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Tomado del libro Yo Soy Escrito por HOWARD FALCO
“Un montón de piedras dejará de ser eso en el momento en que un solo hombre las contemple y evoque la imagen de una catedral”
Antoine de Saint-Exupéry Solo recientemente la humanidad ha entendido cómo se crea la materia. Los últimos avances en los equipos utilizados en la ciencia moderna nos han permitido estudiar la materia hasta su nivel más básico. Este avance ha producido una situación interesante. La información descubierta por los científicos en el campo de las partículas o en la física cuántica durante el último siglo ha producido un importante cambio de paradigma en la conciencia que apenas comienza a generalizarse. La conclusión de los científicos es que el observador determina la experiencia de lo observado. Así pues, la materia es creada por la intención de un observador o grupo de observadores. La observación produce conciencia, que es pensamiento. ¡El pensamiento, la atención y la intención crea la materia! Lo único que importa es lo que haces que importe. Por lo tanto, tú creas la materia . Cuando la energía de la intención creativa se añade a la idea de una posibilidad en particular, el resultado es el milagro de la materia manifestada. La onda se convierte en partícula. La idea original de construir las grandes pirámides de Egipto se convirtió en una creencia en esa posibilidad, que suscitó la intención de los egipcios y originó los actos de miles de constructores, materializándose en las pirámides que, treinta siglos después, todavía pueden ser visitadas por los turistas. La idea de la bombilla de luz eléctrica en la mente de Thomas Edison condujo al proceso de su invención y a que se hiciera realidad. La idea original de la construcción de la Gran Muralla china (que requirió siglos de actividad para convertirse en una realidad) dio lugar a su creación. Del mismo modo, la idea de diseñar una máquina voladora, combinada con una creencia y unos actos, produjeron los inventos que han evolucionado en el sistema masivo de transporte aéreo que tenemos en la actualidad. La idea del trasplante de órganos se ha convertido en una experiencia real en el mundo moderno gracias a la creencia de que dicho procedimiento era posible, así como la intención de materializarlo. Todo lo que hay en la creación ocurrió en primera instancia como una conciencia de lo que era posible. Una idea que se convierte en una creencia se hace real por medio de los actos intencionales y la energía empleada en su creación, haciendo que sea una realidad. “Un montón de piedras dejará de ser eso en el momento en que un solo hombre las contemple y evoque la imagen de una catedral” Antoine de Saint-Exupéry Cada pensamiento de lo que es posible en este mundo nace de todos los pensamientos anteriores sobre lo que se creía posible, los fueron expresando hasta concretarse en la forma en que existen actualmente. De no ser por todos los descubrimientos anteriores, la idea del trasplante de órganos no habría sido siquiera una posibilidad en la Medicina. Sin el pensamiento y la creación de la máquina de vapor, la idea de cómo crear y hacer funcionar un avión tampoco habría sido posible. Sin la invención del vidrio y el alambre, el diseño de la bombilla no habría sido siquiera imaginable. Con fe e intención todo es posible. Todo lo que existe en la actualidad ha surgido de todas las posibilidades actualizadas que ocurrieron anteriormente. Toda invención de un nuevo material o creación orgánica es el resultado de una evolución de todas las creencias y creaciones anteriores. La materia continúa brotando a partir de todo lo que ha surgido antes. La dirección de este camino no se encuentra en línea recta ni en círculo. Más bien, se halla en una espiral donde cada evolución o revolución surge a partir de lo que apareció anteriormente. Esta es la conciencia de la creación, siempre en constante evolución.
Mientras te ves a ti
mismo como un creador de materia, piensa en todas las cosas que has
decidido crear en tu experiencia actual: tus amistades y relaciones,
posesiones, empleo, ropa, aficiones, alimentos, y diversas formas de
entretenimiento. Cada una de esas cosas está presente en tu vida gracias
al acto de poner tu concentración o intención en ellas o en algo
relacionado con ellas. Si no creas la experiencia de estas cosas,
¿entonces cómo podrán continuar en tu realidad?
Tú podrás decir: “Pero yo no elegí este empleo, tuve que aceptarlo porque no tenía otra opción”. Sin embargo, tú creaste la experiencia continua de tu empleo al no buscar otra posibilidad. También podrías decir: “Yo no elegí a mis vecinos”. Pero si todavía vives a su lado, significa que no has decidido alejarte de ellos, y los mantienes vivos en tu experiencia de la realidad al decidir permanecer en el mismo lugar. No se trata de decir que deberías mudarte si no te gustan tus vecinos, sino de expresar que el modo en que experimentas las cosas de tu mundo cotidiano está basado en tus elecciones. Si te cansas de una prenda, la regalas y ya no será parte de tu experiencia. Si luego sueñas con el suéter ideal para ti y lo buscas en las tiendas, seguramente lo encontrarás. Y si lo deseas con todas tus ansias y no lo encuentras en ninguna tienda, puedes contratar a un tejedor. Tú harías que fuera un objeto real a través del poder de la intención creativa. Esto funciona tanto a nivel colectivo como individual. Si un número suficiente de televidentes no sintoniza un determinado programa, este será retirado del aire. Si los niveles de audiencia bajan, será remplazado por otro. Si un buen número de personas desaprueba las decisiones del gobierno de un país democrático, pedirán la renuncia de sus funcionarios, expresando así su descontento. Tu realidad en un momento dado siempre refleja el estado de la voluntad creadora de la conciencia individual y colectiva predominante. Lo que a ti te importa obtiene su existencia a partir de tus creencias sobre quién eres. Quién creas ser es algo que está directamente relacionado con tu intención de experimentar un acontecimiento determinado y esto se refleja de inmediato en los actos que realizas para llevar la experiencia deseada a tu conciencia. Una buena noche de sueño, una comida deliciosa, una relación amorosa satisfactoria, un automóvil nuevo, un empleo diferente, unas vacaciones agradables… la lista es casi interminable. Cada deseo tiene un camino y un conjunto diferente de condiciones que deben cumplirse para que la experiencia sea creada. Sin embargo, el deseo de disfrutar de una buena comida seguramente exige menos requisitos y determinación que tener una relación amorosa satisfactoria. Con frecuencia, si experimentas primero el resultado de aquello que no deseas, tu intención te dará la conciencia necesaria de lo que necesitas para crear lo que deseas. Si quieres tener unas vacaciones inolvidables o una relación perfecta, primero deberías tener una o dos insatisfactorias, con el fin de adquirir los conocimientos que utilizarás para tomar decisiones mucho más centradas. Esto aumenta la probabilidad de tener unas vacaciones inolvidables o una relación perfecta. La intención es la palabra clave aquí. Tu intención impulsa todos los actos que crean aquello que tú deseas. Para que la intención se convierta en una realidad, debes aprender a adquirir la conciencia necesaria para manifestarla. Esto puede incluir el hecho de aceptar tanto las experiencias deseadas como las no deseadas. Tu percepción sobre lo mucho que te afecte algo es lo que da peso, impacto, energía y duración en tu vida a ese “asunto” en particular. Si te resistes a la verdad que te ha ofrecido el acontecimiento, estarás aplazando esa experiencia, y la atención que le prestes por medio de tu resistencia a la misma, la mantiene viva como parte de tu existencia. Algo es materia y te afecta hasta que deja de importarte. La diferencia entre cuánto te afecte el fallecimiento de tu tía y el de tu hermano menor se basa en tus creencias sobre la forma en que su fallecimiento te afecta a ti y al mundo que te rodea. Todo lo que ha sido creado y observado tienen una intención original para el observador que lo experimenta. La materia no puede existir sin la intención. Para pasar del campo de las posibilidades infinitas a una forma finita tiene que haber una intención subyacente. Cada acontecimiento observable tiene un significado y un propósito para quienes están interactuando con él, o de lo contrario no habría surgido desde el ámbito de la posibilidad para ser experimentado por ti. Toda la creación está diseñada para que seas consciente de todas las posibilidades infinitas que existen en cada momento. Tú tienes todo el control sobre la manera como experimentas la realidad basado en tus elecciones y decisiones sobre lo que te parece importante en tu vida. Estas elecciones y decisiones sobre lo que te parece importante en tu vida. Estas elecciones y decisiones se originan en tus creencias sobre ti mismo. Aquel que crees ser le da vida y sentido a la materia que hay a tu alrededor. Tú has elegido la experiencia de tu vida de una forma creativa por una razón, esperando que la percibas y comprendas a medida que avanzas por el camino de la expansión de tu propia conciencia. |
sábado, 9 de junio de 2012
CREER ES PODER
miércoles, 6 de junio de 2012
DEPENDENCIA SEXUAL MASCULINA
Extraído del libro Intimidades Masculinas escrito por Walter Risso
El
deseo irresistible y desbocado por las mujeres es una realidad que
afecta a la generalidad de los hombres. La gran mayoría de los varones,
tarde o temprano, nos rendimos al incontenible impulso que nos induce,
sin compasión y desalmadamente, no ya a la reproducción sino al placer
del sexo por el sexo. La dependencia sexual masculina se hace evidente
en el erotismo que tiñe prácticamente toda nuestra cultura: la demanda
es desesperada y la oferta no tiene límites.
El
incremento alarmante de violaciones, prostitución, abuso infantil,
acoso sexual y consumo masivo de pornografía violenta, entre otros
indicadores, evidencian que en el tema de la sexualidad algo se nos
salió de las manos. La prevalencia de parafilias (un tipo de trastorno
sexual) que se producen violentamente y contra la voluntad de las otras
personas, como el sadismo sexual y la pedofilia (preferencia sexual por
los niños), ha aumentado ostensiblemente. Los hombres mantenemos un
liderazgo definitivo en esto de las desviaciones sexuales, ya sean
peligrosas, simpáticas o inofensivas. En el masoquismo, que es donde
menos mal estamos, aventajamos a las mujeres en una proporción de 20 a
1. Las otras alteraciones como el exhibicionismo, el fetichismo
(actividad sexual compulsiva ligada a objetos no animados como ropa,
zapatos, lencería de mujer, etc.), el voyerismo (observar ocultamente
actividades relacionadas con lo sexual), el travestismo, y el sadismo y
la pedofilia que ya nombré, no parecen existir en el 99% de las mujeres.
Por el contrario, los llamados trastornos del deseo sexual, es decir,
desgano por el sexo, son mucho más frecuentes en mujeres que en varones.
El
sexo ejerce sobre nosotros, los hombres, la mayor fascinación. De una
manera no siempre consciente pensamos casi todo el día en eso, nos
gusta, nos atrae, lo extrañamos, lo necesitamos como el aire y, lo más
importante, lo exigimos. Si algún osado varón decide eliminarlo de una
vez por todas, sin cirugías y a plena voluntad, la tarea suele quedarle
demasiado grande; nadie está exento. Mientras una mujer promedio puede
estar tranquila durante meses sin tener sexo, el varón normal, al mes o
mes y medio, empieza a sentir cierta inquietud interior que luego se
transforma en incomodidad, y más tarde en barbarie. La libido comienza a
nublarse la vista y a maltratar su organismo, e incluso su inteligencia
comienza a debilitarse. Un mal humor y cierta quisquillosidad imposible
de ocultar afectan su entorno inmediato, sobre todo cuando amanece.
La
mayoría de los hombres, salvo honrosas excepciones como los eunucos y
algunos célibes, no sabe ni puede vivir sin esta tremenda fuerza vital
funcionando. El sexo nos quita demasiado tiempo y energía. Si esto no es
adicción, se le parece mucho.
La
nueva masculinidad quiere canalizar esta primitiva y encantadora
tendencia. Jamás eliminarla, no está de más la aclaración, sino
reestructurarla, reacomodarla y tener un control más sano sobre ella. No
estoy hablando de “asexualizar” al varón, eso sería
desnaturalizarlo; el sexo nos gusta y eso no está en discusión. A lo que
me refiero es a romper con la adicción, a querer más nuestro cuerpo y a
diluir un poco más el sexo en el amor, a ver qué pasa. Ni la
restricción mojigata, aburrida y poco creativa que maligniza y flagela
la natural expresión sexual, ni la decadencia de la sexualidad
manifestada en un afán compulsivo y desordenado por el éxtasis, que no
nos deja pensar y nos arrastra a la humillación.
