domingo, 10 de junio de 2012

EL CORAJE

Tomado del Libro Coraje, escrito por OSHO

“En principio no hay mucha diferencia entre una persona cobarde y una valiente.  La única diferencia es que el cobarde escucha sus miedos y se deja llevar por ellos, mientras que la persona valiente los aparta y continúa su camino.  La persona valiente se adentra en lo desconocido a pesar de todos los miedos”

VALENTÍA es adentrarse en lo desconocido a pesar de todos los miedos. La valentía no es falta de miedo. La falta de miedo surge cuando cada vez te vuelves más valiente. La falta de miedo es la experiencia absoluta de la valentía; es la fragancia de la valentía cuando ésta es absoluta. Pero, en principio, no hay tanta diferencia entre una persona cobarde y una valiente. La única diferencia es que el cobarde presta atención a sus miedos y se deja llevar por ellos, mientras que la persona valiente los aparta y sigue su camino. La persona valiente se adentra en lo desconocido a pesar de todos sus miedos. Conoce el miedo, sabe que está ahí.

Cuando te adentras en un mar desconocido, como hizo Colón, tienes miedo, un miedo terrible, porque nunca sabes lo que puede suceder. Abandonas la orilla de la seguridad. En cierto sentido, estabas perfectamente, pero te faltaba una cosa: la aventura. Te emociona adentrarte en lo desconocido. El corazón empieza a latir de nuevo, estás vivo de nuevo, totalmente vivo. Todas las células de tu ser están vivas porque has aceptado el desafío de lo desconocido.

Aceptar el desafío de lo desconocido, a pesar de todos los miedos, es valentía. Los miedos están ahí pero, si sigues aceptando el reto, poco a poco, esos miedos irán desapareciendo. La experiencia de felicidad que nos produce lo desconocido, el gran éxtasis que empieza a suceder con lo desconocido, te vuelve más fuerte, te da integridad, agudiza tu inteligencia. Por primera vez, empiezas a sentir que la vida no es sólo aburrimiento, sino aventura. Después, poco a poco irán desapareciendo los miedos y siempre estarás buscando alguna aventura.


Pero, básicamente, la valentía es arriesgar lo conocido por lo desconocido, lo familiar por lo no familiar, lo cómodo por lo incómodo, una ardua peregrinación a un destino desconocido. Uno nunca sabe si será capaz de conseguirlo o no. Es apostar, y sólo los jugadores saben lo que es la vida.

EL TAO DEL CORAJE
La vida no escucha tus razonamientos; va por su propio camino sin detenerse. Tú tienes que escuchar a la vida, la vida no va a escuchar tus razonamientos, no le interesan tus disquisiciones.
Cuándo vas por la vida, ¿qué te encuentras? Se acerca una gran tormenta, y los árboles grandes se caen. Deberían sobrevivir, según Charles Darwin, porque son los más aptos, los más fuertes, los más poderosos. Fíjate en un viejo árbol de ocho metros de altura y trescientos años. La misma presencia del árbol da fuerza, da sensación de fuerza y poder. Hay millones de raíces que se han extendido por la tierra, profundizando para que el árbol esté de pie con todo su poder. El árbol, por supuesto, lucha, no quiere claudicar, no quiere rendirse... pero cae durante la tormenta, muere, ya no está vivo y toda la fuerza que tenía se ha ido. La tormenta ha sido demasiado, la tormenta siempre es demasiado, porque viene de la totalidad y el árbol sólo es individual.

También hay plantas pequeñas y hierba corriente; cuando llega la tormenta la hierba cede, por eso la tormenta no puede hacerle daño. Como mucho la limpiará bien, nada más; arrastrará toda la tierra que se haya ido acumulando sobre la hierba. La tormenta le da una buena ducha, y cuando se acaba, las pequeñas plantas y las hierbas están de nuevo bailando felices. La hierba casi no tiene raíces, hasta un niño la puede arrancar, pero ha vencido a la tormenta. ¿Qué ha ocurrido?

La hierba ha seguido el camino del Tao, el camino de Lao Tzu, y el árbol ha seguido el camino de Charles Darwin El gran árbol era muy racional: intentó resistirse, intentó demostrar su fuerza. Si intentas demostrar tu fuerza, serás derrotado. Todos los Hitlers, Napoleones y Alejandros son árboles grandes, fuertes. Serán derrotados. Los Lao Tzus son pequeñas plantas: nadie las puede derrotar porque siempre están dispuestas a ceder. ¿Cómo vas a derrotar a alguien si está dispuesto a ceder, si dice: «Ya me has derrotado», si dice: «Señor, disfrute de su victoria, no hace falta que se moleste, ya me ha vencido»? Incluso un Alejandro se sentiría inútil delante de un Lao Tzu no podría hacer nada. Esto es exactamente lo que sucedió...


En la época de Alejandro había un sannyasin, un místico que se llamaba Dandamis; en esa época Alejandro estaba en India. Cuando se iba a marchar a India, los amigos le dijeron que a la vuelta debía traerles un sannyasin, ya que esa rara flor sólo florecía en India.  Trae un sannyasin  le dijeron . Vas a traer muchas cosas pero no te olvides de traemos un sannyasin, queremos conocer el fenómeno del sannyas, qué es, qué es exactamente un sannyasin.

