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martes, 20 de marzo de 2012

PORQUE NOS ENAMORAMOS DEL HOMBRE EQUIVOCAD0

Tomado del libro Las Mujeres que Aman Demasiado, escrito por Robin Norwood
 
¿Cómo hacen las mujeres que aman demasiado para encontrar a los hombres con quienes pueden continuar los patrones perjudiciales de relación que desarrollan en la niñez? ¿Cómo, por ejemplo, hace la mujer cuyo padre nunca estuvo emocionalmente presente para encontrar un hombre cuya atención ella busca constantemente pero no puede ganar? ¿Cómo es que la mujer que proviene de un hogar violento se las ingenia para formar pareja con un hombre que la golpea? ¿Cómo es que la mujer que se crio en un hogar alcohólico encuentra un hombre que ya padece o pronto desarrollará la enfermedad del alcoholismo? ¿Cómo hace la mujer cuya madre siempre dependió de ella emocionalmente para encontrar un esposo que necesita que ella lo cuide?

De todas las posibles parejas que encuentran, ¿cuáles son los indicios que llevan a estas mujeres hacia los hombres con quienes pueden continuar el baile que conocen tan bien desde la niñez? ¿Y cómo reaccionan (o no reaccionan) cuando se encuentran con un hombre cuya conducta es más sana y menos necesitada, inmadura o abusiva de lo que están acostumbradas, cuyo estilo de baile no concuerda tan bien con el de ellas?

En el área de la terapia hay un viejo cliché que dice que la gente a menudo se casa con alguien que es igual a la madre o al padre con quien lucharon mientras crecían. Este concepto no es absolutamente acertado. No es tan cierto que la pareja que elegimos sea igual a mamá o a papá, sino que con esa pareja podemos sentir lo mismo y enfrentar los mismos desafíos que encontramos al crecer: podemos repetir la atmósfera de niñez que ya conocemos tan bien, y utilizar las mismas maniobras en las que ya tenemos tanta práctica. Esto es lo que, para la mayoría dé nosotras, constituye el amor. Nos sentimos en casa, cómodas, exquisitamente "bien" con la persona con quien podemos hacer todos nuestros movimientos conocidos y experimentar todos nuestros sentimientos conocidos. Aun cuando los movimientos nunca hayan dado resultado y los sentimientos resulten incómodos, son lo que conocemos mejor.

Cuando una mujer cree que inexplicablemente "tuvo que casarse" con cierto hombre, alguien a quien jamás habría elegido deliberadamente como esposo, resulta imperativo que ella examine por qué eligió una relación íntima con ese hombre en particular, por qué corrió el riesgo de quedar embarazada de él. Del mismo modo, cuando una mujer afirma que se casó por capricho, o que era demasiado joven para saber lo que hacía, o que no estaba del todo en sus cabales y no podía tomar una decisión responsable, éstas también son excusas que merecen un análisis más profundo. En realidad ella sí eligió, aunque en forma inconsciente, y a menudo con gran conocimiento sobre su futura pareja aun desde el principio. Negar esto es negar responsabilidad por nuestras decisiones y nuestra vida, y tal negación impide la recuperación.

Pero ¿cómo lo hacemos? ¿Cuál es exactamente el misterioso proceso, la fascinación indefinible que enciende la chispa entre una mujer que ama demasiado y el hombre que la atrae? Si replanteamos la pregunta en otra forma -¿Qué señales se encienden entre una mujer que necesita ser necesitada y un hombre que busca a alguien que asuma la responsabilidad por él? ¿O entre una mujer que es extremadamente sacrificada y un hombre extremadamente egoísta? ¿O entre una mujer que se define como víctima y un hombre cuya identidad se basa en el poder y la agresión? ¿O una mujer que necesita controlar y un hombre que es inadecuado?-, entonces el proceso comienza a perder parte de su misterio. Porque hay señales definidas, indicios que son enviados y registrados por cada uno de los participantes del baile.

Cabe recordar que en cada mujer que ama demasiado hay dos factores en juego: 1) el hecho de que sus patrones conocidos concuerden con los de él como una llave en una cerradura; y 2) el impulso de recrear y vencer los patrones dolorosos del pasado. Echemos un vistazo a los primeros pasos vacilantes de ese dúo que informa a cada integrante que allí hay alguien con quien va a funcionar, a encajar bien, a sentirse bien.
La siguiente historia ilustra con claridad el intercambio casi subliminal de información que tiene lugar entre una mujer que ama demasiado y el hombre que la atrae, un intercambio que de inmediato establece la escena para el patrón de su relación, de su danza, de allí en adelante.