Tres aspectos han colaborado para que la adicción y la decadencia de la sexualidad masculina sea una realidad:
-Un primer factor lo encontramos en el Culto al Falo. Desde tiempos inmemorables y en casi todas las culturas, estatales, tribales y pre-estatales, han existido ceremoniales de veneración al miembro masculino, a su tamaño y a sus funciones mágicas. Muchos pensadores, religiosos, científicos y filósofos también han contribuido a la devoción fálica. Algunos como Aristóteles llegaron a atribuir al semen propiedades celestiales, considerándolo un fluido metafísico y la esencia misma de la vida y la identidad.
-La segunda causa debemos buscarla en los patrones de Educación sexual del varón, si es que los hay. Uno de los mayores miedos de los padres hombres es a tener un hijo homosexual; por eso, cuantas más muestras de heterosexualidad ofrezca el vástago, mejor. Recuerdo que cuando mi primo tenía 5 años le comentó a su padre, inmigrante napolitano y machista, que si era verdad que los hombres también podían hacerlo entre sí. Aterrorizado por la pregunta, mi tío decidió cortar la cosa de raíz y crear inmunidad de por vida: “¡Cuidado! ¡Los hombres que hacen eso quedan inválidos!”. Fue tajante y contundente. Mi primo y yo nos miramos, como diciendo: “¡Qué interesante!”. El problema fue que nuestro consejero sexual no previó las consecuencias. A los pocos días, esperando que cambiara un semáforo en rojo, vimos pasar a un señor de mediana edad en silla de ruedas. Nuestra impresión fue enorme. No solo no pudimos disimular nuestra sorpresa, sino que decidimos tomar partido y ser solidarios con la causa de los verdaderos machos. Al instante, sacamos la cabeza por la ventanilla y, ante la mirada atónita del pobre señor y demás transeúntes, comenzamos a esgrimir las sagradas consignas: “¡Mariquita!”, “¡Mariquita!”, “¡Degenerado!”. “¡Ya sabemos lo que hiciste!”, “¡Mariquita!”…
-Una tercera variable que predispone marcadamente a la adicción está relacionada con el Placer Biológico. Aunque en el hombre el goce sexual no siempre está atado a la eyaculación, ya que puede haber orgasmos sin eyaculación o viceversa, casi en la totalidad de los casos, orgasmo (placer) y eyaculación van de la mano. Es decir, para procrear de manera natural, el varón sólo puede hacerlo desde el placer. Hasta hace poco, cuando los métodos artificiales de procreación estaban en pañales y la naturaleza mandaba, la conclusión era definitiva: si se acababa el placer sexual, se acababa la especie. Esta hipótesis, más allá de excusar o justificar cualquier exceso sexual masculino o el atropello de los derechos femeninos, simplemente podría estar indicando una de las causas del escaso autocontrol masculino frente a su actividad sexual.
-Un primer factor lo encontramos en el Culto al Falo. Desde tiempos inmemorables y en casi todas las culturas, estatales, tribales y pre-estatales, han existido ceremoniales de veneración al miembro masculino, a su tamaño y a sus funciones mágicas. Muchos pensadores, religiosos, científicos y filósofos también han contribuido a la devoción fálica. Algunos como Aristóteles llegaron a atribuir al semen propiedades celestiales, considerándolo un fluido metafísico y la esencia misma de la vida y la identidad.
-La segunda causa debemos buscarla en los patrones de Educación sexual del varón, si es que los hay. Uno de los mayores miedos de los padres hombres es a tener un hijo homosexual; por eso, cuantas más muestras de heterosexualidad ofrezca el vástago, mejor. Recuerdo que cuando mi primo tenía 5 años le comentó a su padre, inmigrante napolitano y machista, que si era verdad que los hombres también podían hacerlo entre sí. Aterrorizado por la pregunta, mi tío decidió cortar la cosa de raíz y crear inmunidad de por vida: “¡Cuidado! ¡Los hombres que hacen eso quedan inválidos!”. Fue tajante y contundente. Mi primo y yo nos miramos, como diciendo: “¡Qué interesante!”. El problema fue que nuestro consejero sexual no previó las consecuencias. A los pocos días, esperando que cambiara un semáforo en rojo, vimos pasar a un señor de mediana edad en silla de ruedas. Nuestra impresión fue enorme. No solo no pudimos disimular nuestra sorpresa, sino que decidimos tomar partido y ser solidarios con la causa de los verdaderos machos. Al instante, sacamos la cabeza por la ventanilla y, ante la mirada atónita del pobre señor y demás transeúntes, comenzamos a esgrimir las sagradas consignas: “¡Mariquita!”, “¡Mariquita!”, “¡Degenerado!”. “¡Ya sabemos lo que hiciste!”, “¡Mariquita!”…
-Una tercera variable que predispone marcadamente a la adicción está relacionada con el Placer Biológico. Aunque en el hombre el goce sexual no siempre está atado a la eyaculación, ya que puede haber orgasmos sin eyaculación o viceversa, casi en la totalidad de los casos, orgasmo (placer) y eyaculación van de la mano. Es decir, para procrear de manera natural, el varón sólo puede hacerlo desde el placer. Hasta hace poco, cuando los métodos artificiales de procreación estaban en pañales y la naturaleza mandaba, la conclusión era definitiva: si se acababa el placer sexual, se acababa la especie. Esta hipótesis, más allá de excusar o justificar cualquier exceso sexual masculino o el atropello de los derechos femeninos, simplemente podría estar indicando una de las causas del escaso autocontrol masculino frente a su actividad sexual.
La mujer funciona
distinto. Aunque ella posee una gran capacidad para sentir y disfrutar
del sexo tanto o más que el hombre, el orgasmo femenino no es una
condición biológica directa para la concepción.
La perspectiva presentada muestra claramente que en la conformación de la dependencia sexual masculina se entrelazan lo biológico y lo cultural de manera compleja. Sin embargo, pese a su larga y aplastante tradición, esta tendencia negativa está comenzando a revertirse. Una sexualidad masculina que se desarrolla fundamentalmente lejos de la adicción, y más cerca del afecto, se está gestando.
La perspectiva presentada muestra claramente que en la conformación de la dependencia sexual masculina se entrelazan lo biológico y lo cultural de manera compleja. Sin embargo, pese a su larga y aplastante tradición, esta tendencia negativa está comenzando a revertirse. Una sexualidad masculina que se desarrolla fundamentalmente lejos de la adicción, y más cerca del afecto, se está gestando.
Este cóctel,
asombroso y extraño para muchos varones, produce una nueva e interesante
forma de éxtasis, más intensa e impactante y mucho más sana. Y es
apenas natural, porque cuando la energía sexual masculina se fusiona con
la del amor ocurre una gran explosión interior que rebasa todo apego y
nos coloca en el umbral de la trascendencia. En realidad, cuando esta
comunión se da estamos tan cerca de la iluminación que no podemos hacer
otra cosa que morirnos de la risa.
AVENTURAS ESPORÁDICAS VS. RELACIONES ESTABLES
Extraído del libro La Fidelidad es mucho más que amor escrito por Walter Risso
“El hombre es fuego, la mujer estopa, y viene el viento y sopla…”
Mientras
el 40% de los hombres prefieren las aventuras de un día, sólo el 2% de
las mujeres aceptan este tipo de infidelidad “ultrarrápida”. El engaño
femenino suele exigir algo más que simple sexo, ésa es la razón por la
cual el 80% de los embelecos femeninos ocurren con conocidos o amigos:
el afecto arrastra al erotismo. Independiente del sexo, la mayoría de la
aventuras que comienzan con gente cercana (colegas, compañeros de ocio,
secretarias, vecinos, amigas) terminan convirtiéndose en una especie de
telenovela tormentosa. Cuando se asciende (o desciende) a la categoría
de amantes, el universo entero tiembla.
Estamos
de acuerdo en que si hay “rompimiento traicionero” de lo pactado, hay
infidelidad. En eso no hay discusión. Uno no puede ser “un poco” infiel o
“casi” fiel. La ruptura del acuerdo se da o no se da. No obstante,
parece que la gente considera que aunque haya adulterio no es lo mismo
una aventura aislada sin vínculo emocional (una noche, unos días), que
una relación “seria” y estable (meses, años).
Un señor que amaba profundamente a su esposa descubrió que ella había tenido una aventura sexual con el jefe. Luego de una fiesta de oficina, la mujer había aceptado ir al apartamento del hombre y ahí había amanecido. El percance adquirió dimensiones inusitadas porque al ver que no llegaba (¡se había quedado dormida!) intervinieron la policía, los hijos, los suegros, los padres, los vecinos. En fin, la hecatombe fue total y vox populi. Ante la desesperación de los familiares, uno de los asistentes a la celebración no tuvo más remedio que contar lo que había pasado. Cuando el marido y algunos familiares llegaron al apartamento, la pescaron semidesnuda, pasmada y con las manos en la masa.
En la terapia de pareja, a la cual asistieron con la rapidez que demandaba la situación, se planteó un dilema fundamental: ¿Hay diferencia entre la locura de una noche (fugaz, irrepetible, desordenada) y la relación de amantes (constante, repetida y pensada)? ¿Tienen el mismo carácter traicionero? ¿Lo eventual y aislado merece igual sanción que lo permanente y estable? Por decirlo de alguna manera, ¿no sería más comprensible o “perdonable” la aventura esporádica? En el caso que estoy señalando, la respuesta a estas preguntas fue benévola para la relación. Se llegó a la conclusión de que, aunque ella había sido evidentemente infiel, existían ciertos atenuantes que iban desde un anterior abandono afectivo del marido hasta el consumo de alcohol (la droga nubla todo esbozo de consciencia). Se decidió intentar de nuevo. El señor dejó establecido que jamás aceptaría la reincidencia, y ambos coincidieron que por ningún motivo perdonarían la infidelidad de un amante permanente: borrón y cuenta nueva.
Aunque en algunos apartados de este libro se analizará el tema de las aventuras, ya que son el caldo de cultivo donde puede prosperar la maraña afectiva de la doble vida, el presente texto está orientado principalmente a aquellas relaciones donde se ha configurado un vínculo estable con “el otro” o “la otra”; es decir, la relación de amantes, que es la más fuerte de las estafas sentimentales y la que mayores secuelas psicológicas conlleva.
No estoy disculpando la aventura casual, sino marcando una diferencia fundamental en la manera de ser infiel. Una relación extramatrimonial sostenida y reiterada implica, necesariamente, premeditación y alevosía. El incendio está fuera de control y arrasa con todo lo que se atraviesa en el camino. La problemática principal es que el incendiario, sabiendo las consecuencias y pudiendo controlar el siniestro, le echa más leña al fuego.
Si tenemos en cuenta que la duración promedio de una relación de amantes fluctúa entre uno o dos años, es fácil imaginar los desastres, las desventuras y los desmanes que pueden ocurrir en tanto tiempo.
Un señor que amaba profundamente a su esposa descubrió que ella había tenido una aventura sexual con el jefe. Luego de una fiesta de oficina, la mujer había aceptado ir al apartamento del hombre y ahí había amanecido. El percance adquirió dimensiones inusitadas porque al ver que no llegaba (¡se había quedado dormida!) intervinieron la policía, los hijos, los suegros, los padres, los vecinos. En fin, la hecatombe fue total y vox populi. Ante la desesperación de los familiares, uno de los asistentes a la celebración no tuvo más remedio que contar lo que había pasado. Cuando el marido y algunos familiares llegaron al apartamento, la pescaron semidesnuda, pasmada y con las manos en la masa.
En la terapia de pareja, a la cual asistieron con la rapidez que demandaba la situación, se planteó un dilema fundamental: ¿Hay diferencia entre la locura de una noche (fugaz, irrepetible, desordenada) y la relación de amantes (constante, repetida y pensada)? ¿Tienen el mismo carácter traicionero? ¿Lo eventual y aislado merece igual sanción que lo permanente y estable? Por decirlo de alguna manera, ¿no sería más comprensible o “perdonable” la aventura esporádica? En el caso que estoy señalando, la respuesta a estas preguntas fue benévola para la relación. Se llegó a la conclusión de que, aunque ella había sido evidentemente infiel, existían ciertos atenuantes que iban desde un anterior abandono afectivo del marido hasta el consumo de alcohol (la droga nubla todo esbozo de consciencia). Se decidió intentar de nuevo. El señor dejó establecido que jamás aceptaría la reincidencia, y ambos coincidieron que por ningún motivo perdonarían la infidelidad de un amante permanente: borrón y cuenta nueva.
