más severo

Desearíamos que no existiera. Nos encantaría borrar el dolor y el sufrimiento de nuestra vida y de la vida de quienes amamos, para que nada turbara nuestro equilibrio. Sin embargo, hay unos principios que debemos asumir e interiorizar por nuestro bien.
La vida fluye y cambia. Nada es estable y formamos parte del movimiento. Hay quien dice que para saber qué es la felicidad, primero hay que sufrir. En absoluto. No hay que ser tan extremos. Las personas sabemos muy bien qué es estar bien, satisfechos, tranquilos y felices. Es un bien primordial y sabemos reconocerlo sin necesidad de ver a su antagonista frente a frente.
Ahora bien, sí hay unos errores en los que a veces solemos caer. Son los siguientes:
  • Pensar que la felicidad y que la calma se van a mantener para siempre. No estamos preparados para sufrir las pérdidas, las enfermedades, para sufrir desengaños.
  • Nos olvidamos de que la vida tiene un principio innato: avanzar. Y todo avance trae de forma irremediable el cambio, ya sea bueno o malo.
  • Todos formamos parte de ese movimiento vital. Es necesario pues permitirse llevar de la forma más armónica posible al compás de esos cambios.
Si nos resistimos a hechos tan comunes como envejecer o no aceptamos que alguien haya podido dejar de amarnos, quedaremos encallados, aferrados al sufrimiento. Hay que llorar y enfadarse, desde luego. Es lícito ponerse de mal humor y sentir el dolor en toda su intensidad cuando algo ocurre pero, luego, debes aceptarlo. Y, después, formar parte de ese río que nos lleva la vida en el día a día, donde el cambio puede traerte de nuevo cosas buenas.
Hay vivencias que nos van a dejar lastimados por dentro, de eso no cabe duda. Hay un tipo de dolor que no deja indemne a nadie, y eso es algo que debemos asumir. La pérdida de un ser querido , por ejemplo, es algo difícil de aceptar, pero poco, podremos vivir con esa ausencia. Dolerá un poco menos.
Ahora bien, ten en cuenta que, si bien es cierto que las personas no solemos llegar “preparadas de fábrica” para el sufrimiento, sí disponemos de estrategias innatas para afrontarlo: todos somos excelentes supervivientes, todos disponemos de RESILIENCIA.

 
ESTRATEGIAS PARA ESTIMULAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LOS NIÑOS: 

Dar nombre a los sentimientos: Ser capaces de nombrar emociones como la cólera o la tristeza, les ayuda a reconocer esas emociones cuando las sienten.
Relacionar gestos con sentimientos: Es importante que el niño aprenda a identificar emociones en otras personas, de esta manera desarrollará la empatía
Orientarlos: Una vez que sus hijos sepan reconocer sus emociones, existen normas básicas para enfrentarse a ellas

Una rabieta o berrinche es una forma inmadura de expresar ira o enojo. A los 3 años de edad, se puede empezar a enseñar a los niños a expresar sus sentimientos con palabras (“Estás enojado porque…”). Debemos enseñar a los niños que el enojo es normal, pero que debe ser manifestado en la forma apropiada.

En otra entrada amplío el concepto de Resiliencia. Gracias.

lunes, 13 de enero de 2014

PUEDO ELEGIR MIS SENTIMIENTOS

Premisa Mayor: Yo puedo controlar mis pensamientos.
Premisa Menor: Mis sentimientos provienen de mis pensamientos.
Conclusión: Yo Puedo Controlar Mis Sentimientos.

Escrito por WAYNE DYER   
Tomado del libro Tus Zonas Erroneas

Los sentimientos no son simples emociones que te suceden. Los sentimientos son reacciones que eliges tener. Si eres dueño de tus propias emociones, si las  controlas, no tendrás que escoger reacciones de autoderrota. Cuando aprendas que puedes sentir lo que prefieres o eliges sentir, empezarás a encaminarte por la verdadera senda de la "inteligencia". Esta senda es nueva porque tú considerarás a una emoción dada como una opción y no como una condición de la vida. Éste es el meollo y el alma misma de la libertad personal.