PEGGY: criada por una abuela hipercrítica y una madre que no la apoyaba emocionalmente; ahora está divorciada y tiene dos hijas.
Nunca conocí a mi padre. El y mi madre se separaron antes de que yo naciera, y mi madre salió a trabajar para mantenemos mientras su madre se encargaba de nosotras en casa.

Eso no parece tan malo, pero lo fue. Mi abuela era una mujer inmensamente cruel. No nos pegaba, a mi hermana y a mí, tanto como nos lastimaba con sus palabras, todos los días. Nos decía lo malas que éramos, todos los problemas que le causábamos, que éramos "buenas para nada”... ésa era una de sus frases preferidas. Lo irónico era que todas sus críticas sólo hacían que mi hermana y yo nos esforzáramos más por ser buenas, por valer la pena. Mi madre nunca nos protegía de ella. Mamá tenía demasiado miedo de que la abuela se marchara y de que ella no pudiera ir a trabajar porque no habría nadie para cuidamos. Por eso simplemente hacía la vista gorda cuando la abuela abusaba de nosotras.

Crecí sintiéndome muy sola, desamparada, temerosa e indigna, tratando todo el tiempo de compensar el hecho de ser una carga. Recuerdo que solía tratar de arreglar las cosas que se rompían en casa, para ahorrar dinero y, de alguna manera, ganarme la vida. Crecí y me casé a los dieciocho años porque estaba embarazada. Me sentí pésimamente desde el comienzo. El me criticaba todo el tiempo. Al principio lo hacía con sutileza, pero luego era más salvaje. En realidad, yo sabía que no estaba enamorada de él, y me casé de todos modos. No creía tener otra alternativa. Fue un matrimonio de quince años, porque tardé todo ese tiempo en llegar a creer que él hecho de sentirme pésimamente era razón suficiente para el divorcio. Salí de ese matrimonio desesperada por encontrar a alguien que me amara pero, al mismo tiempo, sentía que era indigna y que era una fracasada, y estaba segura de que no tenía nada que ofrecer a un hombre bueno y amable.

La noche que conocí a Baird, era absolutamente la primera vez que salía a bailar sin pareja. Mi amiga y yo habíamos ido de compras. Ella se compró un atuendo completo -pantalones, blusa, zapatos nuevos- y quería ponérselos y salir. Entonces fuimos a una discoteca de la que ambas habíamos oído hablar. Algunos hombres de negocios que no eran de la ciudad nos invitaron con unos tragos y bailaron con nosotras, y estaba bien... algo amistoso, pero no excitante. Entonces vi a ese sujeto junto a la pared. Era muy alto, muy delgado, estaba increíblemente bien vestido y era muy buen mozo. Recuerdo que me dije: "Ese es el hombre más elegante y arrogante que yo haya visto." Y luego: " ¡Apuesto a que podría entusiasmarlo!"

Incidentalmente, aún recuerdo el momento en que conocí a mi primer marido. Estábamos en la escuela secundaria y él estaba recostado contra la pared en lugar de estar en clase, y entonces me dije: "Parece bastante alocado. Apuesto a que yo podría ponerle los pies sobre la tierra." ¿Lo ve? Yo siempre estaba tratando de arreglar las cosas. Bueno, me dirigí a Baird y lo invité a bailar. Se sorprendió mucho y creo que también se sintió un poco halagado.

Me dijo: "Tienes mi número de teléfono en tu persona." Yo no sabía de qué hablaba. Extendió la mano y sacó su tarjeta del bolsillo del suéter que yo tenía puesto. Era de ésos que tienen un bolsillo grande en la parte delantera, y él había puesto su tarjeta allí la segunda vez que volvimos a la pista de baile. Yo estaba asombrada. No me había dado cuenta de que lo había hecho. Y me encantaba saber que aquel hombre apuesto se había tomado ese trabajo. Bueno, yo también le di mi tarjeta.

