domingo, 18 de marzo de 2012

LA ASERTIVIDAD: LA REINA EN EL AJEDREZ LABORAL


Se dice que el ajedrez, es un juego de ingenio, donde el azar no interviene en absoluto y que requiere un importante esfuerzo intelectual. El juego, simboliza la guerra. Las reglas y principios básicos del ajedrez son fáciles de dominar, pero las sutilezas del juego exigen un estudio en profundidad y un alto grado de concentración.
Si comparamos el ajedrez con la vida laboral lograremos detectar muchas similitudes interesantes, el uso del ingenio para sobrevivir en la vida laboral es una, donde nuestra astucia para tomar las decisiones correctas darán los resultados deseados, por otro lado se requiere de un esfuerzo intelectual sea cual sea nuestra tarea, donde cada decisión que tomemos o respuesta que demos repercutirá en nuestro desempeño y labor, por lo tanto el azar queda descartado.
Como jugador en el mundo laboral estamos en una constante guerra contra los retos diarios, depende de que tan bien usemos las piezas con que disponemos para salir victoriosos de ellos. El mundo laboral como el ajedrez posee sus propias reglas y principios, los podemos conocer y hasta dominar, pero para triunfar se necesita estudiar cada reto con profundidad y un alto grado de concentración, para detectar en que momentos usar cada pieza y hacerle a nuestros problemas jaque mate.
Para logra el jaque mate, se necesitan de piezas claves como:
·   Los conocimientos (los peones): usados para abrirse paso en el mundo laboral, son nuestro primer frente de ataque ante los problemas.
·   El Carácter (La torre): Debe ser fuerte, pero flexible, tener bases fundamentadas en el respeto y en la confianza.
·   La Personalidad (El caballo): Puede situarse sobre cualquier pieza, ya que es la firma de cada jugador y lo distingue de cualquier otro, pues cada pieza se maneja con respecto al tipo de personalidad de cada trabajador, acompañado a la torre (el carácter), forman y definen a cada individuo.
·   La autoestima (El alfil): Importante tanto en defensa como en ataque, ante los fracasos es útil para reponerse, contra los problemas, pieza importante para solucionarlos.
·   La confianza (El rey): En la retaguardia espera, es el apoyo para todo el ejercito, si cae todo esta perdido, si se pone en jaque, se deben utilizar las demás piezas y protegerla, en el mundo laboral los que desean dañarnos es a la pieza que mas atacan.
·   La asertividad (la reina): La más valiosa de todas las piezas, aunque no se puede ganar el juego solo con ella, si se utiliza en armonía con las demás piezas, es letal para confrontar los retos del ajedrez laboral. Es capaz de moverse para todas direcciones, utilizando su versatilidad, no importa el tipo de problema que se presente con su ilimitada movilidad arrasa con las adversidades, al usarla se escala no solo a la victoria laboral, sino personal, haciéndole el jaque mate a nuestra falta de valor y así para dar a conocer nuestros derechos como individuos.
 
ALGUNAS ESTRATEGIAS PARA HACER MÁS EFICACES LAS RESPUESTAS ASERTIVAS:
Tener un buen concepto de sí mismo.  Mucha gente no es asertiva porque carece de autoestima.  Es importante recordarse a sí mismo que se es tan importante como los demás y tomar en serio las propias necesidades.
Planificar los mensajes. Conseguir que todos los hechos y puntos estén aclarados con antelación, confeccionando notas de referencia si la situación lo permite. Esto ahorra tiempo, produce confianza y puede disminuir la intimidación por parte de los demás.
Ser educado. Enfadarse provoca confusión en uno mismo y hace que los demás vean al individuo débil, histérico y con una baja credibilidad. Hay que recordar que se deben tomar en consideración los puntos de vista de los demás y comunicarles que se entiende su punto de vista. Negar o ser testarudo no suele funcionar a largo plazo. Es mejor guardar la calma y educada, pero firmemente, exponer la opinión propia.
Guardar las disculpas para cuando sean necesarias. No se debe pedir excusas, a menos que sea necesario hacerlo. Si se reservan las disculpas para cuando sean apropiadas, no se disminuirá ni su valor ni el propio, y los demás tomarán al individuo en serio para otros asuntos.
No arrinconar a los demás. El hecho de hacer esto habitualmente provocará cólera y resentimiento, lo cual siempre dificulta las relaciones. Si uno se quiere asegurar la cooperación de los demás, siempre se les debe proporcionar, cuando sea posible, una salida (con suerte, la salida que uno desea) y se deben esbozar las consecuencias constructivas de tal alternativa para los demás y para uno mismo.
Nunca recurrir a las amenazas. Si se responde a cualquier injusticia con fuertes amenazas, la credibilidad y la cooperación que se pretenden desaparecerán. Una afirmación tranquila de los pasos que se está dispuesto a seguir es mucho más eficaz. También si se afirma que se seguirán una serie de pasos, hay que asegurarse de hacerlo, para que así las respuestas de uno sean tomadas en serio en el futuro.
Aceptar la derrota cuando sea necesario. La aserción comporta comprensión cuando las acciones subsiguientes no son constructivas, aceptando la derrota con elegancia, en buenos términos con el otro. Los malos sentimientos saldrán más tarde. Si se le ve aceptar situaciones cortésmente tras una discusión, la gente le respetará más. A nadie le gusta ser un mal perdedor.