Con la lógica se puede atacar el mito del no estar a cargo o en control de las propias emociones. Por medio de un simple silogismo (una formulación lógica en la que se tiene una premisa mayor, una premisa menor y una conclusión que se basa en un acuerdo entre las dos premisas) puedes empezar el proceso de estar a cargo de ti mismo, tanto mental como emocionalmente.

Lógico.- Silogismo

Premisa Principal: Aristóteles es un hombre.
Premisa Menor: Todos los hombres tienen pelo facial.
Conclusión: Aristóteles Tiene Pelo Facial.

Ilógico.- Silogismo

Premisa Mayor: Aristóteles tiene pelo en la cara.
Premisa Menor: Todos los hombres tienen pelo en la cara.
Conclusión: Aristóteles Es Un Hombre.

Está muy claro que cuando recurres a la lógica, debes tener cuidado de que las premisas mayor y menor estén de acuerdo. En el segundo ejemplo Aristóteles podría ser un mono o un topo. He aquí un ejercicio lógico que puede descartar para siempre la noción de que tú no puedes hacerte cargo de tu propio universo emocional.

Premisa Mayor: Yo puedo controlar mis pensamientos.
Premisa Menor: Mis sentimientos provienen de mis pensamientos.
Conclusión: Yo Puedo Controlar Mis Sentimientos.

La premisa mayor está clara. Tienes el poder de pensar lo que se te ocurra. Si se te ocurre algo de improviso (algo que tú elegiste poner en tu cabeza, aunque no sepas por qué lo hiciste), aún tienes el poder de hacerlo desaparecer y por tanto sigues controlando tu universo mental. Yo te puedo decir: "Piensa en un antílope color rosa", y tú lo puedes volver verde o convertirlo en un jabalí, o puedes pensar simplemente en cualquier otra cosa que quieras. Sólo tú puedes controlar lo que entra en tu cabeza como un pensamiento. Si tú no crees en esto, contesta simplemente esta pregunta: "Si no eres tú el que controla tus pensamientos, ¿quién los controla? ¿Es acaso tu cónyuge, o tu jefe o tu madre?".

Y si son ellos los que controlan lo que tú piensas, entonces mándalos a ellos a que se hagan un tratamiento psicoterapéutico, y tú mejorarás inmediatamente. Pero tú sabes que no es así. Tú y sólo tú puedes controlar tu aparato pensante (fuera de casos extremos de lavado de cerebro o de experimentos de condicionamiento que no forman parte de tu vida). Tus pensamientos son tuyos, exclusivamente tuyos para hacer con ellos lo que quieras, conservarlos, cambiarlos, compartirlos o contemplarlos. Ninguna otra persona puede meterse dentro de tu cabeza y tener tus pensamientos como tú los experimentas. Eres tú quien controla realmente tus pensamientos, y tu cerebro es tuyo propio, y puedes usarlo como quieras y determines.

Tu premisa menor no es discutible si examinas las pruebas históricas y empleas tu sentido común. No puedes tener un sentimiento (emoción) sin antes haber experimentado un pensamiento. Sin el cerebro desaparece tu capacidad de "sentir". Un sentimiento es una reacción física a un pensamiento. Si lloras, o te sonrojas, te late más fuerte el corazón o te sucede cualquiera de las posibles reacciones emocionales de la interminable lista de posibilidades, quiere decir que primero has recibido una señal desde el centro del pensamiento. Cuando el centro del pensamiento de tu mente está dañado o ha sufrido un cortocircuito, no sientes emociones, no puedes sentirlas. Con cierto tipo de lesiones en el cerebro no se siente ni el dolor físico, literalmente tu mano puede quedar completamente achicharrada y frita al fuego y tú no sentir ninguna sensación de dolor.