Me llamó unos días más tarde y fuimos a almorzar. Me miró con cierta desaprobación cuando llegué. Mi automóvil era un poco viejo y de inmediato me sentí inadecuada... y luego aliviada al ver que, de todos modos, almorzaría conmigo. Estaba muy tieso y frío, y decidí que me correspondía a mí hacerlo sentir cómodo, como si de alguna manera la culpa fuese mía. Sus padres irían a visitarlo en la ciudad y no se llevaba bien con ellos. Recitó una larga lista de reproches contra ellos, que a mí no me parecieron tan graves, pero traté de escucharlo con compasión. Salí de ese almuerzo pensando que no tenía nada en común con él. No la había pasado bien. Me había sentido incómoda y fuera de equilibrio. Cuando me llamó dos días después y volvió a invitarme a salir, me sentí aliviada. Si él lo había pasado lo suficientemente bien para invitarme otra vez, entonces todo estaba bien.

En realidad, nunca estuvimos bien juntos. Siempre había algo que andaba mal y yo trataba de enmendarlo. Me sentía muy tensa con él y los únicos buenos momentos eran cuando la tensión disminuía un poco. Esa leve disminución de la tensión pasaba por felicidad. Pero de alguna manera aún me atraía poderosamente. Sé que parece una locura, pero llegué a casarme con ese hombre sin que siquiera me agradara. El quebró la relación varias veces antes de casarnos, diciendo que conmigo no podía ser tal como era él. No puedo decir lo devastador que era aquello. Yo le rogaba que me dijera qué necesitaba que yo hiciera para sentirse más cómodo. El sólo respondía: "Tú sabes lo que tienes que hacer." Pero yo no lo sabía. Casi me volví loca tratando de adivinarlo. De todos modos, el matrimonio duró apenas dos meses. El se marchó para siempre después de decirme lo infeliz que yo lo hacía, y nunca volví a verlo, salvo una que otra vez por la calle. Siempre finge que no me conoce.

No sé cómo transmitir lo obsesionada que estaba con él. Cada vez que me dejaba me sentía más atraída hacia él, no menos. Y cuando él volvía me decía que quería lo que yo tenía para ofrecerle. Para mí no había nada como eso en todo el mundo. Lo abrazaba y él lloraba y decía que había sido un tonto. Ese tipo de escenas duraban una sola noche, y después todo comenzaba a desintegrarse otra vez, y yo trataba con todas mis fuerzas de hacerlo feliz, para que no volviera a marcharse. Cuando decidió terminar con el matrimonio, yo apenas funcionaba. Era incapaz de trabajar o de hacer algo que no fuera sentarme, mecerme hacia adelante y atrás y llorar. Me sentía como si estuviera muriendo. Tuve que buscar ayuda para no volver a llamarlo, porque ansiaba que todo se solucionara, pero sabía que no podría sobrevivir a otra vuelta en ese carrusel.

La atracción de Peggy hacia Baird. Peggy no sabía nada acerca del hecho de ser amada, y al haber crecido sin padre, tampoco sabía virtualmente nada sobre los hombres, menos aun sobre los hombres amables y cariñosos. Pero sí sabía mucho, por su niñez con su abuela, sobre el hecho de verse rechazada y criticada por alguien muy insano. También sabía esforzarse al máximo por ganar el amor de una madre que no podía, por "Sus propios motivos, dar amor, ni siquiera protección. Su primer matrimonio ocurrió porque ella se permitió intimar con un joven que la criticaba y la condenaba, y por quien sentía poco afecto. El sexo con él era más una lucha por ganar su aceptación que una expresión de su afecto por él. Un matrimonio de quince años con ese hombre la dejó aun más convencida de su indignidad inherente.

Tan fuerte era su necesidad de repetir el ambiente hostil de su niñez y continuar su lucha por ganar el amor de aquellos que no podían darlo que cuando conoció a un hombre que le pareció frío, distante e indiferente, de inmediato se sintió atraída hacia él. Había allí otra oportunidad de convertir a una persona desamorada en alguien que finalmente la amara. Una vez que se comprometieron, las pocas alusiones de él al hecho de que Peggy estaba progresando en sus intentos de enseñarle a amarla la capacitaban para seguir intentándolo a pesar de la destrucción de su propia vida. Su necesidad de cambiarlo (y también a su madre y a su abuela, a quienes él representaba) era así de fuerte.

Una vez iniciadas, ¿por qué resulta tan difícil poner fin a estas relaciones, dejar a esa persona que nos está arrastrando por todos los pasos dolorosos de esa danza destructiva? Hay una regla empírica que dice así: cuanto más difícil es poner fin a una relación que es mala para nosotros, más elementos de nuestra lucha infantil contiene. Cuando amamos demasiado, es porque tratamos de vencer los viejos miedos, enojos, frustraciones y dolores de la niñez, y darse por vencido es renunciar a una valiosísima oportunidad de encontrar alivio y de rectificar lo que hemos hecho mal.