Estaba tan entregado a las guerras y las luchas que estuvo a punto de olvidarse; pero al regresar, justo en la frontera de India, de repente se acordó. Cuando estaba a punto de abandonar el último pueblo, le pidió a sus soldados que fuesen al pueblo y preguntasen si había algún sannyasin por los alrededores. Dió la casualidad de que allí, al lado del río, estaba Dandamis, y la gente dijo:  Has preguntado en el momento oportuno, has llegado en el momento oportuno. Hay muchos sannyasins, pero siempre es raro encontrar un verdadero sannyasin, y ahora está aquí. Puedes recibir darshan, puedes visitarle.

Alejandro se rió y dijo:  No he venido aquí para recibir darshan, irán mis soldados a buscarle. Me lo llevaré a la capital de mi país.
 No va a ser tan fácil  dijeron los aldeanos.

Alejandro no podía creerlo, ¿qué dificultad podía haber? Había conquistado a emperadores y grandes reyes, ¿qué dificultad podía tener con un pobre mendigo, un sannyasin? Los soldados fueron a encontrarse con el tal Dandamis que estaba desnudo en la orilla del río.  Alejandro Magno te invita a acompañarle a su país  le dijeron . Tendrás todas las comodidades y te proporcionará todo lo que necesites. Serás huésped del rey.

El faquir desnudo se rió y dijo:  Decidle a vuestro amo que quien se llama a sí mismo magno no puede ser magno. Y nadie me puede llevar a ningún sitio... un sannyasin se mueve como las nubes, con libertad absoluta. No soy esclavo de nadie.

 Debes haber oído hablar de Alejandro Magno, es un hombre peligroso. Si le dices que no, no te hará caso, simplemente te cortará la cabeza  le dijeron.

El sannyasin dijo:  Es mejor que le digáis a vuestro maestro que venga, quizá pueda entender lo que estoy diciendo.

Alejandro tuvo que ir, porque los soldados volvieron y le dijeron:  Es un hombre extraño, luminoso, emana algo del más allá. Está desnudo, pero en su presencia no lo notas, sólo te das cuenta después. Es tan poderoso que en su presencia te olvidas de todo el mundo. Es magnético, y está rodeado de un enorme silencio; es como si los alrededores gozasen con su presencia. Vale la pena verle, pero parece que el pobre hombre va a tener problemas, porque dice que nadie le puede llevar a ningún sitio, que no es esclavo de nadie.

Alejandro fue a verle con la espada desenvainada. Dandamis se rió y dijo:  Baja tu espada, aquí no te servirá de nada. Vuelve a envainar la espada; aquí no te servirá de nada porque sólo puedes herir mi cuerpo, y hace tiempo que lo abandoné. Tu espada no me puede herir, por tanto vuelve a guardarla; no seas infantil.

Y se dice que ésta es la primera vez que Alejandro obedeció las órdenes de alguien, porque en presencia de este hombre no podía recordar quién era. Volvió a guardar la espada en su vaina y dijo:

 Nunca he conocido a un hombre tan bello.  Cuando volvió a su campamento dijo : Es difícil matar a un hombre que está dispuesto a morir, no tiene sentido hacerlo. Puedes matar a alguien que se resiste, entonces, tiene algún sentido; pero no puedes matar a alguien que te está diciendo: «Ésta es mi cabeza, córtamela.»

Y Dandamis realmente dijo:  Ésta es mi cabeza, córtamela. Cuando caiga, verás cómo rueda por la arena, y yo también veré cómo cae en la arena, porque no soy el cuerpo. Soy un testigo.

Alejandro tuvo que comunicárselo a sus amigos:  Podía haber traído algunos sannyasins, pero no eran sannyasins. Luego me encontré con un hombre que era realmente extraño; teníais razón en lo que decíais, es una rara flor, pero nadie le puede obligar porque no tiene miedo a la muerte. Si una persona no tiene miedo a la muerte, ¿cómo puedes obligarle a hacer algo?


Tu miedo es lo que te esclaviza, es tu miedo. Si no tienes miedo ya no eres un esclavo; de hecho, tu miedo te obliga a esclavizar a los demás antes de que ellos te esclavicen a ti.


La persona que no tiene miedo, no le tendrá miedo a nadie y nadie le temerá. El miedo desaparece completamente.

 

¿QUE TIPO DE MENTE TIENES?

Escrito por Walter Riso   
La función del hombre sabio consiste, sobre todo, en deliberar rectamente…Y delibera rectamente, en el sentido más estricto de la palabra, quien apunta en sus cálculos hacia las más altas actividades abiertas del hombre” Aristóteles