Tú sabes que no puedes neutralizar tu centro del pensamiento y al mismo tiempo experimentar cualquier sensación en tu cuerpo. No es posible. Así tu premisa menor se apoya en una verdad. Todas tus sensaciones te llegan precedidas por un pensamiento, y sin la función el cerebro no puedes experimentar sensaciones. La conclusión del silogismo es también ineludible. Si tú controlas tus pensamientos, y tus sensaciones y sentimientos provienen de tus pensamientos, entonces eres capaz de controlar tus propios sentimientos y sensaciones. Y puedes controlar tus sentimientos elaborando los pensamientos que los precedieron. Para simplificar podemos decir que tú crees que son las cosas o la gente los que te hacen infeliz, pero esto no es correcto. Eres tú el responsable de tu desgracia porque son tus pensamientos respecto a las cosas y a la gente que hay en tu vida los que te hacen infeliz. Para llegar a ser una persona libre y sana tienes que aprender a pensar de forma diferente. Cuando hayas logrado modificar tus pensamientos, entonces empezarán a surgir tus nuevos sentimientos y habrás dado el primer paso en el camino hacia tu libertad personal.

Consideremos el silogismo de una manera más personal tomando el caso de Cal, un joven ejecutivo que se pasa la mayor parte del tiempo preocupado y sufriendo porque su jefe piensa que es tonto. Cal es muy infeliz porque su jefe tiene una opinión muy pobre de él. Pero si Cal no supiera que su jefe piensa que él es tonto, ¿sería igualmente infeliz? Por supuesto que no. ¿Cómo podría sentirse desgraciado por algo que ignora? O sea, que lo que cree o deja de creer su jefe no es lo que lo hace infeliz. Lo que Cal cree es lo que lo hace infeliz. Más aún, Cal es responsable de su propia infelicidad al convencerse a sí mismo de que lo que otra persona piensa es más importante que lo que él mismo piensa.

Esta misma lógica es aplicable a todos los acontecimientos, cosas y puntos de vista de las personas. La muerte de alguien no es lo que te apena; hasta enterarte no puedes haberte apenado, así que no es la muerte la causa de tu pena sino lo que tú te dices respecto a ese hecho. Los huracanes no son deprimentes por sí mismos; la depresión es algo exclusivamente humano. Si te sientes deprimido a causa de un huracán es que te estás diciendo a ti mismo cosas que te deprimen respecto al huracán.

Esto no quiere decir que te debas engañar diciéndote cosas que te hagan disfrutar del huracán, sino que más bien te preguntes a ti mismo: "¿Por qué voy a escoger la depresión? ¿Acaso deprimirme me ayudará a enfrentarme con el hecho del huracán de una manera más eficiente?".

Has crecido y te has desarrollado en un ambiente cultural que te ha enseñado que no eres responsable de tus sentimientos y sensaciones, aunque la verdad silogística te demuestre que siempre lo fuiste. Has aprendido una cantidad de dichos para defenderte del hecho de que eres tú el que controla tus sentimientos. He aquí una pequeña lista de frases hechas que has usado una y otra vez. Examina los mensajes que envían estas frases.

- "Me ofendes."
- "Me haces sentirme mal."
- "No puedo evitar sentir lo que siento."
- "Simplemente estoy enfadado, no me pidas que te explique por qué."
- "Esa persona me enferma."
- "Tengo miedo a las alturas."
- "Me avergüenzas."
- "Me acelero cuando ella está cerca de mí."
- "Me haces hacer el tonto en público."

Esta lista podría seguir interminablemente. Cada frase contiene dentro de sí misma un mensaje que anuncia que no eres responsable de lo que sientes. Ahora vuelve a escribir la lista correctamente, o sea, de manera que refleje que eres tú quien controla lo que sientes y que tus sentimientos y sensaciones provienen de los pensamientos que tienes respecto a cualquier cosa.