Si bien éstos son los fundamentos psicológicos inconscientes que explican nuestro impulso de estar con él a pesar del dolor, hacen poca justicia a la intensidad de nuestra experiencia consciente. Sería difícil exagerar la pura carga emocional que este tipo de relación, una vez iniciada, acarrea para la mujer involucrada. Cuando ella intenta separarse de la relación con el hombre a quien ama demasiado, siente como si miles de voltios de energía dolorosa fluyeran a toda velocidad y salieran por los extremos cercenados de los mismos. La antigua sensación de vacío renace y se arremolina a su alrededor, arrastrándola hacia el lugar donde aún pervive su terror infantil a estar sola, y ella está segura de que se ahogará en el dolor.

Esta clase de carga -las chispas, la atracción, el impulso de estar con esa otra persona y de hacer que la relación funcione- no está presente en la misma medida en las relaciones más saludables y satisfactorias, porque no representan todas las posibilidades de saldar viejas cuentas y de prevalecer sobre lo que una vez fue abrumador. Esta emocionante posibilidad de rectificar viejos errores, de recuperar el amor perdido y de ganar una aprobación reprimida es lo que, para las mujeres que aman demasiado, constituye la atracción inconsciente que subyace al hecho de enamorarse.

Es también por eso que, cuando entran en nuestra vida hombres que se interesan por nuestro bienestar, nuestra felicidad y nuestra realización personal, y que presentan la verdadera posibilidad de una relación sana, por lo general no nos interesan. Y no nos equivoquemos; esa clase de hombres sí entran en nuestra vida. Cada una de mis pacientes que ha amado demasiado ha podido recordar por lo menos a uno, y a menudo a varios hombres a quienes describieron como "realmente agradables... tan amables... de verdad se preocupaban por mí..." Entonces, por lo general, viene la sonrisa irónica y la pregunta: "¿Por qué no me quedé con él?" A menudo ella es capaz de responder su propia pregunta enseguida: "Por alguna razón nunca me entusiasmó tanto. Supongo que era demasiado agradable, ¿no?"

Una mujer con antecedentes más saludables tiene reacciones y, por consiguiente, relaciones, que son muy distintas, porque la lucha y el sufrimiento no le resultan tan familiares, no integran en tanta medida su historia y, por lo tanto, no son cómodos para ella. Si el hecho de estar con un hombre hace que se sienta incómoda, herida, preocupada, decepcionada, enfadada, celosa, o le provoca algún otro tipo de perturbación emocional, ella lo experimentará como desagradable y aversivo, algo que debe evitar en lugar de insistir. Por otro lado, sí insistirá con una relación que le ofrezca cariño, consuelo y compañerismo porque eso la hace sentir bien. Se podría decir, sin temor a equivocarse, que la atracción entre dos personas que tienen la capacidad de crear una relación gratificante sobre la base de un intercambio de respuestas sanas, si bien puede ser fuerte y excitante, nunca es tan apremiante como la atracción entre una mujer que ama demasiado y el hombre con quien puede "bailar".
 