Aunque en algunos apartados de este libro se analizará el tema de las aventuras, ya que son el caldo de cultivo donde puede prosperar la maraña afectiva de la doble vida, el presente texto está orientado principalmente a aquellas relaciones donde se ha configurado un vínculo estable con “el otro” o “la otra”; es decir, la relación de amantes, que es la más fuerte de las estafas sentimentales y la que mayores secuelas psicológicas conlleva.
No estoy disculpando la aventura casual, sino marcando una diferencia fundamental en la manera de ser infiel. Una relación extramatrimonial sostenida y reiterada implica, necesariamente, premeditación y alevosía. El incendio está fuera de control y arrasa con todo lo que se atraviesa en el camino. La problemática principal es que el incendiario, sabiendo las consecuencias y pudiendo controlar el siniestro, le echa más leña al fuego.
Si tenemos en cuenta que la duración promedio de una relación de amantes fluctúa entre uno o dos años, es fácil imaginar los desastres, las desventuras y los desmanes que pueden ocurrir en tanto tiempo.
martes, 5 de junio de 2012
"Ten el Valor de equivocarte" Hegel
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Tomado del libro Enamórate de ti escrito por WALTER RISO
El autoconcepto se refiere a lo que piensas de ti, al concepto que tienes de tu persona, así como podrías tenerlo de alguien más, y, como es lógico, tal concepción se verá reflejada en la manera en que te tratas a ti mismo: qué te dices, qué te exiges y cómo lo haces.
Puedes autorreforzarte y
mimarte, o insultarte y no ver nada bueno en tu comportamiento, o
también puedes ponerte metas inalcanzables y lacerarte luego por no
alcanzarlas, como lo hace mucha gente, así parezca lo más irracional del
mundo. Somos victimas de nuestras propias decisiones: cada quien elige
amarse a sí mismo o no, aunque no siempre somos conscientes del daño que
nos hacemos. Además de sobrevivir al medio y a la lucha diaria, también
hay que aprender a sobrevivir a uno mismo: el enemigo no siempre está
afuera.
LA MALA AUTOCRÍTICA. La autocrítica es conveniente y productiva si se hace con cuidado y con el objetivo de aprender y crecer. A corto plazo puede servir para generar nuevas conductas y enmendar los errores, pero si se utiliza indiscriminada y cruelmente, genera estrés y afecta de manera negativa el autoconcepto. Si la usas inadecuadamente, terminarás pensando mal de ti mismo, hagas lo que hagas. He conocido gente que “no se cae bien a sí misma”, no se acepta y se rechaza de manera visceral (“Me gustaría ser más alto, más inteligente, más sensual, más eficiente…”, y la lista puede ser interminable). Se comparan todo el tiempo con quienes son mejores o los superan en algún sentido. Los escucharás decir con frecuencia: “No me aguato a mí mismo!” o “Soy un desastre!”. La expresión: “Más vale solo que mal acompañado” la remplazan por: “Más vale mal acompañado que solo”. El mal hábito de estar haciendo permanentes revisiones interiores, duras y crudas, incrementa la insatisfacción con uno mismo y los sentimientos de inseguridad. Nadie aprende con métodos basados en la punición o el castigo. Me viene a la memoria un paciente que no hacía más que autocastigarse. Se insultaba una cincuenta veces al día en voz baja, se prohibía la mayoría de los disfrutes, como si fuera un faquir, y tenía tantas reglas y requisitos para vivir que le era imposible sentirse bien. Estaba tan limitado y confundido que ya no sabía en verdad quién era. El decía que se sentía como una fotocopia de sí mismo. Y no es exageración: a muchas personas les ocurre que cuando se pierden en los “debería” y las obligaciones autoimpuestas, ya no recuerdan como eran en realidad. Las máscaras psicológicas no solo agotan sino que te despersonalizan. El hombre, que apenas tenía treinta y cinco años, era incapaz de tomar decisiones por sí mismo y pedía permiso hasta para respirar. Mi paciente había crecido con la idea de que si no seguía estrictamente las pautas con las que lo habían educado, dejaría de ser una buena persona. Demasiada carga para cualquiera, y por eso cabe la pregunta: ¿Cómo hizo para sobrevivir a semejante asfixia normativa? Para sobrevivir a la represión autoimpuesta, desarrolló tres métodos: autocontrol excesivo, autobservación obsesiva y autocrítica despiadada. Tres garrotes mortales. Castigarse a sí mismo lo hacía sentir bueno, correcto y “salvado”. Cuando pidió ayuda profesional e hizo su propia revolución “Psicológico-moral”, llegó a la sana conclusión de que merecía maltratarse. Empezó a permitirse algunos deslices simpáticos como, por ejemplo, comerse un helado triple con chocolate y crema batida sin pensar en la gula, vestirse bien sin sentirse vanidoso o culpable, y mirar a una chica por la calle sin sentirse especialmente lujurioso. El castigo sistemático, en cualquiera de sus formas, lo único que te enseñará es a huir de los depredadores y castigadores de turno; huir, y nada más. No resolverás el problema de fondo, no lo enfrentarás. Pero cuando hablamos de autocastigo el problema es que el verdugo seas tú mismo, y entonces lo llevarás a cuestas como una desventura: defenderte será como escapar de tu propia sombra. Infinidad de personas poseen un sistema de autoevaluación que las hacen sufrir día y noche, momento a momento e, inexplicablemente, sentirse orgullosas del martirio que se propician a sí mismas. LA AUTORROTULACIÓN: ¿“SOY” O “ME COMPORTÉ”? Una variación de la autocrítica dañina es la autorrotulación negativa: colgarse carteles que no hablan bien de uno mismo o dejar (y aceptar) que te los cuelguen los otros para ubicarte en alguna categoría que te hace daño. Las clasificaciones sociales (estereotipos) tienden a referirse a los demás en términos globales y no específicos, sin tener en cuenta las excepciones o los atenuantes. Lo mismo pasa cuando te rotulas negativamente a ti mismo: confundirás la parte con el todo. En vez de decir: “Me comporté torpemente”, dirás: “Soy torpe”. O: “Soy un inútil”, en vez de decir: “Me equivoqué en esto o aquello”. No es lo mismo afirmar: “Estoy comiendo mal”, que: “Soy un cerdo”. El ataque a mansalva y tajante al propio “yo”, a lo que eres, crea desajustes y alteraciones de todo tipo. Por el contrario, la autocrítica constructiva es puntual y nunca toca el fondo del ser como totalidad. Si le dijeras a la persona que amas: “¡Te equivocaste, eres un(a) idiota”, ¿Cómo se sentiría él(ella)? ¿Cómo reaccionaría? Le harías daño, ¿verdad? Pues de igual manera, atacar tu valoración personal, golpear tu valía, te afecta psicológicamente mucho más de lo que piensas.
El bienestar dependerá
de tantas cosas ajenas a tu persona, que te será imposible hacerte
cargo de tus logros personales. La poeta Margaret Lee Runbeck dijo
alguna vez: “La felicidad no es una estación a la cual hay que llegar,
sino una manera de viajar”. Esa es la salud mental: viajar bien.
Aquellos que se
obsesionan con el éxito y lo convierten en un valor, y además manejan
esquemas rígidos de ejecución, viajan mal aunque quieran aparentar lo
contrario. Quizás la felicidad no esté en ser el mejor vendedor, la
mejor mamá, el mejor hijo o descollar en cualquier cosa, sino
simplemente en intentarlo de manera honesta y tranquila, disfrutando
mientras se lleva a cabo, en quedarse con el paisaje, mientras vas hacia
dónde quieras ir. ¿Nunca has hecho un viaje con alguien que pregunta
todo el tiempo “cuánto falta para llegar”, mientras ignora las cosas más bellas que pasan por su lado?
La concentración en el proceso es determinante para obtener un buen producto. Esta aparente contradicción (la de despreocuparse del resultado para alcanzarlo) no es tal y queda bien escenificada en la enseñanza zen sobre el arco y la flecha. Si el arquero se concentra en sus movimientos, en la respiración, en el equilibrio, sin estar pendiente de acertar, dará en el blanco con solo apuntar. Pero si dar en el centro y obtener el máximo puntaje se convierte en una cuestión determinante (obsesiva), la ansiedad bloqueará la fluidez de sus acciones y fracasará en el intento. Si posees criterios estrictos para autoevaluarte, siempre tendrás la sensación de insuficiencia, de no dar en el blanco. Tu organismo comenzará a segregar más adrenalina de lo normal y la tensión mental y física interferirá con el buen rendimiento para alcanzar las metas: entrarás al círculo vicioso de los que aspiran cada día más y tienen cada día menos. TODO O NADA. Los individuos muy autoexigentes utilizan un estilo dicotómico en la manera de procesar la información. Para ellos, la vida es blanco y negro, sin tener en cuanta matices: “Soy exitoso o soy fracasado”, “Soy capaz o incapaz”, “Soy inteligente o bruto”. Esta forma de pensar es errónea, porque no hay nada absoluto ni rigurosamente extremo. Si miramos el mundo de esta forma dejaremos de percibir los grises y los puntos medios. Cuando aplicas este estilo binario a la existencia, tu vocabulario se reducirá a palabras como: nunca, siempre, todo o nada. Chocarás con una realidad muy distinta a lo que te imaginabas. La incapacidad de considerar caminos intermedios y el miedo a perder o a no alcanzar tus objetivos harán que ignores las aproximaciones a las metas personales. Para las personas que se mueven por el “ todo o nada”, los acercamientos no se ven ni se sienten o simplemente pasan inadvertidos. Dirán: “Estoy o no estoy en la meta”: verás el árbol, ero no el bosque. CAMBIO Y REVISION. Cambiar no es tarea fácil. No solo porque implica esfuerzo personal, sino por los costos sociales. Si alguien, valientemente, toma la difícil decisión de “viajar bien” y salirse de los patrones preestablecidos, la presión social será inexorable, en especial cuando las metas del individuo no son coincidentes con los valores del grupo de referencia. Cuando cambiamos la ruta convencional por una más atrevida y ensayamos caminos nuevos, la gente rígida y pegada a las normas nos rotulará como “inmaduros” o “inestables”, como si “no cambiar de rumbo” fuera sinónimo de inteligencia. Una rápida mirada a las personas que han jugado un papel importante en la historia de la humanidad muestra que la existencia de cierta “inestabilidad” e insatisfacción con las condiciones de vida reinantes son condiciones imprescindibles para vivir intensamente. La conformidad radical o el aplomo absoluto son baluartes que no mueven el mundo. No temas revisar, cambiar o modificar tus metas, si ellas son fuente de sufrimiento ¿De qué otro modo podrías acercarte a la felicidad? SALVANDO EL AUTOCONCEPTO. Veamos una guía que puede servirte para salvaguardar tu autoconcepto del autocastigo, la autocrítica y la autoexigencia indiscriminada. 1. Trata de ser más flexible contigo y con los demás. Estos indicadores pueden servirte a manera de resumen: a) Trata de no ser perfeccionista. Desorganiza un poco a ver qué pasa. Descubrirás que todo sigue más o menos igual. b) No rotules ni te autorrotules. c) Concéntrate en los matices. Piensa más en las alternativas y en las excepciones a la regla. d) Escucha a las personas que piensan distinto a ti. Recuerda: si eres inflexible y rígido con el mundo y las personas, terminarás siéndolo contigo mismo. 2. Revisa tus metas y las posibilidades reales de alcanzarlas. Si te descubres intentando subir algún monte Everest y te estás angustiando, tienes dos opciones racionales: cambias de montaña o disfrutas el paseo. 3. No observes en ti solo lo malo. “Si de noche lloras por el sol, no verás las estrellas”. 4. No pienses mal de ti. Afortunadamente no eres perfecto ni tan horrible, aunque te empeñes en serlo. El costo de crecer como ser humano es equivocarse y “meter la pata”: concierne a una ley universal inescapable. 5. Quiérete la mayor cantidad de tiempo posible. 6. Trata de acercar tu “yo ideal” a tu “yo real”. Si has idealizado demasiado lo que deberías ser, lo que eres te producirá fastidio. 7. Aprende a perder. Existe una resignación sana cuando los hechos te embisten y puedes verlos objetivamente: persistir testarudamente en una meta suele convertirse en un problema. A veces hay que despertar de los sueños, porque no se harán realidad, y esto no te hace ni mejor ni peor, sino más realista y aterrizado. Eres una máquina especial dentro del universo conocido, no te maltrates ni te insultes. Para ser exitoso no necesitas del autocastigo. |