Las personas tienen formas distintas de relacionarse con la información disponible en sus cerebros. Existen mentes que parecen de piedra: inmóviles, monolíticas, duras, impenetrables y rígidas, donde la experiencia y el conocimiento se han solidificado de manera sustancial e irrevocable con el paso de los años. Hay mentes que podríamos llamar Liquidas, que no se interesan por nada y se acomodan a las demandas de la vida sin fijar posiciones de ningún tipo; mentes sin cuerpo propio, informes, incoloras, sin constancia ni sustancia e indolentes. Y también existen las mentes Flexibles, que funcionan como la arcilla; no son insustanciales como las mentes liquidas, pero tampoco están definidas de una vez para siempre como las mentes de piedra. Pueden avanzar, modificarse, reinventarse, crecer, actualizarse, revisarse, dudar y escudriñar en las mismas sin sufrir traumas.
1. LA MENTE RIGIDA
El mecanismo básico de las personas rígidas es la resistencia a cambiar cualquiera de sus comportamientos, creencias u opiniones, aunque la evidencia y los hechos les demuestren que están equivocadas.
La mente rígida vive en un limbo facilista, distorsionado y altamente peligroso.
Facilista, porque tapa el sol con el dedo y se atrinchera en la lógica: “Si siempre fue así, por algo es”.
Distorsionado, porque los procesos de toma de decisión están saturados de sesgos y errores cognitivos, de los cuales no suelen ser conscientes.
Y Peligroso, porque  cuando las personas rígidas son confrontadas con argumentos sólidos, se vuelven profundamente irascibles, autoritarias e impositivas.
 Algunas desventajas de la mente rígida:
·        Niveles altos de estrés y depresión
·        Baja tolerancia a la frustración: hace pataletas
·        Malas relaciones interpersonales
·        Dificultad en la toma de decisiones
·        Déficit en la resolución de problemas
·        Miedo a cometer errores y al cambio
·        Angustia por no tener el control de las cosas
·   Alteraciones laborales, sexuales, afectivas y demás, porque toda persona rígida busca un perfeccionismo inalcanzable.
2. LA MENTE LIQUIDA
¿Quién no ha estado alguna vez con alguien que lo único que hace es no tomar partido de nada o adopta alternativamente posiciones contradictorias sin intentar resolverlas o siquiera comprenderlas?. Una mente indefinida y apática es una mente voluble y despersonalizada, que no es capaz de reconocerse a sí misma. Es líquida: se escapa, se derrama, toma la forma del recipiente que la contiene o permanece indefinida e inconsistente. Vaciada de toda idea, no fija posición ni se compromete.
La mente liquida pone todo el control afuera, se deja llevar por la marejada y, por eso, es mediocre y trivial. la motivación se convierte en algo tan instantáneo y volátil, que la sola idea de profundizar produce molestia, pero no por miedo a que las ideas tambaleen como haría el dogmático, sino por simple y llana pereza.

3. LA MENTE FLEXIBLE
No está fija en un punto ni se desliza por cualquier parte sin rumbo, sino que posee una dirección renovable. A la mente flexible le gusta el movimiento, la curiosidad, la exploración, el humor, la creatividad, la irreverencia y, por sobre todo, ponerse a prueba.
La mentalidad amplia o abierta utiliza el pensamiento crítico como guía de sus decisiones. Se opone al dogmatismo en tanto es capaz de dudar de lo que ya cree cuando hay por qué dudar, es decir, cuando la lógica (buenos argumentos) y la evidencia (el peso significativo de los hechos) la cuestión y, por lo tanto, la obligan a examinar en serio los propios esquemas.
¿Y la Fe? ¿Existe la Fe flexible? Para mí, existe la Buena Fe. En la Buena Fe, la razón no muere, se mezcla con el corazón, generando una decisión que implica el ser total.
Tres principios de la mente Flexible
1. La excepción a la regla: Buscar la excepción, la irregularidad de ciertas pautas establecidas, sugiere aterrizar las ideas, someterlas a contrastación y humanizarlas. Implica poner la certeza en remojo. La mente flexible confronta los principios, criterios o mandatos, tratando de definir las fronteras a partir de las cuales dejan de funcionar.
2. El camino del medio: Lo que intenta la mente flexible es establecer una carretera por donde transitar con moderación, sin asfixiarse ni darse contra las paredes. La búsqueda del camino del medio aparece en prácticamente todas las tradiciones filosóficas y espirituales con distintas denominaciones: “Camino del medio”(Buda), “Armonía” (Confucio), “Equilibrio dinámico”(Lao Tse) o “Prudencia” (Tomas de Aquino). ¡Pero incluso el camino del medio tiene excepciones!: ¿Cuál sería el punto medio de un violador? ¿Violar solo un poco? Hay “vicios” que no permiten sino la exclusión.
3. El Pluralismo: La mente flexible es responsiva y sensible a otros puntos de vista sin verse necesariamente en la obligación de aceptarlos. Incluye a los demás, viaja con ellos, intentando averiguar sus respectivos fundamentos y su parecer. Pero este viaje solo es posible si se hace con humildad, sin la vanidad del que se las sabe todas.
Algunas ventajas de la mente flexible:
·        Las relaciones interpersonales son amables y constructivas
·        Viven en paz consigo mismo
·        Las cosas fluyen sin tantos requisitos
·        Los niveles de estrés y depresión bajan
·        Crecen y desarrollan su potencial humano
·        La risa y el humor forman parte de su vida cotidiana
·        Los niveles de prevención y desconfianza bajan
·        Mejora el sueño y todas las actividades somáticas
·        Las personas se sienten más felices y se aproximan más a la sabiduría.


sábado, 9 de junio de 2012

CREER ES PODER

 
Tomado del libro Yo Soy Escrito por HOWARD FALCO 

“Un montón de piedras dejará de ser eso en el momento en que un solo hombre las contemple y evoque la imagen de una catedral”
Antoine de Saint-Exupéry

Una de las comprensiones más importantes en el camino del conocimiento propio es que tú creas tu propia experiencia de vida. A través de tus cinco sentidos, puedes experimentar infinitas combinaciones y manifestaciones de la materia en el mundo.  Por medio de los sentidos de la vista, el gusto, el tacto, el oído y el olfato, tú generas una experiencia a la que simultáneamente le das un significado.  El significado que le atribuyas basado en tu percepción del acontecimiento o la experiencia revelará qué tanto te “importa”. Tu percepción e interpretación son los que determinan la calidad de tu experiencia.