EJEMPLOS DE SITUACIONES PARA USAR LA ASERTIVIDAD EN EL TRABAJO.
1) Un compañero de trabajo le da constantemente su trabajo para que Ud. Lo haga. Usted decide terminar con esta situación. Su compañero acaba de pedirle que haga algo de su trabajo. Usted le contesta:
1. Estoy bastante ocupado. Pero si no consigues hacerlo, te puedo ayudar. CONDUCTA PASIVA.
2. Olvídalo. Casi no queda tiempo para hacerlo. Me tratas como a un esclavo. Eres un desconsiderado. CONDUCTA AGRESIVA.
3. No, Pepe/Ana. No voy a hacer nada más de tu trabajo. Estoy cansado de hacer, además de mi trabajo, el tuyo. CONDUCTA ASERTIVA.
Se pueden usar cualquiera de las técnicas para decir "no ", como la del disco rayado, o el banco de niebla.
2) Al conseguir un nuevo empleo, se desea conocer a los compañeros de trabajo, y para lograr se puede:
·  Esperar a que ellos se presenten. CONDUCTA PASIVA.
·   Mostrar indiferencia y hacerse el duro. CONDUCTA AGRESIVA.
·   Presentarse con educación y entablar una conversación con cada uno. CONDUCTA ASERTIVA.
3) Uno cree que merece un aumento o promoción y desea pedírselo al jefe, para lograrlo se puede:
·   Exigir sin tacto, y tratar de forzar a que den el aumento. CONDUCTA AGRESIVA
·   Exponer de manera respetuosa las razones por las cuales se cree merecedor del aumento o promoción, si a la primera no se obtienen los resultados deseados, intentarlo de nuevo siempre manteniendo la calma. CONDUCTA ASERTIVA.
CONCLUSIONES
·   La asertividad es una habilidad que consiste en crear las condiciones que permitan conseguir todos y cada uno de estos cuatro objetivos.
·   La falta de asertividad crea fobia social la cual le da a otros una autoridad desmesurada y es excesivamente autoexigente.
·   La práctica correcta de habilidades asertivas puede devolverle el sentimiento de auto eficacia y la integración social
·   La falta de confianza y autoestima es un freno para el desarrollo de la asertividad, las personas que presenta estas dificultades suelen cometer errores de interpretación de la realidad social y / o mantener actitudes excesivamente exigentes consigo mismo y con los demás.
·   Aún en el caso de no obtener la respuesta deseada por parte del interlocutor, una respuesta asertiva siempre producirá los efectos de un trabajo personal bien hecho, entre ellos, el respeto por uno mismo.
·   Todo ser humano tiene derecho a ser quien es y a expresar lo que piensa y siente.  Cuando esto se hace de forma asertiva se asegura el máximo respeto por los demás y por uno mismo.
·   Un estilo asertivo de conducta permite comunicar tranquila y eficazmente cuál es nuestra propia postura y ofrece información sobre cómo nos gustaría que los demás actuasen en un futuro.
·   La persona que practica una conducta asertiva se percibe como auto eficaz al sentirse capaz de hacer aquello que cree y desea hacer. Por todo ello, un estilo asertivo permite conservar una relación de confianza con los otros, y de otro lado, la autoestima.
·   La asertividad puede reforzarse o debilitarse según el desarrollo social
·   Conocernos a nosotros mismos es un paso importante para identificar nuestros problemas y solucionarlos, evaluar nuestra autoestima y confianza es importante para empezar a tener una conducta asertiva tanto con los demás como con nosotros mismos.
·   Quitar el miedo al fracaso en nuestra mente es un paso importante para realizar nuestras labores sin freno ni temor, centrándonos enfáticamente en los objetivos y metas propuestos, esto es tener conducta asertiva
·   En situaciones en que se pone de manifiesto un conflicto de intereses, ocasionar las mínimas consecuencias negativas para uno mismo, para el otro, y para la relación, es muestra de que se esta dominando la asertividad
·   Sería ingenuo pensar que aplicando un estilo asertivo se obtendrán todos los propósitos que uno cree justos.  Lo cierto, es que no todas las personas dirigen su conducta a entenderse con todos y cada uno de los que configuran su círculo social, por lo cual una posición asertiva aunque no dé los resultados deseados dará una ventaja emocional para enfrentar a la gran variedad de personas con las que se interactúan, a su vez se desarrolla el criterio necesario para entenderlas y analizarlas.
·   Hay muchas técnicas para ser asertivo, todo es cuestión de cómo y cuando saber usarlas, se deben manejar las distintas situaciones desde distintos enfoques dependiendo de nuestros intereses para expresarnos sin agredir ni ser agredidos.