- "Me ofendí por las cosas que me dije a mí mismo respecto a cómo reaccionaste tú ante mí."
- "Me hice sentirme mal.
- "Puedo evitar sentir lo que siento, pero he escogido estar enfadado."
- "He decidido sentirme enfadado porque generalmente puedo manipular a los demás con mi enfado puesto que ellos piensan que yo los controlo."
- "Yo me enfermo a mí mismo."
- "Yo me asusto a mí mismo en las alturas."
- "Yo me avergüenzo de mí mismo."
- "Yo me excito cuando estoy cerca de ella."
- "Yo hago el tonto por tomar más en serio tus opiniones respecto a mí mismo que las mías propias, y por creer que los demás hacen lo mismo."

Quizá tú crees que los dichos de la Lista 1 son simplemente figuras retóricas que se han convertido en clichés que se usan en nuestro ambiente cultural y que no tienen mayor significado. Pero si es así como piensas entonces pregúntate a ti mismo por qué las frases de la Lista 2 no se han convertido en clichés. La respuesta está en la influencia de nuestro ambiente cultural sobre nuestro pensamiento que nos enseña a pensar como la Lista 1 y nos aleja de la lógica de la Lista 2.

El mensaje es claro como el cristal. Eres tú el responsable de lo que sientes. Sientes lo que piensas, y puedes aprender a pensar diferentemente sobre cualquier cosa, si decides hacerlo. Pregúntate a ti mismo si vale la pena, si te compensa ser infeliz, estar deprimido o sentirte herido u ofendido. Entonces examina, profundamente, el tipo de pensamientos que te están llevando hacia estos sentimientos de debilidad.

sábado, 4 de agosto de 2012

EL AMOR DESVINCULADO O INDIFERENTE

Tomado del libro Amores Altamente Peligrosos Escrito por WALTER RISO    

“El peor pecado contra el prójimo no consiste en odiarlo, sino en mirarlo con indiferencia. Esta es la esencia de la humanidad”.  Bernard Shaw

La indiferencia del esquizoide es mortal porque no tiene su origen en el ego, ni en la lucha por la supervivencia del más apto, sino en una desvinculación esencial: la ausencia emocional sin más razón que  la ausencia misma.
La Territorialidad impenetrable del ermitaño afectivo
La estrategia principal del esquizoide es crear un territorio cerrado, afectivo y físico, para evitar que la gente traspase ese espacio de reserva personal y le quite la movilidad que requiere. Este afán por la libertad, hará que cualquier intento por establecer un contacto íntimo sea percibido como amenazante.

La propuesta del estilo esquizoide es inaceptable porque rompe con la estructura ética del amor, al desconocer la importancia de la
philia (amistad) y el ágape (compasión). Los siguientes esquemas muestran la complejidad de esta manera de relacionarse: “Mi autonomía no es negociable” (culto a la libertad), “No comprendo tus sentimientos y emociones” (analfabetismo emocional) y “Puedo vivir sin tu amor” (autosuficiencia afectiva).
“Mi autonomía no es negociable”. Nadie niega que la autonomía sea un valor imprescindible para el crecimiento psicológico y emocional. Sin embargo, una cosa es la independencia razonable y otra distinta la adicción al desapego. El esquizoide busca en la soledad un refugio para su existencia y hace que la independencia se convierta en aislamiento, reclusión e incomunicación. Este repliegue estratégico responde a la visión negativa que posee de los demás y a la idea de que el amor es una forma de esclavitud. Querer a un esquizoide es como abrazar la nada.

¿Cuál sería la mejor pareja para un esquizoide? Quizás otro esquizoide, aunque es probable que al poco tiempo ambos se aburran y busquen a alguien menos escurridizo que los inserte de tanto en tanto en la vida real. Otra opción es las relaciones por internet, distantes pero aparentemente próximas, no comprometidas y juguetonas, donde la comunicación se maneja a millones de años luz, así puedan verse en las pantallas.