Solo recientemente la humanidad ha entendido cómo se crea la materia.   Los últimos avances en los equipos utilizados en la ciencia moderna nos han permitido estudiar la materia hasta su nivel más básico. Este avance ha producido una situación interesante. La información descubierta por los científicos en el campo de las partículas o en la física cuántica durante el último siglo ha producido un importante cambio de paradigma en la conciencia que apenas comienza a generalizarse.


La conclusión de los científicos es que el observador determina la experiencia de lo observado.  Así pues, la materia es creada por la intención de un observador o grupo de observadores. La observación produce conciencia, que es pensamiento. ¡El pensamiento, la atención y la intención crea la materia!


Lo único que importa es lo que haces que importe. Por lo tanto, tú creas la materia
.
Cuando la energía de la intención creativa se añade a la idea de una posibilidad en particular, el resultado es el milagro de la materia manifestada. La onda se convierte en partícula.  La idea original de construir las grandes pirámides de Egipto se convirtió en una creencia en esa posibilidad, que suscitó la intención de los egipcios y originó los actos de miles de constructores, materializándose en las pirámides que, treinta siglos después, todavía pueden ser visitadas por los turistas.   La idea de la bombilla de luz eléctrica en la mente de Thomas Edison condujo al proceso de su invención y a que se hiciera realidad. La idea original de la construcción de la Gran Muralla china (que requirió siglos de actividad para convertirse en una realidad) dio lugar a su creación.


Del mismo modo, la idea de diseñar una máquina voladora, combinada con una creencia y unos actos, produjeron los inventos que han evolucionado en el sistema masivo de transporte aéreo que tenemos en la actualidad.   La idea del trasplante de órganos se ha convertido en una experiencia real en el mundo moderno gracias a la creencia de que dicho procedimiento era posible, así como la intención de materializarlo.

Todo lo que hay en la creación ocurrió en primera instancia como una conciencia de lo que era posible. Una idea que se convierte en una creencia se hace real por medio de los actos intencionales y la energía empleada en su creación, haciendo que sea una realidad.

“Un montón de piedras dejará de ser eso en el momento en que un solo hombre las contemple y evoque la imagen de una catedral” Antoine de Saint-Exupéry

Cada pensamiento de lo que es posible en este mundo nace de todos los pensamientos anteriores sobre lo que se creía posible, los fueron expresando hasta concretarse en la forma en que existen actualmente. De no ser por todos los descubrimientos anteriores, la idea del trasplante de órganos no habría sido siquiera una posibilidad en la Medicina.  Sin el pensamiento y la creación de la máquina de vapor, la idea de cómo crear y hacer funcionar un avión tampoco habría sido posible.  Sin la invención del vidrio y el alambre, el diseño de la bombilla no habría sido siquiera imaginable.

Con fe e intención todo es posible.

Todo lo que existe en la actualidad ha surgido de todas las posibilidades actualizadas que ocurrieron anteriormente. Toda invención de un nuevo material o creación orgánica es el resultado de una evolución de todas las creencias y creaciones anteriores.  La materia continúa brotando a partir de todo lo que ha surgido antes.  La dirección de este camino no se encuentra en línea recta ni en círculo. Más bien, se halla en una espiral donde cada evolución o revolución surge a partir de lo que apareció anteriormente.  Esta es la conciencia de la creación, siempre en constante evolución.
Tomemos tu caso, por ejemplo.  Eres el resultado de la fusión de un porcentaje de todos los genes de tus antepasados. Eres el producto de dos padres que nacieron de cuatro, quienes surgieron a su vez de otros ocho, los cuales provinieron de 16, y estos de 32, y así sucesivamente. Si nos remontáramos quinientos años en tu árbol genealógico, veríamos que eres el producto del ADN de más de 100.000 personas.

Todo acontece gracias a esta aventura de la aparición. Todo es perfección creada a partir de una expresión de perfección anterior.   Todo proviene del “océano” del potencial infinito para manifestarse en la experiencia finita de una realidad. Tú provienes del campo de la posibilidad infinita para cumplir un propósito perfecto dentro de la matriz de conciencia colectiva de todo el Universo es la que te ha dado la vida.  
Mientras te ves a ti mismo como un creador de materia, piensa en todas las cosas que has decidido crear en tu experiencia actual: tus amistades y relaciones, posesiones, empleo, ropa, aficiones, alimentos, y diversas formas de entretenimiento. Cada una de esas cosas está presente en tu vida gracias al acto de poner tu concentración o intención en ellas o en algo relacionado con ellas.  Si no creas la experiencia de estas cosas, ¿entonces cómo podrán continuar en tu realidad?

Tú podrás decir: “Pero yo no elegí este empleo, tuve que aceptarlo porque no tenía otra opción”.  Sin embargo, tú creaste la experiencia continua de tu empleo al no buscar otra posibilidad.  También podrías decir: “Yo no elegí a mis vecinos”.  Pero si todavía vives a su lado, significa que no has decidido alejarte de ellos, y los mantienes vivos en tu experiencia de la realidad al decidir permanecer en el mismo lugar.  No se trata de decir que deberías mudarte si no te gustan tus vecinos, sino de expresar que el modo en que experimentas las cosas de tu mundo cotidiano está basado en tus elecciones.


Si te cansas de una prenda, la regalas y ya no será parte de tu experiencia.  Si luego sueñas con el suéter ideal para ti y lo buscas en las tiendas, seguramente lo encontrarás.  Y si lo deseas con todas tus ansias y no lo encuentras en ninguna tienda, puedes contratar a un tejedor.  Tú harías que fuera un objeto real a través del poder de la intención creativa.