martes, 29 de mayo de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
LA MUJER QUE DECIDIÓ VENGARSE
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| Escrito por WALTER RISO | ||
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Tomado del Libro La Fidelidad es mucho más que Amor
“Nadie sabe cuán dulce es la venganza ni con qué ardor se la puede desear si no ha sufrido la ofensa” Boccaccio
Aunque criticable desde el punto de vista ético, al igual que cualquier tipo de violencia, para muchos el desquite posee la visión idealista de la equidad. Atacar defensivamente cuando el daño ya está hecho no tiene mucho sentido desde el punto de vista de la supervivencia física, pero quizá posea cierto efecto psicológico reparador y tranquilizador. La satisfacción y el restablecimiento del honor: la ofensa y la vendetta van de la mano. Cuando la venganza se coloca a favor del amor maltrecho, los móviles pueden ser muchos: quedar mano a mano, pagar con la misma moneda, herir como nos han herido, la envidia de querer ejercer el mismo derecho o simplemente recuperar el equilibrio del poder: “Me cansé de ser menos que tú”. Un golpe de estado afectivo para nivelar la relación y aplastar a la pareja hasta ponerla por debajo. Gladys reunió todos estos motivos durante más de veinte años de matrimonio. Cuando se casó, nunca pensó que el atractivo físico de su esposo fuera causa de preocupación o siquiera de un problema. Todo lo contrario. Se sentía afortunada de haber logrado atrapar al más cotizado de los solteros. Y aunque ella no era ninguna reina de belleza, tenía su gracia: “Una negrita adorable”, como solía decirle él, entre cariñoso y compasivo. Como suele ocurrir, el paso de los años es más benévolo en los hombres que en las mujeres, y especialmente en lo relacionado con la parte física. A Gladys rápidamente la invadieron las arrugas, la celulitis, la caída de los senos, la flacidez del abdomen y dos o tres mechones blancos, evidentemente indiscretos. Para su esposo, el tiempo se había detenido. Era terrible verlo cada día más joven y admirado. Cada cana era un pincelazo sugestivo que aumentaba su encanto. Por alguna extraña razón, no sacaba panza y los músculos mantenían su dureza. Tener un marido “inmortal” se había convertido en la peor tragedia. Debía hacer verdaderos malabares para adecuarse a la estética del señor. Durante un tiempo tuvo la aterradora impresión de que él crecía, es decir, que estaba más alto que antes, hasta que una amiga le hizo ver que la que se achicaba era ella. Los festejos que seguían al lanzamiento de un nuevo producto se habían convertido en una pesadilla, sobre todo cuando la presentaban como la mujer del patrón. Los más prudentes sonreían atentamente y emitían un sintético: “Ah!... Su esposa…” Al parecer esperaban otra cosa. A lo mejor una ejecutiva de alto vuelo y estatura, más estilizada y con una hoja de vida del tamaño de un directorio telefónico. No es que fuera poco presentable, sino que no parecía encajar con él. Había que reconocer que la profesión de terapista ocupacional especializada en gerontología no se ajustaba al mundo empresarial dinámico, competitivo y un tanto insensible. Estas reuniones tenían, además, un matiz difícil de sobrellevar: las vampiresas. En esos momentos Gladys sentía que era un estorbo, una piedra en el zapato para casi todas las asistentes. El superyó del grupo, la espía, la guardaespaldas o simplemente la señora del mandamás. Y lo más triste: nadie intentaba seducirla. Nunca había proposiciones indiscretas que pudieran levantar su maltrecho ego. Si un borrachito se le acercaba, no era sino para recordarle lo afortunada que había sido de tener un hombre así. Gladys conocía al dedillo las aventuras de su marido, las pasadas, las presentes y algunas futuras. Ninguna era relevante ni ponía en peligro la estabilidad matrimonial, pero ocurrían sistemática y consistentemente, aunque con bastante sigilo y moderación. Ella temía perderlo, pero se limitaba a permanecer callada. Él era muy comprensivo, la trataba cariñosamente y jamás se ofuscaba. Nunca levantaba la voz más allá de los decibeles necesarios, ni hacía mala cara. Una sonrisa blanca y pareja, como en las propagandas de las cremas dentales, acompañaba todo el tiempo el rostro del hombre. En los viajes al exterior la discrepancia aumentaba: él hablaba perfecto inglés y ella chapuceaba una jerga apenas comprensible. Algo similar sucedía cuando compraban ropa. A Gladys siempre se sobraba o le faltaba tela, había que agarrarle o soltarle, correr botones, subir o bajar. Él era un caso excepcional de talla única: todo le quedaba a la perfección. En más de una ocasión le propusieron modelar, pero no aceptó. Gladys sabía que la cordialidad y la dulzura de su esposo eran aparentes. Un mensaje cifrado podía leerse siempre: “Has tenido demasiada suerte al estar conmigo…” En una ocasión, ella escuchó el siguiente comentario: “Yo sé que podría haber conseguido a alguien mejor…pero tú sabes… unas cosas por otras… puede que no sea la supermujer, sin embargo ella no molesta… ¿Me entiendes?… Mejor que lo celen a uno, que celar… Mi negrita es adorada”. Al principio se sintió halagada, pero cuando le echó más cabeza al asunto entendió que más bien se trataba de una declaración de superioridad racial y el desaire todavía le taladra. La vida íntima estaba repleta de vivencias ególatras por parte de su consorte, que no eran percibidas por las demás personas. Se demoraba en la ducha para vestirse y acostarse, y el espejo era su mejor aliado. Cualquier cosa que reflejara la propia imagen llamaba su atención. No era el exhibicionismo ostentoso que utilizan los histriónicos, sino un elegante, perspicaz y casi aristocrático lucimiento. Gladys era una mujer ardiente y sexualmente activa, que se sentía profundamente atraída por él. Sin embargo, las relaciones sexuales mostraban una preocupante alteración. Consecuente con su actitud narcisista, el hombre era un onanista declarado, es decir, sólo obtenía satisfacción a través de la masturbación. No era eyaculador precoz ni impotente, sino algo peor para una mujer que no se siente amada: eyaculador retardado (más que retardado, lejano). Cada vez que el acto quedaba inconcluso, ella confirmaba que no era deseada.
No tan apuesto
como su marido, menos sensual, más “normal”, con nariz de boxeador y
poco culto, pero con un atributo inigualable y fascinante: era el dueño
de la competencia. El propietario de la única fábrica
que le quitaba ventas y literalmente ponía a temblar a su esposo. Lo
mejor de todo: ella le gustaba. Esa primera vez no le dijo quién era,
no quería inhibir el ímpetu y el entusiasmo que mostraba el
pretendiente, ni tampoco asustarlo. Así comenzaron a
verse y a conversar. De manera regular asistían a sus prácticas de
aeróbicos y pesas, él cada vez más puntual y ella cada vez con menos
ropa. El empezó a admirarla sin descuidar nada, y ella a creerle el
cuento.
Un día la invitó a salir y Gladys aceptó. Estando en el lugar se besaron a quemarropa y se invadieron mutuamente hasta que ella no tuvo más remedio que confesarle su procedencia. Contrariamente a lo esperado, el arrebato fue mayor y de ahí salieron directo a un motel. Fue como echarle gasolina a la hoguera. A partir de ese momento la relación adquirió una doble sincronía: deseo y venganza. El sentía una complacencia adicional: no era cualquier mujer, sino la de su enemigo comercial. Ella sentía un gusto similar: no era cualquier hombre, sino el principal dolor de cabeza de su compañero. Una mezcla entre mercadeo, sexo, perversidad e indemnizaciones retrospectivas. El marido aún no sabe que tiene cuernos. Mientras tanto, ella prefiere degustar el postre en bandeja de plata. Hay cierto placer subversivo en saber aquello que él ni se imagina. El superhombre, el intocable, está siendo secretamente vulnerado en su amor propio y en el más estricto anonimato. Para tener en cuenta. La venganza es violencia placentera. El agresor la percibe como un acto de defensa personal moralmente válido, una clase de sadismo instrumental y justificado, pero en realidad es un comportamiento de conservación a destiempo y fuera de lugar. Ya pasó el ataque. La complacencia en obtener igualdad a través de la destrucción del otro es un fenómeno exclusivamente humano, producto de la mente y, claro está, del ego. Existe una inmadurez latente en quienes están dispuestos a lograr el desagravio a cualquier precio. Como los niños que movidos por la envidia o la ira rompen los juguetes del otro. Cabe preguntarse si los que deciden vengarse por despecho y desamor no estarán tratando de perdonarse a sí mismos la cobardía, o la incapacidad, de haber permanecido donde no debían haber estado. La gente que logra mantener relaciones de pareja asertivas, directas, francas, no temerosas y sin postergaciones, no permite que el resentimiento prospere y la venganza deja de ser funcional. Definitivamente es mejor reaccionar y defenderse a tiempo, algo que Gladys no supo hacer. Cuando intentamos protegernos de la traición y el maltrato psicológico con las mismas armas de quienes nos han dañado, caemos en la trampa de identificarnos con el transgresor. Cuando atacamos la deslealtad con deslealtad, la mentira con mentira, la deshonestidad con deshonestidad, perdemos autoridad moral. Nos contaminamos de lo mismo que queremos limpiar. La infidelidad no admite contabilidades ni sistemas de compensación, sino exclusión y determinación. O perdono, o me voy. |
sábado, 5 de mayo de 2012
EL MARAVILLOSO CEREBRO HUMANO
Les sugiero que miren los siguentes videos. Nuestro cuerpo es maravilloso y el cerebro más.
CUERPO HUMANO AL LIMITE
CUERPO HUMANO AL LIMITE
lunes, 30 de abril de 2012
EL CEREBRO HUMANO SIGUE EVOLUCIONANDO
Uno de los mitos sobre el cerebro humano dice que sólo usamos el 10 % de
su capacidad. No es cierto. La idea nació en los años 30 a raíz de un
estudio que fue malinterpretado y difundido luego para afianzar
argumentos de supuestos "videntes", quienes afirmaban que ellos podían
"usar" un poco más que eso. Pero al cerebro no le hacen falta misterios
falsos para seguir primero en el ranking de las rarezas. Cuanto más lo
estudian, más enigmas aparecen.
La nueva revelación, publicada por la revista "Science", provocó un gran impacto en la comunidad científica. En el Instituto Médico Howard Hughes, en la Universidad de Chicago, un grupo de investigadores dirigido por Bruce Lahn demostró hace poco que el cerebro humano continúa evolucionando. Es decir que su proceso de cambios no se detuvo —como se pensaba hasta ahora— hace unos 50 mil años.
Por eso, dentro de 100 mil o de un millón de años, según expertos en evolución, tendremos otra cabeza. ¿Más inteligente? ¿Más reflexiva? ¿Menos dura? Consultados por Clarín, expertos mundiales en arqueología, tecnología, neurología y neuropsicología, intentan develar incógnitas.
"Los dos mecanismos básicos de la evolución operan en el cerebro humano. Por un lado, la variabilidad genética (las mutaciones) y por otro, la selección natural. Lo que no es predecible es en qué dirección cambiará. Puede que lo haga, como hasta ahora, aumentando su masa y su peso, y por ende, cambiando su funcionamiento. También puede cambiar reconfigurando los códigos de tiempos con los que opera", comenta desde España, Francisco Mora Teruel, del Departamento de Fisiología de la Universidad Complutense de Madrid, autor de "Cómo funciona el cerebro".