“No comprendo tus sentimientos y emociones”.
Como ya dije, los esquizoides sufren de cierto analfabetismo emocional y falta de empatía. Más concretamente, les cuesta leer lo que el otro está sintiendo. La gran mayoría de esquizoides sufren de una enfermedad psicológica llamada alexitimia, que consiste en la incapacidad de procesar información emocional y/o afectiva, propia o ajena.

Quizás el amor desvinculado no sea amor en lo absoluto. No sabemos a ciencia cierta qué ocurre en la mente de un sujeto esquizoide y si esa mezcla difusa de sensaciones y percepciones enredadas configuren un patrón afectivo o algo que se le parezca. De todas maneras, no es consuelo ni justificación: la indiferencia es una tortura que mata en cámara lenta.


“Podría prescindir de tu amor fácilmente”.
La indiferencia radical es profundamente destructiva para alguien que espera ser amado o amada. No es lo mismo afirmar: “Me dolería perderte porque te amo, pero aun así, sobreviviría a tu ausencia”, a decir, por ejemplo: “Me da lo mismo estar contigo, que sin ti”.

En las parejas también existe una lucha por el poder, y el “poder afectivo” lo posee quien necesita menos al otro. Si puedes prescindir de ti más fácil de lo que tú puedes prescindir de mí, tengo una desventaja a mi favor. Como se utilice este poder, es otra cuestión. Pues bien, en esto de darse de baja en la relación, el esquizoide lleva sin lugar a dudas la delantera: no ruega por amor, pude muy poco o nada, no suplica, no sugiere y no colabora para que la relación mejore.

¿Por qué nos enganchamos en una relación esquizoide?
La conquista como un reto
Al comienzo de la relación, el sujeto esquizoide no se parece en nada a un agujero negro y nadie sospecha de su incapacidad de entregar y recibir afecto. La impresión que suele causar durante la conquista es que son personas respetuosas y algo misteriosas, lo que atrae sin duda a los pretendientes de turno.

Solo estando enamorados, se puede sentir a plenitud el rechazo y la frialdad del ermitaño afectivo: esa es la cruel paradoja. Todo pinta bien para echarnos al ruedo, pero, de pronto, al pisar la arena, inexplicablemente los toros salen de la nada y nos embisten. Cuando nos retiramos del sitio, lo animales simplemente se esfuman, y si entramos nuevamente al ruedo, vuelven a aparecer. Esa es la trampa, esa es la pesadilla: el amor está justo en el centro de la plaza.


En mi experiencia clínica, he detectado, al menos dos esquemas que hacen a las personas especialmente vulnerables a los encantos esquizoides: “Necesito a alguien que respete mis espacios” y “Necesito que la conquista sea un reto”.


Reserva personal/independencia: “Necesito a alguien que respete mis espacios”.
Cada vez más personas asumen que una buena relación es aquella donde cada quien puede moverse libremente. El miedo a que nuestra libertad se vea restringida crece cada vez más en un mundo globalizado y “yóico”. La consigna “te quiero, pero también me quiero a mí mismo” está muy arraigada en la gente joven que ya no ve el amor como fuente de esclavitud o sacrificio, sino como una forma de intercambio democrático. Partiendo de la premisa anterior, surge la pregunta: ¿Qué impresión causará el estilo esquizoide a una persona posmoderna que ama su libertad y la defiende? Posiblemente considere que está frente a su alma gemela y no perciba el verdadero mensaje del esquizoide: “No me meto en tu mundo privado, para que no te metas en el mío”. Para que una relación funcione bien, no es suficiente que respeten nuestros espacios; también necesitamos que nos quieran a rabiar, que nos mimen y que nos “invadan”, de tanto en tanto, con el beneplácito del deseo.