Esto funciona tanto a nivel colectivo como individual.  Si un número suficiente de televidentes no sintoniza un determinado programa, este será retirado del aire.  Si los niveles de audiencia bajan, será remplazado por otro.  Si un buen número de personas desaprueba las decisiones  del gobierno de un país democrático, pedirán la renuncia de sus funcionarios, expresando así su descontento.  Tu realidad en un momento dado siempre refleja el estado de la voluntad creadora de la conciencia individual y colectiva predominante.


Lo que a ti te importa obtiene su existencia a partir de tus creencias sobre quién eres.


Quién creas ser es algo que está directamente relacionado con tu intención de experimentar un acontecimiento determinado y esto se refleja de inmediato en los actos que realizas para llevar la experiencia deseada a tu conciencia.  Una buena noche de sueño, una comida deliciosa, una relación amorosa satisfactoria, un automóvil nuevo, un empleo diferente, unas vacaciones agradables… la lista es casi interminable.  Cada deseo tiene un camino y un conjunto diferente de condiciones que deben cumplirse para que la experiencia sea creada. Sin embargo, el deseo de disfrutar de una buena comida seguramente exige menos requisitos y determinación que tener una relación amorosa satisfactoria.


Con frecuencia, si experimentas primero el resultado de aquello que no deseas, tu intención te dará la conciencia necesaria de lo que necesitas para crear lo que deseas.  
Si quieres tener unas vacaciones inolvidables o una relación perfecta, primero deberías tener una o dos insatisfactorias, con el fin de adquirir los conocimientos que utilizarás para tomar decisiones mucho más centradas.   Esto aumenta la probabilidad de tener unas vacaciones inolvidables o una relación perfecta.  La intención es la palabra clave aquí.  Tu intención impulsa todos los actos que crean aquello que tú deseas.

Para que la intención se convierta en una realidad, debes aprender a adquirir la conciencia necesaria para manifestarla.  Esto puede incluir el hecho de aceptar tanto las experiencias deseadas como las no deseadas.


Tu percepción sobre lo mucho que te afecte algo es lo que da peso, impacto, energía y duración en tu vida a ese “asunto” en particular.  Si te resistes a la verdad que te ha ofrecido el acontecimiento, estarás aplazando esa experiencia, y la atención que le prestes por medio de tu resistencia a la misma, la mantiene viva como parte de tu existencia.


Algo es materia y te afecta hasta que deja de importarte.


La diferencia entre cuánto te afecte el fallecimiento de tu tía y el de tu hermano menor se basa en tus creencias sobre la forma en que su fallecimiento te afecta a ti y al mundo que te rodea.  Todo lo que ha sido creado y observado tienen una intención original para el observador que lo experimenta.  La materia no puede existir sin la intención.  Para pasar del campo de las posibilidades infinitas a una forma finita tiene que haber una intención subyacente.  
Cada acontecimiento observable tiene un significado y un propósito para quienes están interactuando con él, o de lo contrario no habría surgido desde el ámbito de la posibilidad para ser experimentado por ti.

Toda la creación está diseñada para que seas consciente de todas las posibilidades infinitas que existen en cada momento.


Tú tienes todo el control sobre la manera como experimentas la realidad basado en tus elecciones y decisiones sobre lo que te parece importante en tu vida. Estas elecciones y decisiones sobre lo que te parece importante en tu vida. Estas elecciones y decisiones se originan en tus creencias sobre ti mismo. 
Aquel que crees ser le da vida y sentido a la materia que hay a tu alrededor.  Tú has elegido la experiencia de tu vida de una forma creativa por una razón, esperando que la percibas y comprendas a medida que avanzas por el camino de la expansión de tu propia conciencia.

miércoles, 6 de junio de 2012

DEPENDENCIA SEXUAL MASCULINA

Extraído del libro Intimidades Masculinas escrito por Walter Risso

“Los hombres estamos locos, la poca libertad que nos concede el Gobierno, nos la quitan las mujeres” Cesare Pavese

El deseo irresistible y desbocado por las mujeres es una realidad que afecta a la generalidad de los hombres.  La gran mayoría de los varones, tarde o temprano, nos rendimos al incontenible impulso que nos induce, sin compasión y desalmadamente, no ya a la reproducción sino al placer del sexo por el sexo.  La dependencia sexual masculina se hace evidente en el erotismo que tiñe prácticamente toda nuestra cultura: la demanda es desesperada y la oferta no tiene límites.

El incremento alarmante de violaciones, prostitución, abuso infantil, acoso sexual y consumo masivo de pornografía violenta, entre otros indicadores, evidencian que en el tema de la sexualidad algo se nos salió de las manos.  La prevalencia de parafilias (un tipo de trastorno sexual) que se producen violentamente y contra la voluntad de las otras personas, como el sadismo sexual y la pedofilia (preferencia sexual por los niños), ha aumentado ostensiblemente. Los hombres mantenemos un liderazgo definitivo en esto de las desviaciones sexuales, ya sean peligrosas, simpáticas o inofensivas.  En el masoquismo, que es donde menos mal estamos, aventajamos a las mujeres en una proporción de 20 a 1.  Las otras alteraciones como el exhibicionismo, el fetichismo (actividad sexual compulsiva ligada a objetos no animados como ropa, zapatos, lencería de mujer, etc.), el voyerismo (observar ocultamente actividades relacionadas con lo sexual), el travestismo, y el sadismo y la pedofilia que ya nombré, no parecen existir en el 99% de las mujeres.