Bruce Lahn, director del estudio que confirmó la continuidad evolutiva, no tiene dudas: "Se volverá más complejo. Probablemente también será más grande. Es lo que puedo suponer teniendo en cuenta cuál fue la tendencia pasada", afirma desde su laboratorio de Genética Humana de la Universidad de Chicago.
Pentti Malaska, experto en tecnologías del futuro, plantea nuevos enfoques desde Finlandia. "Todo indica que el cerebro no será el mismo porque lo que conocemos como futuro es algo que existe fisiológicamente en el lóbulo frontal, que es una de las partes del cerebro que evolucionó más tarde". Malaska afirma en uno de sus escritos, "El futuro de la Humanidad", que las principales modificaciones en los cráneos de los homínidos (antecesores del hombre actual) se produjeron en etapas de 100.000 años, por lo que el próximo período de cambio no estaría tan lejos.
En Portugal, el arqueólogo Joao Zilhao, acostumbrado a toparse con pruebas contundentes del pasado, también arriesga su visión: "Para explicar lo que pasó con la Humanidad en los últimos siglos no es necesario invocar un mecanismo de causalidad biológica. El hardware (la maquinaria cerebral y su organización interna) puede haberse mantenido inalterable. Lo que cambió fue el software, o cantidad de información que el cerebro colectivo (es decir, la cultura) puede ir acumulando. No sé si el hombre será más inteligente. Creo que en 100 mil años ya no existirá como especie, se extinguirá", sostiene.
Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva, de la Argentina, abreva en un punto polémico: la inteligencia. "Si definimos a esa capacidad como la flexibilidad conductual o cognitiva para generar situaciones novedosas, se podría especular que un desarrollo mayor de combinaciones de procesos cognitivos complejos podrían actuar como saltos en la evolución cerebral, produciendo más conexiones entre sistemas neurales y una mayor inteligencia", revela.
Otro argentino, Roberto Sica, Jefe de Neurología del Hospital Ramos Mejía, en cambio, se detiene en la sorpresa. Dice que la especie humana es una de las que ha evolucionado de manera más espectacular. "Desde los cerebros iniciales, que no superaban los 500 gramos, a los actuales que triplican ese peso, hubo una evolución estructural que dio como resultado la sociedad que conocemos —explica— . El cerebro podría evolucionar hacia una 'armonía ética' y nuestra especie, hacia un 'hombre moral'".
Mientras las reflexiones cruzan océanos, en laboratorios del mundo, las investigaciones para revelar más misterios del cerebro no se detienen. Evolucionan.
El buen pensar
Daniel Dos Santos
ddossantos@clarin.com
A los humanos el cerebro nos funciona a las mil maravillas. Tanto que cada vez sabemos más sobre este órgano multifunción. La pasión científica por conocer nos llevó a identificar, por caso, que parte del mismo controla la memoria para los hábitos y actividades motoras, dónde se regula la capacidad de dormir y en qué zona reside la coordinación del movimiento voluntario. También, con el cerebro, creamos juegos de palabra que involucran el término con distinta suerte, entre ellas "cerebro de pajarito" y "fuga de cerebros". Sin embargo, el centro del buen pensar parece ubicarse en otro lado. Y a juzgar por lo malo que le pasa al mundo y a nosotros, bastante peor nos funciona el corazón.
Las emociones del bebé
Es un gran enigma en un cuerpo pequeño. Las últimas novedades sobre el cerebro de los bebés sugieren que hoy es posible saber más detalles sobre su funcionamiento gracias a las técnicas de monitoreo cerebral y a través de sensores de reconocimiento facial.
Los investigadores del BabyLab del Centro de Estudios del Desarrollo Cognitivo, en Inglaterra, revelaron que antes del desarrollo del lenguaje, uno de los hitos en el desarrollo cognitivo, son capaces de diferenciar emociones como la solidaridad o el cariño. Confirmaron, además, que miradas, llantos, sonrisitas y hasta pucheros responden a una estructura emocional compleja.
¿Ese conocimiento le sirve a los padres? Sí porque una de las conclusiones revela que el ser humano en esos primeros meses de vida precisa sentirse tocado, abrazado, en fin, mimado. Y esa necesidad va más allá de los afectos porque influye en su desarrollo. En síntesis: cuantas más veces abrace a su hijo, mejor.
Durante el sueño, procesa información
El cerebro humano, igual que algunos maxikioscos, está "abierto" las 24 horas: continúa procesando información aún mientras dormimos. En el laboratorio de psiquiatría de la Universidad de Wisconsin—Madison verificaron que en la etapa conocida como de sueño profundo, el cerebro asimila y consolida lo aprendido.
El estudio fue comandado por el investigador suizo Reto Huber, quien logró ver que durante la fase NREM (sueño sin movimiento rápido de los ojos, según su sigla en inglés) las neuronas producen periódicamente ondas eléctricas lentas. Ondas que ayudan a optimizar el proceso de aprendizaje.
En la misma universidad, pero en el laboratorio del profesor Giulio Tononi, divulgaron la semana pasada lo que se conoce como relación entre cerebro y sueño. La premisa fue: si ya se sabe que el cerebro "trabaja" 24 horas, qué sucede durante ese período en donde supuestamente el ser humano duerme. ¿Qué pasa, por ejemplo, con la conciencia?
Tononi y su equipo sabían, porque eso ya se había comprobado antes, que la conciencia se desvanece cuando nos dejamos ganar por el sueño. El mecanismo de investigación fue el mismo: con voluntarios que fueron monitoreados mientras estaban despiertos o dormidos.
Primero dirigieron impulsos eléctricos breves, generados magnéticamente, a zonas específicas del cerebro. Esos pulsos estimularon una respuesta electroquímica en las células, cuyas ondas viajaron a distintos lugares de la masa cerebral mientras el individuo estaba despierto. La novedad sobrevino durante el sueño profundo: se comprobó que la misma respuesta no se transmitía más allá de las células estimuladas.
El profesor Tononi lo resumió así: "Durante el sueño profundo, el cerebro se divide en pequeñas islas que no pueden comunicarse entre sí". Por eso, la conciencia se desvanece, pero eso no impide que como en todo maxikiosco 24 horas, las "máquinas" sigan trabajando.
La nueva revelación, publicada por la revista "Science", provocó un gran impacto en la comunidad científica. En el Instituto Médico Howard Hughes, en la Universidad de Chicago, un grupo de investigadores dirigido por Bruce Lahn demostró hace poco que el cerebro humano continúa evolucionando. Es decir que su proceso de cambios no se detuvo —como se pensaba hasta ahora— hace unos 50 mil años.
Por eso, dentro de 100 mil o de un millón de años, según expertos en evolución, tendremos otra cabeza. ¿Más inteligente? ¿Más reflexiva? ¿Menos dura? Consultados por Clarín, expertos mundiales en arqueología, tecnología, neurología y neuropsicología, intentan develar incógnitas.
"Los dos mecanismos básicos de la evolución operan en el cerebro humano. Por un lado, la variabilidad genética (las mutaciones) y por otro, la selección natural. Lo que no es predecible es en qué dirección cambiará. Puede que lo haga, como hasta ahora, aumentando su masa y su peso, y por ende, cambiando su funcionamiento. También puede cambiar reconfigurando los códigos de tiempos con los que opera", comenta desde España, Francisco Mora Teruel, del Departamento de Fisiología de la Universidad Complutense de Madrid, autor de "Cómo funciona el cerebro".
Bruce Lahn, director del estudio que confirmó la continuidad evolutiva, no tiene dudas: "Se volverá más complejo. Probablemente también será más grande. Es lo que puedo suponer teniendo en cuenta cuál fue la tendencia pasada", afirma desde su laboratorio de Genética Humana de la Universidad de Chicago.
Pentti Malaska, experto en tecnologías del futuro, plantea nuevos enfoques desde Finlandia. "Todo indica que el cerebro no será el mismo porque lo que conocemos como futuro es algo que existe fisiológicamente en el lóbulo frontal, que es una de las partes del cerebro que evolucionó más tarde". Malaska afirma en uno de sus escritos, "El futuro de la Humanidad", que las principales modificaciones en los cráneos de los homínidos (antecesores del hombre actual) se produjeron en etapas de 100.000 años, por lo que el próximo período de cambio no estaría tan lejos.
En Portugal, el arqueólogo Joao Zilhao, acostumbrado a toparse con pruebas contundentes del pasado, también arriesga su visión: "Para explicar lo que pasó con la Humanidad en los últimos siglos no es necesario invocar un mecanismo de causalidad biológica. El hardware (la maquinaria cerebral y su organización interna) puede haberse mantenido inalterable. Lo que cambió fue el software, o cantidad de información que el cerebro colectivo (es decir, la cultura) puede ir acumulando. No sé si el hombre será más inteligente. Creo que en 100 mil años ya no existirá como especie, se extinguirá", sostiene.
Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva, de la Argentina, abreva en un punto polémico: la inteligencia. "Si definimos a esa capacidad como la flexibilidad conductual o cognitiva para generar situaciones novedosas, se podría especular que un desarrollo mayor de combinaciones de procesos cognitivos complejos podrían actuar como saltos en la evolución cerebral, produciendo más conexiones entre sistemas neurales y una mayor inteligencia", revela.
Otro argentino, Roberto Sica, Jefe de Neurología del Hospital Ramos Mejía, en cambio, se detiene en la sorpresa. Dice que la especie humana es una de las que ha evolucionado de manera más espectacular. "Desde los cerebros iniciales, que no superaban los 500 gramos, a los actuales que triplican ese peso, hubo una evolución estructural que dio como resultado la sociedad que conocemos —explica— . El cerebro podría evolucionar hacia una 'armonía ética' y nuestra especie, hacia un 'hombre moral'".
Mientras las reflexiones cruzan océanos, en laboratorios del mundo, las investigaciones para revelar más misterios del cerebro no se detienen. Evolucionan.
El buen pensar
Daniel Dos Santos
ddossantos@clarin.com
A los humanos el cerebro nos funciona a las mil maravillas. Tanto que cada vez sabemos más sobre este órgano multifunción. La pasión científica por conocer nos llevó a identificar, por caso, que parte del mismo controla la memoria para los hábitos y actividades motoras, dónde se regula la capacidad de dormir y en qué zona reside la coordinación del movimiento voluntario. También, con el cerebro, creamos juegos de palabra que involucran el término con distinta suerte, entre ellas "cerebro de pajarito" y "fuga de cerebros". Sin embargo, el centro del buen pensar parece ubicarse en otro lado. Y a juzgar por lo malo que le pasa al mundo y a nosotros, bastante peor nos funciona el corazón.
Las emociones del bebé
Es un gran enigma en un cuerpo pequeño. Las últimas novedades sobre el cerebro de los bebés sugieren que hoy es posible saber más detalles sobre su funcionamiento gracias a las técnicas de monitoreo cerebral y a través de sensores de reconocimiento facial.
Los investigadores del BabyLab del Centro de Estudios del Desarrollo Cognitivo, en Inglaterra, revelaron que antes del desarrollo del lenguaje, uno de los hitos en el desarrollo cognitivo, son capaces de diferenciar emociones como la solidaridad o el cariño. Confirmaron, además, que miradas, llantos, sonrisitas y hasta pucheros responden a una estructura emocional compleja.
¿Ese conocimiento le sirve a los padres? Sí porque una de las conclusiones revela que el ser humano en esos primeros meses de vida precisa sentirse tocado, abrazado, en fin, mimado. Y esa necesidad va más allá de los afectos porque influye en su desarrollo. En síntesis: cuantas más veces abrace a su hijo, mejor.
Durante el sueño, procesa información
El cerebro humano, igual que algunos maxikioscos, está "abierto" las 24 horas: continúa procesando información aún mientras dormimos. En el laboratorio de psiquiatría de la Universidad de Wisconsin—Madison verificaron que en la etapa conocida como de sueño profundo, el cerebro asimila y consolida lo aprendido.
El estudio fue comandado por el investigador suizo Reto Huber, quien logró ver que durante la fase NREM (sueño sin movimiento rápido de los ojos, según su sigla en inglés) las neuronas producen periódicamente ondas eléctricas lentas. Ondas que ayudan a optimizar el proceso de aprendizaje.