viernes, 16 de marzo de 2012

EL PODER PERSONAL ES NECESARIO PARA LA SALUD

Tomado del libro Anatomía del Espíritu, Escrito por Caroline Myss  

Un día Norm me llamó para que hiciera la evaluación de una mujer que sufría de depresión y de dolores en el cuello y la parte inferior de la espalda. También quería saber si la beneficiarían diversos tratamientos electromagnéticos. «De ninguna manera —contesté yo—. No tiene el poder sufi­ciente en su organismo para que esos aparatos le resulten be­neficiosos.»
Esa era la primera vez que yo hacía un comentario sobre el poder de una persona para sanar. Norm me pidió que se lo explicara más, y sólo entonces caí en la cuenta de lo que acababa de decir. De pronto tuve una percepción totalmen­te distinta del sistema energético humano como expresión del poder personal.

Le expliqué que las actitudes de esa mujer habían sido la causa de que perdiera poder en su vida. Se sentía incapaz, siempre buscaba aprobación, y tenía un enorme miedo de estar sola. Su estima propia se basaba solamente en su capa­cidad para dominar a los demás, principalmente a sus hijos. Sus temores y su incapacidad eran como un agujero negro, hacia el cual atraía a todas las personas, sobre todo a sus hi­jos, para finalmente aplastarlos. 

Continuamente los critica­ba con el fin de que continuaran dependiendo de ella, ya que a los hijos débiles les resulta difícil abandonar el nido. En­contraba defectos en todo lo que hacían, ya fueran cosas relacionadas con los estudios o con los deportes, porque no podía arriesgarse a capacitarlos con apoyo emocional.  Dado que dominar a los demás le consumía una enorme cantidad de energía y que jamás se sentía al mando, vivía agotada. Su dolor crónico también era consecuencia de su Incapacidad para dominar a otros. Cuando llegó a la consulta de Norm parecía derrotada.

Esa mujer no podía aceptar el hecho inevitable de que sus hijos se fueran del hogar, pero afirmaba que actuaba así por el bien de ellos. Según ella, era una madre sustentadora porque les proporcionaba una casa limpia, alimentos sanos y ropa buena. Sin embargo, se esforzaba sistemáticamente en minarles el desarrollo emocional, hecho que ella se nega­ba a admitir.

Puesto que los tratamientos médicos usuales no le ha­bían servido de nada, Norm estaba pensando en un método alternativo, que combinara psicoterapia, estimulación cra­neal mediante un aparato eléctrico y terapia de color y luz.  Me di cuenta de que con esas técnicas ella podría mejorar du­rante una semana o tal vez un mes, pero que no sanaría to­talmente mientras no renunciara a su lucha patológica por dominar.

Esa tarde comprendí que para que una terapia alternati­va tenga éxito es necesario que el paciente tenga un concep­to «interno» del poder, una capacidad para generar energía interna y recursos emocionales, como por ejemplo creer en su autosuficiencia. Esa mujer sólo tenía un concepto «exter­no» del poder, el que extraía de una fuente externa, sus hijos. Lógicamente, esa paciente podía ir a sesiones de psicoterapia, pero mientras no afrontara la verdad acerca de sí misma, lo único que haría sería hablar de sus quejas durante una hora a la semana. No habría ninguna curación real. Como observa M. Scott Peck en sus libros People o fthe Líe y The Road Less Traveled, para sanar es esencial ver y reconocer la verdad acerca de nosotros mismos, acerca de nuestra participación en la creación de nuestros problemas y acerca de cómo nos relacionamos con los demás.

La evaluación de esa mujer me hizo ver con más pro­fundidad el papel que desempeña el poder en nuestra vida y nuestro sistema energético.  Este poder está en la raíz de la ex­periencia humana. Nuestras actitudes y creencias, sean po­sitivas o negativas, son prolongaciones de la forma en que definimos, utilizamos o no utilizamos el poder. 