Por el contrario, los llamados trastornos del deseo sexual, es decir, desgano por el sexo, son mucho más frecuentes en mujeres que en varones.

El sexo ejerce sobre nosotros, los hombres, la mayor fascinación.  De una manera no siempre consciente pensamos casi todo el día en eso, nos gusta, nos atrae, lo extrañamos, lo necesitamos como el aire y, lo más importante, lo exigimos.  Si algún osado varón decide eliminarlo de una vez por todas, sin cirugías y a plena voluntad, la tarea suele quedarle demasiado grande; nadie está exento.  Mientras una mujer promedio puede estar tranquila durante meses sin tener sexo, el varón normal, al mes o mes y medio, empieza a sentir cierta inquietud interior que luego se transforma en incomodidad, y más tarde en barbarie.  La libido comienza a nublarse la vista y a maltratar su organismo, e incluso su inteligencia comienza a debilitarse.  Un mal humor y cierta quisquillosidad imposible de ocultar afectan su entorno inmediato, sobre todo cuando amanece. 

La mayoría de los hombres, salvo honrosas excepciones como los eunucos y algunos célibes, no sabe ni puede vivir sin esta tremenda fuerza vital funcionando.  El sexo nos quita demasiado tiempo y energía.  Si esto no es adicción, se le parece mucho.

La nueva masculinidad quiere canalizar esta primitiva y encantadora tendencia. Jamás eliminarla, no está de más la aclaración, sino reestructurarla, reacomodarla y tener un control más sano sobre ella. No estoy hablando de “asexualizar” al varón, eso sería desnaturalizarlo; el sexo nos gusta y eso no está en discusión.  A lo que me refiero es a romper con la adicción, a querer más nuestro cuerpo y a diluir un poco más el sexo en el amor, a ver qué pasa.  Ni la restricción mojigata, aburrida y poco creativa que maligniza y flagela la natural expresión sexual, ni la decadencia de la sexualidad manifestada en un afán compulsivo y desordenado por el éxtasis, que no nos deja pensar y nos arrastra a la humillación.

Tres aspectos han colaborado para que la adicción y la decadencia de la sexualidad masculina sea una realidad:

-Un primer factor lo encontramos en el Culto al Falo.   Desde tiempos inmemorables y en casi todas las culturas, estatales, tribales y pre-estatales, han existido ceremoniales de veneración al miembro masculino, a su tamaño y a sus funciones mágicas. Muchos pensadores, religiosos, científicos y filósofos también han contribuido a la devoción fálica. Algunos como Aristóteles llegaron a atribuir al semen propiedades celestiales, considerándolo un fluido metafísico y la esencia misma de la vida y la identidad.

-La segunda causa debemos buscarla en los patrones de Educación sexual del varón, si es que los hay. Uno de los mayores miedos de los padres hombres es a tener un hijo homosexual; por eso, cuantas más muestras de heterosexualidad ofrezca el vástago, mejor.  Recuerdo que cuando mi primo tenía 5 años le comentó a su padre, inmigrante napolitano y machista, que si era verdad que los hombres también podían hacerlo entre sí.   Aterrorizado por la pregunta, mi tío decidió cortar la cosa de raíz y crear inmunidad de por vida: “¡Cuidado! ¡Los hombres que hacen eso quedan inválidos!”. Fue tajante y contundente.  Mi primo y yo nos miramos, como diciendo: “¡Qué interesante!”.  El problema fue que nuestro consejero sexual no previó las consecuencias. A los pocos días, esperando que cambiara un semáforo en rojo, vimos pasar a un señor de mediana edad en silla de ruedas.  Nuestra impresión fue enorme. No solo no pudimos disimular nuestra sorpresa, sino que decidimos tomar partido y ser solidarios con la causa de los verdaderos machos.  Al instante, sacamos la cabeza por la ventanilla y, ante la mirada atónita del pobre señor y demás transeúntes, comenzamos a esgrimir las sagradas consignas: “¡Mariquita!”, “¡Mariquita!”, “¡Degenerado!”. “¡Ya sabemos lo que hiciste!”, “¡Mariquita!”…

-Una tercera variable que predispone marcadamente a la adicción está relacionada con el Placer Biológico. Aunque en el hombre el goce sexual no siempre está atado a la eyaculación, ya que puede haber orgasmos sin eyaculación o viceversa, casi en la totalidad de los casos, orgasmo (placer) y eyaculación van de la mano.  Es decir, para procrear de manera natural, el varón sólo puede hacerlo desde el placer. Hasta hace poco, cuando los métodos artificiales de procreación estaban en pañales y la naturaleza mandaba, la conclusión era definitiva: si se acababa el placer sexual, se acababa la especie. Esta hipótesis, más allá de excusar o justificar cualquier exceso sexual masculino o el atropello de los derechos femeninos, simplemente podría estar indicando una de las causas del escaso autocontrol masculino frente a su actividad sexual. 

La mujer funciona distinto. Aunque ella posee una gran capacidad para sentir y disfrutar del sexo tanto o más que el hombre, el orgasmo femenino no es una condición biológica directa para la concepción.

La perspectiva presentada muestra claramente que en la conformación de la dependencia sexual masculina se entrelazan lo biológico y lo cultural de manera compleja.  Sin embargo, pese a su larga y aplastante tradición, esta tendencia negativa está comenzando a revertirse.  Una sexualidad masculina que se desarrolla fundamentalmente lejos de la adicción, y más cerca del afecto, se está gestando. 