En la misma universidad, pero en el laboratorio del profesor Giulio Tononi, divulgaron la semana pasada lo que se conoce como relación entre cerebro y sueño. La premisa fue: si ya se sabe que el cerebro "trabaja" 24 horas, qué sucede durante ese período en donde supuestamente el ser humano duerme. ¿Qué pasa, por ejemplo, con la conciencia?
Tononi y su equipo sabían, porque eso ya se había comprobado antes, que la conciencia se desvanece cuando nos dejamos ganar por el sueño. El mecanismo de investigación fue el mismo: con voluntarios que fueron monitoreados mientras estaban despiertos o dormidos.
Primero dirigieron impulsos eléctricos breves, generados magnéticamente, a zonas específicas del cerebro. Esos pulsos estimularon una respuesta electroquímica en las células, cuyas ondas viajaron a distintos lugares de la masa cerebral mientras el individuo estaba despierto. La novedad sobrevino durante el sueño profundo: se comprobó que la misma respuesta no se transmitía más allá de las células estimuladas.
El profesor Tononi lo resumió así: "Durante el sueño profundo, el cerebro se divide en pequeñas islas que no pueden comunicarse entre sí". Por eso, la conciencia se desvanece, pero eso no impide que como en todo maxikiosco 24 horas, las "máquinas" sigan trabajando.
viernes, 13 de abril de 2012
EPILEPSIA Y EL EFECTO MOZART
Tomado de http://neurociencias.blogcindario.com/2006/01/00055-epilepsia-y-efecto-de-mozart.html
Pueden mirar el articulo directamente en el siguiente Link
Las investigaciones mostraron que pequeños trozos de la sonata K448 de Mozart disminuyen las posibilidades de ataques epilépticos.
Actualmente se realizan más investigaciones para investigar el efecto curativo de otras melodías. "Escuchar a Mozart ha despertado nuevas esperanzas para el tratamiento de la epilepsia" dijo John Jenkins, miembro del Royal College of Physician
El profesor John Jenkins reveló que investigaciones internacionales en músico-terapia sugieren que es muy probable que otras músicas puedan tener el "efecto Mozart" en el tratamiento de enfermedades.
En entrevista con la BBC, Jenkins dijo que Mozart y Bach poseen similares estructuras y, por ende, beneficios.
Pacientes que fueron expuestos a 10 minutos de música y luego evaluados, demostraron incrementar las habilidades espaciales, tales como el cortar y doblar papel.
Estudios realizados en ratas arrojaron que aquellas que habían escuchado la sonata K448 eran capaces de salir de un laberinto más rápido que aquellos que eran expuestos a música minimalista o a ningún tipo de música.
Pruebas especiales
En otras investigaciones, se comprobó que los niños que recibían clases de piano por seis meses, aprendiendo melodías sencillas que incluían las de Mozart, resolvían mejor los exámenes que aquellos que dedicaban su tiempo a trabajar en computadores.
Respecto a estudios similares que han arrojado resultados diferentes respecto al efecto de la música, el profesor Jenkins señaló que "existen suficientes elementos que justifican realizar más investigaciones".
"Escuchar a Mozart ha despertado nuevas esperanzas para el tratamiento de la epilepsia", dijo Jenkins.
Los estudios sobre los efectos de la música exploran las maneras como afecta las diferentes partes del cerebro la audición de la música.
Jenkins destacó que los estudios respecto a los efectos terapéuticos de la música en el tratamiento de la epilepsia o "efecto Mozart" deben continuar y p rofundizarse
martes, 10 de abril de 2012
MOZART Y EL NEURODESARROLLO EN LOS BEBES
¿Quien fue Mozart y por que influye en el neurodesarrollo?
1. modifica realmente la estructura del cerebro en el desarrollo del bebé en gestación;
2. que los bebés reconocen y prefieren la música que oyeron por primera vez en el vientre de sus madres;
3. que el coeficiente intelectual aumenta entre los niños que reciben instrucción musical regularmente;
4. que media hora de música mejora el funcionamiento del sistema inmunitario en los niños;
5. que la música alivia el estrés, favorece la interacción social, estimula el desarrollo del lenguaje y mejora las habilidades motoras de los niños pequeños.
Además de todo ello es sabido que la música puede reflejar las emociones de los niños, medio comprendidas y que los ayuda a aprender a expresar lo que sienten.
¿Puede la música potenciar la inteligencia de tu hijo? Ciertamente puede aumentar el número de conexiones neuronales en su cerebro en desarrollo, estimulando por lo tanto sus habilidades verbales. Puede enseñar buenos hábitos de estudio, y ayudarle en la comprensión de las matemáticas.
La música habla un lenguaje que los niños entienden instintivamente. Por todo ello la música es fundamental para enriquecer el desarrollo de nuestros hijos.
¿Por qué Mozart?
¿Por qué la música de Mozart funciona mejor que la de otros compositores? Estudios probaron que su música posee propiedades únicas. En las últimas décadas se han realizado muchísimos estudios sobre los efectos de la música. Los resultados de los estudios con música de Mozart han sido especialmente sorprendentes y han dado origen a la expresión “Efecto Mozart”.
Está claro que los ritmos, melodías y altas frecuencias de la música de Mozart estimulan y recargan las regiones creativas y motivadoras del cerebro. Lo esencial en la grandeza de Mozart es que todos sus sonidos son puros y simples. Mozart no teje un deslumbrante tapiz como el gran genio matemático Bach; no levanta oleadas de emociones como el atormentado Beethoven. Sin embargo, su música es a la vez profundamente misteriosa y accesible y, por encima de todo, no contiene astucia. Es ingeniosa y simple a la vez. Por todo ello tiene un efecto positivo en los bebés ya que los relaja a la vez que los mantiene atentos siendo éste el mejor estado para aprender.
lunes, 2 de abril de 2012
MORIR POR AMOR
Tomado del Libro "Mujeres que aman demasiado", escrito por Robin Norwood
"Todos cada uno de nosotros,
estamos llenos de horror .Si te casas
para espantar tu horror, sólo lograrás
casar tu horror con el de otra persona;
los dos horrores tendrá el matrimonio,
tu sangrarás y llamarás a eso Amor." Michael ventura, “Bailando con la propia sombra de la zona matrimonial”
"Todos cada uno de nosotros,
estamos llenos de horror .Si te casas
para espantar tu horror, sólo lograrás
casar tu horror con el de otra persona;
los dos horrores tendrá el matrimonio,
tu sangrarás y llamarás a eso Amor." Michael ventura, “Bailando con la propia sombra de la zona matrimonial”
Fumando un cigarrillo tras otro, con los hombros erguidos y tensos, Margo movía la pierna cruzada rápidamente hacia delante y hacia atrás, y su pie daba un impulso extra al final de cada oscilación, Estaba sentada muy tiesa, inclinada hacia delante, junto a la ventana en la sala de espera, mirando fijamente uno de los paisajes más bellos del mundo: Los techos de tejas rojas de Saint Bárbara trepaban las colinas
azules y púrpuras sobre el océano, pero la escena ligeramente teñida de rosa, y oro en aquella cálida tarde de verano, no lograba comunicar su tranquilidad española al rostro de Margo. Parecía una mujer apresurada, y en efecto lo era.
Cuando le señale el camino, se movió con rapidez, con sus
tacones golpeando en el suelo; entro en mi consultorio y se sentó, nuevamente al borde de la silla, y me clavo la mirada.
_ ¿Cómo sé si usted me va a ayudar? Nunca hice esto de venir a hablar con alguien sobre mi vida. ¿Como se si valdrá el tiempo y el dinero?
Yo sabia que también trataba de preguntarme: “ ¿ Como se si
puedo confiar en que usted se interese por mí si lo dejo ver como soy en realidad ¿” Por eso. Con mi respuesta intente contestar ambas preguntas.
- La terapia requiere una inversión de tiempo y dinero: pero la gente nunca viene, siquiera a su primer consulta, a menos que en su vida este sucediendo algo muy temible o muy doloroso, algo que ya se han esforzado por dominar pero nunca lo han logrado. Nadie viene por casualidad a ver a un terapeuta. Estoy segura de que tú debes de haberlo pensado mucho antes de decidirte a venir.
azules y púrpuras sobre el océano, pero la escena ligeramente teñida de rosa, y oro en aquella cálida tarde de verano, no lograba comunicar su tranquilidad española al rostro de Margo. Parecía una mujer apresurada, y en efecto lo era.
Cuando le señale el camino, se movió con rapidez, con sus
tacones golpeando en el suelo; entro en mi consultorio y se sentó, nuevamente al borde de la silla, y me clavo la mirada.
_ ¿Cómo sé si usted me va a ayudar? Nunca hice esto de venir a hablar con alguien sobre mi vida. ¿Como se si valdrá el tiempo y el dinero?
Yo sabia que también trataba de preguntarme: “ ¿ Como se si
puedo confiar en que usted se interese por mí si lo dejo ver como soy en realidad ¿” Por eso. Con mi respuesta intente contestar ambas preguntas.
- La terapia requiere una inversión de tiempo y dinero: pero la gente nunca viene, siquiera a su primer consulta, a menos que en su vida este sucediendo algo muy temible o muy doloroso, algo que ya se han esforzado por dominar pero nunca lo han logrado. Nadie viene por casualidad a ver a un terapeuta. Estoy segura de que tú debes de haberlo pensado mucho antes de decidirte a venir.
La precisión de esa declaración pareció aliviarla un poco, y se
permitió recostarse en la silla con un leve suspiro.
-Tal vez debí hacer esto hace quince años, o antes, pero ¿cómo sabía que necesitaba ayuda? Yo creía que me iba bien. Y en algunos aspectos así era.....inclusive ahora. Tengo un buen empleo y gano un sueldo decente. _ Se detuvo de pronto y luego, con actitud más reflexiva, prosiguió_: A veces es como si tuviera dos vidas. Voy a trabajar y soy brillante e inteligente, me respetan. La gente me pide consejos y me da mucha responsabilidad, y me siento adulta, capaz y segura de
mí misma. - Miro al techo y trago saliva para controlar su voz. _ Después vuelvo a casa y todo es como una novela larga y de mala calidad. Es tan mala que si, fuera un libro, no lo leería. Demasiado cursi, ¿sabe? Pero aquí estoy, sin poder dejar de vivirla. Ya estuve casada cuatro veces, y apenas tengo treinta y cinco años. ¡Apenas ¡ Dios mío, me siento muy vieja. Comienzo a tener miedo de no poder nunca arreglar mi vida, y de que se me acabe el tiempo. Ya no soy tan joven ni tan bonita. Me asusta la idea de que nadie más me quiera, de haber gastado todas mis oportunidades y de que ahora siempre estaré sola.
permitió recostarse en la silla con un leve suspiro.
-Tal vez debí hacer esto hace quince años, o antes, pero ¿cómo sabía que necesitaba ayuda? Yo creía que me iba bien. Y en algunos aspectos así era.....inclusive ahora. Tengo un buen empleo y gano un sueldo decente. _ Se detuvo de pronto y luego, con actitud más reflexiva, prosiguió_: A veces es como si tuviera dos vidas. Voy a trabajar y soy brillante e inteligente, me respetan. La gente me pide consejos y me da mucha responsabilidad, y me siento adulta, capaz y segura de
mí misma. - Miro al techo y trago saliva para controlar su voz. _ Después vuelvo a casa y todo es como una novela larga y de mala calidad. Es tan mala que si, fuera un libro, no lo leería. Demasiado cursi, ¿sabe? Pero aquí estoy, sin poder dejar de vivirla. Ya estuve casada cuatro veces, y apenas tengo treinta y cinco años. ¡Apenas ¡ Dios mío, me siento muy vieja. Comienzo a tener miedo de no poder nunca arreglar mi vida, y de que se me acabe el tiempo. Ya no soy tan joven ni tan bonita. Me asusta la idea de que nadie más me quiera, de haber gastado todas mis oportunidades y de que ahora siempre estaré sola.
El miedo que reflejaba su voz concordaba con las arrugas de su preocupación que se marcaron en su frente al expresar esto. Tragó saliva varias veces y parpadeó con fuerza.