Nadie está libre de problemas con el poder. Por ejemplo, es posible que tratemos de superar sentimientos de incapacidad o impo­tencia, o de mantener el dominio sobre otras personas o si­tuaciones que creemos que nos dan poder, o de conservar la sensación de seguridad (sinónimo de poder) en nuestras re­laciones personales. Muchas personas desarrollan una en­fermedad cuando pierden algo que para ellas representa po­der, como dinero, un trabajo o un partido de fútbol, o cuando pierden a alguien a quien han investido de poder o de su iden­tidad, como el cónyuge, un amante, un progenitor o un hi­jo. Nuestra relación con el poder está en el núcleo de nues­tra salud.

El poder media entre nuestros mundos interno y externo, y al hacerlo se co­munica en un lenguaje de mito y símbolos. Piense, por ejem­plo, en el símbolo más común del poder: el dinero. Cuando una persona interioriza el dinero como símbolo de poder, su adquisición y control se convierten en símbolo de su salud: cuando adquiere dinero, su sistema biológico recibe el men­saje de que está entrando poder en su cuerpo. Su mente trans­mite el mensaje inconsciente: “Tengo dinero, por lo tanto es­toy a salvo, estoy segura. Tengo poder y todo está bien.” Este mensaje positivo transmitido al sistema biológico genera salud.

Ciertamente, ganar mucho dinero no garantiza la salud, pero es innegable que la pobreza, la impotencia y la enfer­medad están ligadas. Ganar dinero con dificultad o perder­lo repentinamente puede debilitar el sistema biológico. Re­cuerdo a un hombre que a mediados de los años ochenta se hallaba en la cima del éxito. Su empresa era cada vez, más próspera y él tenía la energía de diez personas. Trabajaba has­ta muy tarde, hacía vida social hasta altas horas de la madru­gada, y a la mañana siguiente era el primero en llegar al tra­bajo, siempre alerta, alegre, pendiente de todo. En octubre de 1987 se produjo una crisis en el mercado bursátil y su em­presa fue una de las que cayeron. La salud de este hombre se deterioró en meses. Empezó a sufrir de migrañas, después de dolor de espalda y finalmente de un trastorno intestinal bas­tante grave, "Ya no podía soportar trabajar hasta tarde ni su vida social, y se retiró de todas las actividades que no con­sistieran en hacer sobrevivir su imperio financiero.

Ese hombre no sabía que había «calibrado» su salud pa­ra hacer dinero. Pero cuando cayó enfermo vio de inmedia­to la conexión. Comprendió que para él el dinero represen­taba la libertad y la capacidad para llevar el estilo de vida con que siempre había soñado. Cuando perdió su fortuna, per­dió su poder y en cuestión de semanas también se arruinó su biología. Ciertamente, el estrés de reactivar una empresa puede debilitar a cualquiera. Este hombre había soportado mucho estrés cuando su empresa estaba en la cumbre, pero aquel tipo de estrés le daba poder.

Cada uno tenemos numerosos símbolos de poder, y ca­da uno de esos símbolos tiene su equivalente biológico. El dentista que desarrolló un cáncer de páncreas tenía un sím­bolo de poder: su trabajo; pero como había llegado a des­preciarlo, iba perdiendo poder día a día. La falta de poder desencadenó una reacción biológica que acabó generando una enfermedad terminal.

Nuestra vida está estructurada en torno a símbolos de poder: dinero, autoridad, títulos, belleza, seguridad. Las personas que llenan nuestra vida y las decisiones que tomamos en cada momento son expresiones y símbolos de nuestro po­der personal. 

Solemos vacilar a la hora de desafiar a una per­sona a la que creemos más poderosa que nosotros, y con fre­cuencia accedemos a hacer cosas porque creemos que no tenemos el poder para negarnos. En incontables situaciones y relaciones, la dinámica que funciona por debajo es la ne­gociación del poder: quien lo tiene y cómo podemos mante­ner nuestra participación en él.

Aprender el lenguaje simbólico de la energía significa aprender a evaluar la dinámica del poder en nosotros mis­mos y los demás. La información energética es siempre veraz. Aunque una persona acepte verbalmente algo en público, su energía dirá cómo se siente en realidad, y sus ver­daderos sentimientos encontrarán la manera de expresarse mediante una declaración simbólica. Nuestros sistemas bio­lógico y espiritual siempre intentan expresar la verdad, y siempre encuentran la manera de hacerlo.

Es necesario tomar conciencia de lo que nos da poder. La curación de cualquier enfermedad se facilita identifican­do nuestros símbolos de poder y nuestra relación simbólica y física con esos símbolos, y escuchando los mensajes que el cuerpo y las intuiciones nos envían acerca de ellos.