Este cóctel, asombroso y extraño para muchos varones, produce una nueva e interesante forma de éxtasis, más intensa e impactante y mucho más sana.  Y es apenas natural, porque cuando la energía sexual masculina se fusiona con la del amor ocurre una gran explosión interior que rebasa todo apego y nos coloca en el umbral de la trascendencia.  En realidad, cuando esta comunión se da estamos tan cerca de la iluminación que no podemos hacer otra cosa que morirnos de la risa.
 

AVENTURAS ESPORÁDICAS VS. RELACIONES ESTABLES

Extraído del libro La Fidelidad es mucho más que amor escrito por Walter Risso
 
“El hombre es fuego, la mujer estopa, y viene el viento y sopla…”


Mientras el 40% de los hombres prefieren las aventuras de un día, sólo el 2% de las mujeres aceptan este tipo de infidelidad “ultrarrápida”.  El engaño femenino suele exigir algo más que simple sexo, ésa es la razón por la cual el 80% de los embelecos femeninos ocurren con conocidos o amigos: el afecto arrastra al erotismo. Independiente del sexo, la mayoría de la aventuras que comienzan con gente cercana (colegas, compañeros de ocio, secretarias, vecinos, amigas) terminan convirtiéndose en una especie de telenovela tormentosa. Cuando se asciende (o desciende) a la categoría de amantes, el universo entero tiembla.

Estamos de acuerdo en que si hay “rompimiento traicionero” de lo pactado, hay infidelidad.  En eso no hay discusión.  Uno no puede ser “un poco” infiel o “casi” fiel.  La ruptura del acuerdo se da o no se da. No obstante, parece que la gente considera que aunque haya adulterio no es lo mismo una aventura aislada sin vínculo emocional (una noche, unos días), que una relación “seria” y estable (meses, años).

Un señor que amaba profundamente a su esposa descubrió que ella había tenido una aventura sexual con el jefe.  Luego de una fiesta de oficina, la mujer había aceptado ir al apartamento del hombre y ahí había amanecido.  El percance adquirió dimensiones inusitadas porque al ver que no llegaba (¡se había quedado dormida!) intervinieron la policía, los hijos, los suegros, los padres, los vecinos. En fin, la hecatombe fue total y vox populi.  Ante la desesperación de los familiares, uno de los asistentes a la celebración no tuvo más remedio que contar lo que había pasado. Cuando el marido y algunos familiares llegaron al apartamento, la pescaron semidesnuda, pasmada y con las manos en la masa.

En la terapia de pareja, a la cual asistieron con la rapidez que demandaba la situación, se planteó un dilema fundamental: ¿Hay diferencia entre la locura de una noche (fugaz, irrepetible, desordenada) y la relación de amantes (constante, repetida y pensada)? ¿Tienen el mismo carácter traicionero? ¿Lo eventual y aislado merece igual sanción que lo permanente y estable? Por decirlo de alguna manera, ¿no sería más comprensible o “perdonable” la aventura esporádica? En el caso que estoy señalando, la respuesta a estas preguntas fue benévola para la relación.  Se llegó a la conclusión de que, aunque ella había sido evidentemente infiel, existían ciertos atenuantes que iban desde un anterior abandono afectivo del marido hasta el consumo de alcohol (la droga nubla todo esbozo de consciencia).  Se decidió intentar de nuevo.   El señor dejó establecido que jamás aceptaría la reincidencia, y ambos coincidieron que por ningún motivo perdonarían la infidelidad de un amante permanente: borrón y cuenta nueva.

Aunque en algunos apartados de este libro se analizará el tema de las aventuras, ya que son el caldo de cultivo donde puede prosperar la maraña afectiva de la doble vida, el presente texto está orientado principalmente a aquellas relaciones donde se ha configurado un vínculo estable con “el otro” o “la otra”; es decir, la relación de amantes, que es la más fuerte de las estafas sentimentales y la que mayores secuelas psicológicas conlleva.

No estoy disculpando la aventura casual, sino marcando una diferencia fundamental en la manera de ser infiel. Una relación extramatrimonial sostenida y reiterada implica, necesariamente, premeditación y alevosía.   El incendio está fuera de control y arrasa con todo lo que se atraviesa en el camino. La problemática principal es que el incendiario, sabiendo las consecuencias y pudiendo controlar el siniestro, le echa más leña al fuego.
Si tenemos en cuenta que la duración promedio de una relación de amantes fluctúa entre uno o dos años, es fácil imaginar los desastres, las desventuras y los desmanes que pueden ocurrir en tanto tiempo.

 

martes, 5 de junio de 2012

"Ten el Valor de equivocarte" Hegel

Tomado del libro Enamórate de ti escrito por WALTER RISO   

La mayoría de nosotros anda con un garrote invisible y especialmente doloroso con el que nos golpeamos cada vez que equivocamos el rumbo o no alcanzamos las metas personales. Los que no se quieren a sí mismos han aprendido a echarse la culpa por casi todo lo que hacen mal y a dudar del propio esfuerzo cuando hacen las cosas bien, como si tuvieran los cables cruzados. Si fracasan, dicen: “Dependió de mí”, y si logran ser exitosos en alguna cuestión, afirman: “Fue pura suerte”. Hay una subcultura del autosabotaje que ejerce sus influencias negativas y nos lleva a hacernos responsables más de lo malo que de lo bueno. No hay que ser tan duro con uno mismo.