-Sería difícil decir cuál de mis matrimonios fue el peor .Todos
fueron desastrosos, pero en distinta forma. “Mi primer marido y yo nos casamos cuando yo tenía 20 años. Me era infiel antes de casarnos y también después. Yo creía que al estar casados sería distinto, pero no fue así. Cuando nació nuestra hija yo estaba segura de que eso lo frenaría un poco, pero surtió el efecto contrario. Permanecía más tiempo fuera de casa. Cuando estaba con nosotras era muy malo, Yo podía soportar que me gritara, pero cuando empezó a castigar al a
pequeña Autumn por nada y por todo decidí interferir. Al ver que esto no daba resultado, me marche y me llevé a mi hija. No fue fácil porque ella era muy pequeña y yo tenía que buscar trabajo. Él nunca nos dio ninguna clase de apoyo, yo tenía miedo de que nos causara problemas para que yo no acudiera al fiscal del distrito o algo así. No podía volver a casa de mis padres, porque habría sido igual que mi matrimonio.
fueron desastrosos, pero en distinta forma. “Mi primer marido y yo nos casamos cuando yo tenía 20 años. Me era infiel antes de casarnos y también después. Yo creía que al estar casados sería distinto, pero no fue así. Cuando nació nuestra hija yo estaba segura de que eso lo frenaría un poco, pero surtió el efecto contrario. Permanecía más tiempo fuera de casa. Cuando estaba con nosotras era muy malo, Yo podía soportar que me gritara, pero cuando empezó a castigar al a
pequeña Autumn por nada y por todo decidí interferir. Al ver que esto no daba resultado, me marche y me llevé a mi hija. No fue fácil porque ella era muy pequeña y yo tenía que buscar trabajo. Él nunca nos dio ninguna clase de apoyo, yo tenía miedo de que nos causara problemas para que yo no acudiera al fiscal del distrito o algo así. No podía volver a casa de mis padres, porque habría sido igual que mi matrimonio.
-Mi padre abusaba mucho de mi madre, tanto físico como verbal mente y también de mis hermanos y de mí. Cuando
era niña siempre estaba escapando .Finalmente, me fugué y me casé para salir de allí por eso estaba decidida a no volver.
“Tardé dos años desde que me marché en reunir coraje para
divorciarme de mi primer marido. No podía hacerlo hasta haber encontrado otro hombre. EL abogado que manejó mi divorcio terminó convirtiéndose en segundo esposo. Era bastante mayor que yo y también acababa de divorciarse. No creo que estuviera verdaderamente enamorada de el, pero quería estarlo y creí haber encontrado a alguien que podría cuidarnos a Autumn y a mi. Hablaba mucho de que quería volver a empezar en la vida, iniciar una nueva familia con alguien a quien pudiera amar de verdad. Creo que me sentí
halagada de que sintiera eso por mi. Me casé al día siguiente de terminar el divorcio. Todo saldría bien, estaba segura. Conseguí un buen preescolar para Autumn y reanudé mis estudios. Mi hija y yo pasábamos las tardes juntas, luego yo hacía la cena y volvía a la universidad para las clases nocturna. Por las noches Dwayne se quedaba en casa con Autumn, haciendo trabajos legales. Una mañana en que estábamos solas, Autumn dijo algunas cosas que me hicieron comprender que algo horrible, algo sexual estaba ocurriendo entre ella y Dwayne. En ese tiempo yo también sospechaba que estaba embarazada, pero esperé hasta el día siguiente, como si todo estuviera normal, y después que Dwayne fuera a trabajar puse a mi hija y todo lo nuestro en mi automóvil y me marche. Le escribí una nota en la que hablaba lo que me había dicho Autumn y le advertí que no tratara de encontrarnos o revelaría lo que le había hecho a la niña. Yo tenía tanto miedo de que tuviera alguna forma de encontrarnos y hacernos volver que decidí que, si estaba embarazada, no se lo diría ni le pediría nada. Solo quería que
nos dejara en paz.
-“Por supuesto que sí averiguó adónde vivíamos y me envió una carta, sin ninguna referencia a Autumn. En cambio me culpaba por haber sido fría e indiferente con él, porque lo dejaba solo mientras iba a estudiar por las noches. Durante mucho tiempo me sentí culpable por eso, pensando en lo que había pasado a Autumn era mi culpa. Yo creía que mi hija estaría bien y en cambio la había puesto en una situación horrible.
era niña siempre estaba escapando .Finalmente, me fugué y me casé para salir de allí por eso estaba decidida a no volver.
“Tardé dos años desde que me marché en reunir coraje para
divorciarme de mi primer marido. No podía hacerlo hasta haber encontrado otro hombre. EL abogado que manejó mi divorcio terminó convirtiéndose en segundo esposo. Era bastante mayor que yo y también acababa de divorciarse. No creo que estuviera verdaderamente enamorada de el, pero quería estarlo y creí haber encontrado a alguien que podría cuidarnos a Autumn y a mi. Hablaba mucho de que quería volver a empezar en la vida, iniciar una nueva familia con alguien a quien pudiera amar de verdad. Creo que me sentí
halagada de que sintiera eso por mi. Me casé al día siguiente de terminar el divorcio. Todo saldría bien, estaba segura. Conseguí un buen preescolar para Autumn y reanudé mis estudios. Mi hija y yo pasábamos las tardes juntas, luego yo hacía la cena y volvía a la universidad para las clases nocturna. Por las noches Dwayne se quedaba en casa con Autumn, haciendo trabajos legales. Una mañana en que estábamos solas, Autumn dijo algunas cosas que me hicieron comprender que algo horrible, algo sexual estaba ocurriendo entre ella y Dwayne. En ese tiempo yo también sospechaba que estaba embarazada, pero esperé hasta el día siguiente, como si todo estuviera normal, y después que Dwayne fuera a trabajar puse a mi hija y todo lo nuestro en mi automóvil y me marche. Le escribí una nota en la que hablaba lo que me había dicho Autumn y le advertí que no tratara de encontrarnos o revelaría lo que le había hecho a la niña. Yo tenía tanto miedo de que tuviera alguna forma de encontrarnos y hacernos volver que decidí que, si estaba embarazada, no se lo diría ni le pediría nada. Solo quería que
nos dejara en paz.
-“Por supuesto que sí averiguó adónde vivíamos y me envió una carta, sin ninguna referencia a Autumn. En cambio me culpaba por haber sido fría e indiferente con él, porque lo dejaba solo mientras iba a estudiar por las noches. Durante mucho tiempo me sentí culpable por eso, pensando en lo que había pasado a Autumn era mi culpa. Yo creía que mi hija estaría bien y en cambio la había puesto en una situación horrible.
Una expresión perturbada cubrió el rostro de Margo al recordar aquella vez.
-Por suerte encontré una habitación en una casa con otra joven madre. Ella y yo teníamos mucho en común. Ella y yo nos habíamos casado muy jóvenes y proveníamos de hogares infelices. Nuestros padres se parecían mucho, al igual que nuestros primeros esposos. Pero ella había estado casada una sola vez.. Margo sacudió la cabeza y prosiguió.- La cuestión es que cuidábamos a nuestros respectivos bebés, y eso nos permitía continuar con los estudios y salir. Sentía más libertad que nunca en mi vida, aunque resulto que sí estaba embarazada. Dwayne aún no lo sabía y yo nunca se lo dije. Recordaba todas sus historias sobre las maneras en que podía causar problemas a la gente dentro de lo legal, y sabía que conmigo también podría hacerlo. No quería nada más que ver con el. Antes de casarnos, esas historias me habían hecho que era fuerte. Ahora me daban miedo de él.
-“Susie mi compañera de cuarto, me preparó para el parto natural con mi segunda hija, Darla. Parece una locura, pero fue unos de los mejores momentos de mi vida. Éramos tan pobres, estudiábamos, cuidábamos a nuestros bebes, comprábamos ropa en las tiendas baratas y comida con cupones. Pero éramos libres. - Se encogió de hombros. - Sin embargo, yo estaba muy inquieta. Quería un hombre en mi
vida. Conservaba la esperanza de encontrar a alguien que hiciera que mi vida fuese como yo la quería. Aún siento lo mismo. Quiero aprender a encontrar a alguien que sea bueno para mi. Hasta ahora no me ha ido muy bien en eso.
-Por suerte encontré una habitación en una casa con otra joven madre. Ella y yo teníamos mucho en común. Ella y yo nos habíamos casado muy jóvenes y proveníamos de hogares infelices. Nuestros padres se parecían mucho, al igual que nuestros primeros esposos. Pero ella había estado casada una sola vez.. Margo sacudió la cabeza y prosiguió.- La cuestión es que cuidábamos a nuestros respectivos bebés, y eso nos permitía continuar con los estudios y salir. Sentía más libertad que nunca en mi vida, aunque resulto que sí estaba embarazada. Dwayne aún no lo sabía y yo nunca se lo dije. Recordaba todas sus historias sobre las maneras en que podía causar problemas a la gente dentro de lo legal, y sabía que conmigo también podría hacerlo. No quería nada más que ver con el. Antes de casarnos, esas historias me habían hecho que era fuerte. Ahora me daban miedo de él.
-“Susie mi compañera de cuarto, me preparó para el parto natural con mi segunda hija, Darla. Parece una locura, pero fue unos de los mejores momentos de mi vida. Éramos tan pobres, estudiábamos, cuidábamos a nuestros bebes, comprábamos ropa en las tiendas baratas y comida con cupones. Pero éramos libres. - Se encogió de hombros. - Sin embargo, yo estaba muy inquieta. Quería un hombre en mi
vida. Conservaba la esperanza de encontrar a alguien que hiciera que mi vida fuese como yo la quería. Aún siento lo mismo. Quiero aprender a encontrar a alguien que sea bueno para mi. Hasta ahora no me ha ido muy bien en eso.
- El rostro tenso de Margo, aún bonito pero muy delgado, me miró con expresión de ruego. ¿Podría yo ayudarla a encontrar y conservar a un señor maravilloso ¿ Esa era la pregunta escrita en aquella cara, la razón por la que había acudido a la terapia.
- Margo continuo con su saga. El siguiente jugador en su torneo matrimonial fue Giorgio, que conducía un convertible Mercedes Benz color blanco y se ganaba la vida proveyendo cocaína a algunas de las narices más adineradas de Montecito. Desde el comienzo, su relación con Giorgio fue como un paseo en la montaña rusa, y pronto Margo no podía distinguir entre la química de la droga que él le proporcionaba con tanta generosidad y la química de su relación con aquel hombre moreno y peligroso. De pronto su vida era veloz y sofisticada. También era muy dura para ella, física y emocionalmente. Su temperamento se alteró. Regañaba a sus hijas por pequeñeces. Sus frecuentes peleas con Giorgio se convirtieron en batallas físicas. Después de quejarse incansablemente a su compañera de cuarto por la desconsideración, la infidelidad, y las actividades ilegales de Giorgio, Margo se asombró cuando Susie finalmente le dio un ultimátum. Olvidaba a Giorgio o se iba de esa casa. Susie ya no quería escucharlo ni verlo. Esa decisión no fue buena para Margo y para sus hijas. Margo exasperada volcó a los brazos de Giorgio. El permitió que ellas y sus hijas se mudaran a la casa dónde hacía la mayor parte de sus transacciones, con la condición implícita de que el arreglo era temporal. Poco después lo arrestaron por venta de drogas. Antes del juicio Giorgio y Margo se casaron, aunque para entonces sus enfrentamientos casi siempre llegaban al borde del punto de ebullición.
La razón que dio ella para su tercera decisión de casarse fue la presión de Giorgio sobre ella para que, al convertirse en esposa no le pudieran pedir que atestiguara en su contra. La tentación de atestiguar era un la posibilidad clara, dada la naturaleza inflamatoria de sus enfrentamientos y la persistencia del fiscal. Una vez que se casaron el desgraciado de Giorgio se negó a tener relaciones sexuales con ella
porque, según decía, se sentía atrapado. A la larga se anuló el
matrimonio, pero no antes de que Margo consiguiera al número cuatro, un hombre cuatro años menor que ella que nunca había trabajado porque siempre había estado estudiando. Margo se dijo que este estudiante serio seria justo lo que ella necesitaba, después de su catástrofe con Giorgio, y para entonces le aterraba la idea de estar sola.