domingo, 18 de marzo de 2012

LA ASERTIVIDAD: LA REINA EN EL AJEDREZ LABORAL


Se dice que el ajedrez, es un juego de ingenio, donde el azar no interviene en absoluto y que requiere un importante esfuerzo intelectual. El juego, simboliza la guerra. Las reglas y principios básicos del ajedrez son fáciles de dominar, pero las sutilezas del juego exigen un estudio en profundidad y un alto grado de concentración.
Si comparamos el ajedrez con la vida laboral lograremos detectar muchas similitudes interesantes, el uso del ingenio para sobrevivir en la vida laboral es una, donde nuestra astucia para tomar las decisiones correctas darán los resultados deseados, por otro lado se requiere de un esfuerzo intelectual sea cual sea nuestra tarea, donde cada decisión que tomemos o respuesta que demos repercutirá en nuestro desempeño y labor, por lo tanto el azar queda descartado.
Como jugador en el mundo laboral estamos en una constante guerra contra los retos diarios, depende de que tan bien usemos las piezas con que disponemos para salir victoriosos de ellos. El mundo laboral como el ajedrez posee sus propias reglas y principios, los podemos conocer y hasta dominar, pero para triunfar se necesita estudiar cada reto con profundidad y un alto grado de concentración, para detectar en que momentos usar cada pieza y hacerle a nuestros problemas jaque mate.
Para logra el jaque mate, se necesitan de piezas claves como:
·   Los conocimientos (los peones): usados para abrirse paso en el mundo laboral, son nuestro primer frente de ataque ante los problemas.
·   El Carácter (La torre): Debe ser fuerte, pero flexible, tener bases fundamentadas en el respeto y en la confianza.
·   La Personalidad (El caballo): Puede situarse sobre cualquier pieza, ya que es la firma de cada jugador y lo distingue de cualquier otro, pues cada pieza se maneja con respecto al tipo de personalidad de cada trabajador, acompañado a la torre (el carácter), forman y definen a cada individuo.
·   La autoestima (El alfil): Importante tanto en defensa como en ataque, ante los fracasos es útil para reponerse, contra los problemas, pieza importante para solucionarlos.
·   La confianza (El rey): En la retaguardia espera, es el apoyo para todo el ejercito, si cae todo esta perdido, si se pone en jaque, se deben utilizar las demás piezas y protegerla, en el mundo laboral los que desean dañarnos es a la pieza que mas atacan.
·   La asertividad (la reina): La más valiosa de todas las piezas, aunque no se puede ganar el juego solo con ella, si se utiliza en armonía con las demás piezas, es letal para confrontar los retos del ajedrez laboral. Es capaz de moverse para todas direcciones, utilizando su versatilidad, no importa el tipo de problema que se presente con su ilimitada movilidad arrasa con las adversidades, al usarla se escala no solo a la victoria laboral, sino personal, haciéndole el jaque mate a nuestra falta de valor y así para dar a conocer nuestros derechos como individuos.
 
ALGUNAS ESTRATEGIAS PARA HACER MÁS EFICACES LAS RESPUESTAS ASERTIVAS:
Tener un buen concepto de sí mismo.  Mucha gente no es asertiva porque carece de autoestima.  Es importante recordarse a sí mismo que se es tan importante como los demás y tomar en serio las propias necesidades.
Planificar los mensajes. Conseguir que todos los hechos y puntos estén aclarados con antelación, confeccionando notas de referencia si la situación lo permite. Esto ahorra tiempo, produce confianza y puede disminuir la intimidación por parte de los demás.
Ser educado. Enfadarse provoca confusión en uno mismo y hace que los demás vean al individuo débil, histérico y con una baja credibilidad. Hay que recordar que se deben tomar en consideración los puntos de vista de los demás y comunicarles que se entiende su punto de vista. Negar o ser testarudo no suele funcionar a largo plazo. Es mejor guardar la calma y educada, pero firmemente, exponer la opinión propia.
Guardar las disculpas para cuando sean necesarias. No se debe pedir excusas, a menos que sea necesario hacerlo. Si se reservan las disculpas para cuando sean apropiadas, no se disminuirá ni su valor ni el propio, y los demás tomarán al individuo en serio para otros asuntos.
No arrinconar a los demás. El hecho de hacer esto habitualmente provocará cólera y resentimiento, lo cual siempre dificulta las relaciones. Si uno se quiere asegurar la cooperación de los demás, siempre se les debe proporcionar, cuando sea posible, una salida (con suerte, la salida que uno desea) y se deben esbozar las consecuencias constructivas de tal alternativa para los demás y para uno mismo.
Nunca recurrir a las amenazas. Si se responde a cualquier injusticia con fuertes amenazas, la credibilidad y la cooperación que se pretenden desaparecerán. Una afirmación tranquila de los pasos que se está dispuesto a seguir es mucho más eficaz. También si se afirma que se seguirán una serie de pasos, hay que asegurarse de hacerlo, para que así las respuestas de uno sean tomadas en serio en el futuro.
Aceptar la derrota cuando sea necesario. La aserción comporta comprensión cuando las acciones subsiguientes no son constructivas, aceptando la derrota con elegancia, en buenos términos con el otro. Los malos sentimientos saldrán más tarde. Si se le ve aceptar situaciones cortésmente tras una discusión, la gente le respetará más. A nadie le gusta ser un mal perdedor.