Desafío como motivación: “Necesito que la conquista sea un reto”.
Este esquema lo he visto funcionar primordialmente en mujeres, a quienes les seduce el reto de las conquistas difíciles. Su dinámica es como sigue: los hombres lejanos, que no muestran interés por ellas o que ignoran sus atractivos, se convierten automáticamente en un desafío para su autoestima y valoración personal. Es como tasarse a sí mismas. El pensamiento que las mueve es principalmente egocéntrico: “Cómo se atreve a ignorarme!”. Lo saludable no está en enamorarse de un jeroglífico ambulante, sino en conocer a la pareja en lo fundamental y tener un pacto transparente. La gente interesante es la que aporta, no la que se esconde.
Estrategias de supervivencia afectiva
1. Aceptar la indiferencia como un modo de vida e intentar transformarse en esquizoide. Esta metamorfosis no es fácil de lograr, porque no se hace esquizoide el que quiere, sino el que puede. De todas maneras, los que deciden transformarse no pasan de ejecutar un papel superficial, porque, en lo más profundo, siguen añorando un amor completo y saludable, así intenten disimularlo. Los comportamientos más representativos de esta actitud son:

• Volverse afectivamente indiferente o distante

• Modificar, sublimar y/o reprimir las necesidades sexuales
• Frenar opiniones y expresiones de afecto que podrían incomodar al otro.
• Tener una vida social de pareja pobre o nula
• Hacer de la soledad una forma de vida
• No esperar nada del otro
2. No dejarse arrastrar por la frialdad afectiva y reclamar un amor completo. Si bien esta estrategia es muy utilizada por las parejas de los sujetos esquizoides, la confrontación, tarde que temprano, llevará a una exigencia amorosa sin sentido. El amor no se obliga. Veamos algunos de los comportamientos que definen esta actitud:

• No renunciar a las emociones y dejar claro que debe haber una modificación en la manera de relacionarse

• No aceptar el aislamiento extremo o el distanciamiento conductual.
• Exigir que haya más compromiso, más implicación en la vida común, que se sienta la participación activa del otro.
• Mejorar las relaciones sexuales y el erotismo
• Comunicarse más y mejor.
Cómo reconocer el estilo esquizoide antes de enamorarse
La alexitimia no puede disimularse fácilmente. La inexpresividad verbal y gestual, así como la poca vida interior que los caracteriza, no pasarán desapercibidos. Pero donde el estilo esquizoide se hace más evidente es cuando se enfrentan con temas como el amor, la amistad, la pasión, las fantasías y la compasión. Es decir, aquellas cuestiones donde el factor humano y la sensibilidad cobran más fuerza. Algunas de las siguientes pautas pueden servirte como guía:

• No disfrutará mucho de las relaciones íntimas. Las aceptará a regañadientes, siempre y cuando no haya compromiso.

• Sentirás que debes tomar la iniciativa en todo y casi siempre, pero su desidia no estará motivada por intenciones subversivas, simplemente, “le dará lo mismo” porque nada le produce entusiasmo.
• Será una persona solitaria con pocos amigos y una historia afectiva muy pobre.
• Te dará la impresión de estar frente a una persona inmune a las críticas o las alabanzas de los demás.
Cuando la persona esquizoide/ermitaña eres tú: algunas consideraciones
Si revisas tu historia personal, es posible que te hayas criado en una atmósfera familiar exageradamente formal, rígida y reservada, que provocó en ti una lejanía afectiva con la gente, una manera desvinculada de relacionarte. Me refiero más a una familia afectivamente fría y distante, con problemas de comunicación.

Estoy contigo en que la gente tiene el derecho a ser ermitaña e irse a vivir a una cueva perdida en la montaña. Querer estar solo es una opción de vida respetable; lo que es difícil de aceptar es que arrastres contigo a otra persona, prometiendo un amor que no eres capaz de dar ni recibir. Autonomía y amor no son incompatibles. Acepto que muchas personas son demandantes, absorbentes o emocionalmente dependientes, pero exageras cuando generalizas estas características a todo el mundo. ¿Qué te falta? Ternura, sensibilidad por el otro, vida interior. Fromm decía:
“El amor es una fuerza propia del ser humano, mediante la cual se pone en relación con el mundo y hace de este su mundo”.