Margo trabajaba y mantenía a ambos, hasta que el se marchó para ingresar a una comunidad religiosa. Durante ese cuarto matrimonio, Margo había obtenido una considerable suma de dinero por la muerte de un familiar y permitió que su esposo tuviera acceso a ese dinero con la esperanza que con ese gesto demostrara su lealtad, confianza y amor por él./los cuales el cuestionaba todo el tiempo). El dio la mayor parte del dinero de Margo a la comunidad y después le aclaró que ya no deseaba estar casado con ella y que no quería que ella lo siguiera allí, pues la culpaba por el fracaso de su matrimonio por ser tan “mundana”.
Esos acontecimientos habían marcado profundamente a Margo y aún así estaba ansiosa por conocer al número cinco, con la seguridad de que tal vez de que todo saldría bien si lograba hallar al hombre adecuado. Recurrió a la terapia demacrada y con los ojos hundidos. Estaba totalmente fuera de contacto con su eterno patrón de relacionarse con hombres imposibles, hombres en que no confiaba o que no le agradaban. Si bien había admitido que hasta entonces no
había tenido suerte al elegir maridos, no tenía conciencia de la manera en que sus propias necesidades la habían atrapado en cada desastre matrimonial.
El cuadro que presentaba era alarmante .Además de estar
demasiado delgada, sus úlceras hacían que el hecho de comer fuera para ella una tortura auto impuesta, en las raras ocasiones en que tenía apetito, Margo exhibía una cantidad de otros síntoma, nerviosos, relacionados con la tensión. Estaba pálida (confirmó que estaba anémica), con las uñas muy comidas y el cabello seco y quebradizo. Describió problemas de eczema, diarrea e insomnio. Su presión sanguínea era demasiado alta para su edad y su nivel de energías era alarmantemente bajo.
- A veces me cuesta demasiado levantarme e irme a trabajar. He usado todas mis licencias por enfermedad para quedarme en casa llorando. Me siento culpable si lloro si las niñas están en casa, por eso es un alivio descargarme cuando las niñas están en la escuela. En realidad no sé por cuánto tiempo podré seguir así. Informó que sus dos hijas tenían problemas en la escuela en lo académico y en lo social. En casa se peleaban constantemente y Margo se enfadaba con rapidez. Aún recorría con frecuencia a la cocaína para levantar su estado de ánimo como acostumbraba hacerlo en sus días con Giorgio, era algo que mal podía permitirse, económica y físicamente. Sin embargo unos de estos factores preocupaban a Margot tanto como el hecho de estar sin pareja. Desde la adolescencia, en toda su vida nunca lo había estado. Cuando niña había peleado con su padre y, ya adulta en una u otra forma, había peleado con todas sus parejas.
Ahora hacía cuatro meses que estaba sola y era solo por su triste historia que se encontraba tan reacia a buscar otro hombre como a quedarse quieta consigo misma.
Muchas mujeres, debido a realidades económicas opresivas,
sienten que necesitan un hombre que las mantenga, pero no era ese el caso de Margot. Ella tenía un empleo con buena paga haciendo un trabajo que le gustaba. Ninguno de sus maridos la había mantenido a ella ni a sus hijas. Su necesidad de otro hombre apuntaba a otra dirección. Era adicta a las relaciones y a las malas. En su familia de origen había habido abuso para con su madre, hermanos y ella misma. Había problemas de dinero, inseguridad y sufrimiento. La tensión emocional de esta clase de niñez había dejado profundas marcas en su psiquis.
Muchas mujeres, debido a realidades económicas opresivas,
sienten que necesitan un hombre que las mantenga, pero no era ese el caso de Margot. Ella tenía un empleo con buena paga haciendo un trabajo que le gustaba. Ninguno de sus maridos la había mantenido a ella ni a sus hijas. Su necesidad de otro hombre apuntaba a otra dirección. Era adicta a las relaciones y a las malas. En su familia de origen había habido abuso para con su madre, hermanos y ella misma. Había problemas de dinero, inseguridad y sufrimiento. La tensión emocional de esta clase de niñez había dejado profundas marcas en su psiquis.
En primer lugar, Margo sufría de una grave depresión subyacente, presente siempre en mujeres con historias similares. Irónicamente debido a esa depresión además de los papeles ya conocidos que ella podía jugar con cada pareja, Margo se sentía atraída hacia hombres que eran imposibles: abusivos, imprevisibles, irresponsable o insensibles. En este tipo de relaciones habría muchas discusiones, incluso peleas
violentas salidas dramáticas y reconciliaciones, períodos de espera con tensión y miedo. Podría haber serios problemas de dinero e incluso con la ley. Mucho drama., mucho caos. Mucha excitación. Mucha estimulación.
violentas salidas dramáticas y reconciliaciones, períodos de espera con tensión y miedo. Podría haber serios problemas de dinero e incluso con la ley. Mucho drama., mucho caos. Mucha excitación. Mucha estimulación.
- Suena agotador, ¿verdad? Claro, a la larga lo es pero sucede
cuando se usa cocaína u otro elemento estimulante poderoso, a corto plazo estas relaciones proporcionan una estupenda vía de escape, una gran distracción, y por cierto una máscara más para la depresión. Es casi imposible experimentar depresión cuando estamos muy excitados ya sea en forma positiva o negativa, debido a los elevados niveles de adrenalina que se libera y nos estimulan.
Pero una exposición demasiado prolongada a una excitación
fuerte agota la capacidad de respuesta del cuerpo, y el resultado es una depresión más profunda que la anterior, esta vez con una base tanto física como emocional (*). Muchas mujeres como Margo, debido a sus historias emocionales de haber vivido con episodios constantes y/o severos de tensión en la niñez1. (También porque a menudo es probable que hayan heredado una vulnerabilidad bioquímica a la depresión por parte de un progenitor alcohólico o en general bioquímicamente ineficaz) son básicamente depresiones incluso antes de iniciar sus relaciones amorosas en la adolescencia y la adultez. Es
posible que tales mujeres busquen el poderoso estímulo de una relación difícil y dramática a fin de obligar a que sus glándulas liberen adrenalina: una práctica similar al hecho de azotar a un caballo cansado para que la pobre bestia exhausta camine unos kilómetros más. Es por eso que cuando se elimina el fuerte estímulo que constituye el comprometerse en una relación dañina, ya sea porque la relación llega a su fin o porque el hombre empieza a recuperarse de sus problemas y a relacionarse con ella en una forma más sana, una mujer de ese tipo por lo general se hunde en la depresión, cuando está sin pareja, o bien trata de revivir la última relación fracasada o busca con frenesí otro hombre difícil en quién concentrarse, porque necesita con
desesperación el estímulo que el le proporciona. Si en el hombre comenzara a enfrentar solo sus propios problemas de forma más sana, es probable que ella encontrara de pronto ansiando hablar a alguien más excitante, más estimulante, a alguien que le permita evitar el enfrentamiento con sus propios sentimientos y problemas.
cuando se usa cocaína u otro elemento estimulante poderoso, a corto plazo estas relaciones proporcionan una estupenda vía de escape, una gran distracción, y por cierto una máscara más para la depresión. Es casi imposible experimentar depresión cuando estamos muy excitados ya sea en forma positiva o negativa, debido a los elevados niveles de adrenalina que se libera y nos estimulan.
Pero una exposición demasiado prolongada a una excitación
fuerte agota la capacidad de respuesta del cuerpo, y el resultado es una depresión más profunda que la anterior, esta vez con una base tanto física como emocional (*). Muchas mujeres como Margo, debido a sus historias emocionales de haber vivido con episodios constantes y/o severos de tensión en la niñez1. (También porque a menudo es probable que hayan heredado una vulnerabilidad bioquímica a la depresión por parte de un progenitor alcohólico o en general bioquímicamente ineficaz) son básicamente depresiones incluso antes de iniciar sus relaciones amorosas en la adolescencia y la adultez. Es
posible que tales mujeres busquen el poderoso estímulo de una relación difícil y dramática a fin de obligar a que sus glándulas liberen adrenalina: una práctica similar al hecho de azotar a un caballo cansado para que la pobre bestia exhausta camine unos kilómetros más. Es por eso que cuando se elimina el fuerte estímulo que constituye el comprometerse en una relación dañina, ya sea porque la relación llega a su fin o porque el hombre empieza a recuperarse de sus problemas y a relacionarse con ella en una forma más sana, una mujer de ese tipo por lo general se hunde en la depresión, cuando está sin pareja, o bien trata de revivir la última relación fracasada o busca con frenesí otro hombre difícil en quién concentrarse, porque necesita con
desesperación el estímulo que el le proporciona. Si en el hombre comenzara a enfrentar solo sus propios problemas de forma más sana, es probable que ella encontrara de pronto ansiando hablar a alguien más excitante, más estimulante, a alguien que le permita evitar el enfrentamiento con sus propios sentimientos y problemas.
Nuevamente, el paralelismo del uso de una droga y su
interrupción resultan obvios. Para evitar sus propios sentimientos, ella literalmente se “inyecta “con un hombre, utilizándole como su droga escape. Para que se produzca la recuperación, ella debe obtener el apoyo para afirmarse y permitir que vengan los sentimientos dolorosos.
No es una exageración comparar este proceso con lo que se produce cuando el adicto a la heroína interrumpe su consumo de golpe y en forma total. El miedo, el dolor y la inquietud son enormes y la tentación de recurrir a otro hombre, a otra inyección, es igualmente grande.
Una mujer que utiliza al hombre como una droga hará de su
relación con el algo tan negativo como cualquier adicto a una
sustancia química. Experimentará el mismo grado de resistencia y miedo a desembarazarse de la sustancia y del hombre. Pero en general si se la enfrenta con suavidad y firmeza en algún momento reconocerá el poder de su adicción a las relaciones y sabrá que está en un patrón de
conducta sobre el cual ha perdido el control.
El primer paso para tratar a una mujer con éste problema es
ayudarla a comprender que, al igual que a cualquier adicto, sufre de un proceso de enfermedad que es identificable, que es progresiva sin tratamiento y que responde bien al tratamiento específico. Ella necesita saber que el adicto al dolor y la familiaridad de una relación insatisfactoria, que es una enfermedad que afecta a muchísimas mujeres y que tiene su origen en las relaciones perturbadas de la niñez.
ayudarla a comprender que, al igual que a cualquier adicto, sufre de un proceso de enfermedad que es identificable, que es progresiva sin tratamiento y que responde bien al tratamiento específico. Ella necesita saber que el adicto al dolor y la familiaridad de una relación insatisfactoria, que es una enfermedad que afecta a muchísimas mujeres y que tiene su origen en las relaciones perturbadas de la niñez.
Esperar que alguien como Margo descubra por si sola que es una mujer que ama demasiado, cuya enfermedad es cada vez más grave y a la larga, puede costarle la vida, es tan inapropiado como escuchar todos los síntomas típicos de cualquier otra enfermedad y luego esperar que la paciente adivine cual es su enfermedad y su tratamiento. Más pertinente aún es tan improbable que Margo, con su enfermedad en particular y la negación que la acompaña, pudiera auto diagnosticarse, como lo es en un alcohólico igualmente enfermo pudiera auto diagnosticarse con precisión. Tampoco podría ninguno de ellos esperar recuperarse solo, o simplemente con la ayuda de un medico o
terapeuta, porque la recuperación requiere que dejen de hacer lo que parece proporcionarles alivio.
para la dependencia del alcohólico, con la droga o de la adicta a las relaciones con su hombre.
Cuando alguien ha estado practicando una adicción y trata de
ponerle fin, se crea un enorme vacío demasiado grande para ser llenado por una hora de sesión con un terapeuta una o dos veces por semana. Debido a la tremenda ansiedad que se genera cuando se interrumpe la dependencia de la sustancia o la persona, hay que tener un acceso constante a cierto apoyo, consuelo y comprensión. La mejor manera de obtener esto es con personas que han pasado por el mismo proceso doloroso.
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