EJEMPLOS DE SITUACIONES PARA USAR LA ASERTIVIDAD EN EL TRABAJO.
1) Un compañero de trabajo le da constantemente su trabajo para que Ud. Lo haga. Usted decide terminar con esta situación. Su compañero acaba de pedirle que haga algo de su trabajo. Usted le contesta:
1. Estoy bastante ocupado. Pero si no consigues hacerlo, te puedo ayudar. CONDUCTA PASIVA.
2. Olvídalo. Casi no queda tiempo para hacerlo. Me tratas como a un esclavo. Eres un desconsiderado. CONDUCTA AGRESIVA.
3. No, Pepe/Ana. No voy a hacer nada más de tu trabajo. Estoy cansado de hacer, además de mi trabajo, el tuyo. CONDUCTA ASERTIVA.
Se pueden usar cualquiera de las técnicas para decir "no ", como la del disco rayado, o el banco de niebla.
2) Al conseguir un nuevo empleo, se desea conocer a los compañeros de trabajo, y para lograr se puede:
·  Esperar a que ellos se presenten. CONDUCTA PASIVA.
·   Mostrar indiferencia y hacerse el duro. CONDUCTA AGRESIVA.
·   Presentarse con educación y entablar una conversación con cada uno. CONDUCTA ASERTIVA.
3) Uno cree que merece un aumento o promoción y desea pedírselo al jefe, para lograrlo se puede:
·   Exigir sin tacto, y tratar de forzar a que den el aumento. CONDUCTA AGRESIVA
·   Exponer de manera respetuosa las razones por las cuales se cree merecedor del aumento o promoción, si a la primera no se obtienen los resultados deseados, intentarlo de nuevo siempre manteniendo la calma. CONDUCTA ASERTIVA.
CONCLUSIONES
·   La asertividad es una habilidad que consiste en crear las condiciones que permitan conseguir todos y cada uno de estos cuatro objetivos.
·   La falta de asertividad crea fobia social la cual le da a otros una autoridad desmesurada y es excesivamente autoexigente.
·   La práctica correcta de habilidades asertivas puede devolverle el sentimiento de auto eficacia y la integración social
·   La falta de confianza y autoestima es un freno para el desarrollo de la asertividad, las personas que presenta estas dificultades suelen cometer errores de interpretación de la realidad social y / o mantener actitudes excesivamente exigentes consigo mismo y con los demás.
·   Aún en el caso de no obtener la respuesta deseada por parte del interlocutor, una respuesta asertiva siempre producirá los efectos de un trabajo personal bien hecho, entre ellos, el respeto por uno mismo.
·   Todo ser humano tiene derecho a ser quien es y a expresar lo que piensa y siente.  Cuando esto se hace de forma asertiva se asegura el máximo respeto por los demás y por uno mismo.
·   Un estilo asertivo de conducta permite comunicar tranquila y eficazmente cuál es nuestra propia postura y ofrece información sobre cómo nos gustaría que los demás actuasen en un futuro.
·   La persona que practica una conducta asertiva se percibe como auto eficaz al sentirse capaz de hacer aquello que cree y desea hacer. Por todo ello, un estilo asertivo permite conservar una relación de confianza con los otros, y de otro lado, la autoestima.
·   La asertividad puede reforzarse o debilitarse según el desarrollo social
·   Conocernos a nosotros mismos es un paso importante para identificar nuestros problemas y solucionarlos, evaluar nuestra autoestima y confianza es importante para empezar a tener una conducta asertiva tanto con los demás como con nosotros mismos.
·   Quitar el miedo al fracaso en nuestra mente es un paso importante para realizar nuestras labores sin freno ni temor, centrándonos enfáticamente en los objetivos y metas propuestos, esto es tener conducta asertiva
·   En situaciones en que se pone de manifiesto un conflicto de intereses, ocasionar las mínimas consecuencias negativas para uno mismo, para el otro, y para la relación, es muestra de que se esta dominando la asertividad
·   Sería ingenuo pensar que aplicando un estilo asertivo se obtendrán todos los propósitos que uno cree justos.  Lo cierto, es que no todas las personas dirigen su conducta a entenderse con todos y cada uno de los que configuran su círculo social, por lo cual una posición asertiva aunque no dé los resultados deseados dará una ventaja emocional para enfrentar a la gran variedad de personas con las que se interactúan, a su vez se desarrolla el criterio necesario para entenderlas y analizarlas.
·   Hay muchas técnicas para ser asertivo, todo es cuestión de cómo y cuando saber usarlas, se deben manejar las distintas situaciones desde distintos enfoques dependiendo de nuestros intereses para expresarnos sin agredir ni ser agredidos.