El autoconcepto se refiere a lo que piensas de ti, al concepto que tienes de tu persona, así como podrías tenerlo de alguien más, y, como es lógico, tal concepción se verá reflejada en la manera en que te tratas a ti mismo: qué te dices, qué te exiges y cómo lo haces.
Puedes autorreforzarte y mimarte, o insultarte y no ver nada bueno en tu comportamiento, o también puedes ponerte metas inalcanzables y lacerarte luego por no alcanzarlas, como lo hace mucha gente, así parezca lo más irracional del mundo. Somos victimas de nuestras propias decisiones: cada quien elige amarse a sí mismo o no, aunque no siempre somos conscientes del daño que nos hacemos. Además de sobrevivir al medio y a la lucha diaria, también hay que aprender a sobrevivir a uno mismo: el enemigo no siempre está afuera.

LA MALA AUTOCRÍTICA.
La autocrítica es conveniente y productiva si se hace con cuidado y con el objetivo de aprender y crecer. A corto plazo puede servir para generar nuevas conductas y enmendar los errores, pero si se utiliza indiscriminada y cruelmente, genera estrés y afecta de manera negativa el autoconcepto. Si la usas inadecuadamente, terminarás pensando mal de ti mismo, hagas lo que hagas. He conocido gente que “no se cae bien a sí misma”, no se acepta y se rechaza de manera visceral (“Me gustaría ser más alto, más inteligente, más sensual, más eficiente…”, y la lista puede ser interminable). Se comparan todo el tiempo con quienes son mejores o los superan en algún sentido. Los escucharás decir con frecuencia: “No me aguato a mí mismo!” o “Soy un desastre!”. La expresión: “Más vale solo que mal acompañado” la remplazan por: “Más vale mal acompañado que solo”.


El mal hábito de estar haciendo permanentes revisiones interiores, duras y crudas, incrementa la insatisfacción con uno mismo y los sentimientos de inseguridad. Nadie aprende con métodos basados en la punición o el castigo. Me viene a la memoria un paciente que no hacía más que autocastigarse. Se insultaba una cincuenta veces al día en voz baja, se prohibía la mayoría de los disfrutes, como si fuera un faquir, y tenía tantas reglas y requisitos para vivir que le era imposible sentirse bien. Estaba tan limitado y confundido que ya no sabía en verdad quién era. El decía que se sentía como una fotocopia de sí mismo. Y no es exageración: a muchas personas les ocurre que cuando se pierden en los “debería” y las obligaciones autoimpuestas, ya no recuerdan como eran en realidad. Las máscaras psicológicas no solo agotan sino que te despersonalizan. El hombre, que apenas tenía treinta y cinco años, era incapaz de tomar decisiones por sí mismo y pedía permiso hasta para respirar. Mi paciente había crecido con la idea de que si no seguía estrictamente las pautas con las que lo habían educado, dejaría de ser una buena persona. Demasiada carga para cualquiera, y por eso cabe la pregunta: ¿Cómo hizo para sobrevivir a semejante asfixia normativa? Para sobrevivir a la represión autoimpuesta, desarrolló tres métodos: autocontrol excesivo, autobservación obsesiva y autocrítica despiadada. Tres garrotes mortales. Castigarse a sí mismo lo hacía sentir bueno, correcto y “salvado”. Cuando pidió ayuda profesional e hizo su propia revolución “Psicológico-moral”, llegó a la sana conclusión de que merecía maltratarse. Empezó a permitirse algunos deslices simpáticos como, por ejemplo, comerse un helado triple con chocolate y crema batida sin pensar en la gula, vestirse bien sin sentirse vanidoso o culpable, y mirar a una chica por la calle sin sentirse especialmente lujurioso.

El castigo sistemático, en cualquiera de sus formas, lo único que te enseñará es a huir de los depredadores y castigadores de turno; huir, y nada más. No resolverás el problema de fondo, no lo enfrentarás. Pero cuando hablamos de autocastigo el problema es que el verdugo seas tú mismo, y entonces lo llevarás a cuestas como una desventura: defenderte será como escapar de tu propia sombra. Infinidad de personas poseen un sistema de autoevaluación que las hacen sufrir día y noche, momento a momento e, inexplicablemente, sentirse orgullosas del martirio que se propician a sí mismas.


LA AUTORROTULACIÓN: ¿“SOY” O “ME COMPORTÉ”?
Una variación de la autocrítica dañina es la autorrotulación negativa: colgarse carteles que no hablan bien de uno mismo o dejar (y aceptar) que te los cuelguen los otros para ubicarte en alguna categoría que te hace daño. Las clasificaciones sociales (estereotipos) tienden a referirse a los demás en términos globales y no específicos, sin tener en cuenta las excepciones o los atenuantes. Lo mismo pasa cuando te rotulas negativamente a ti mismo: confundirás la parte con el todo. En vez de decir: “Me comporté torpemente”, dirás: “Soy torpe”. O: “Soy un inútil”, en vez de decir: “Me equivoqué en esto o aquello”. No es lo mismo afirmar: “Estoy comiendo mal”, que: “Soy un cerdo”. El ataque a mansalva y tajante al propio “yo”, a lo que eres, crea desajustes y alteraciones de todo tipo. Por el contrario, la autocrítica constructiva es puntual y nunca toca el fondo del ser como totalidad. Si le dijeras a la persona que amas: “¡Te equivocaste, eres un(a) idiota”, ¿Cómo se sentiría él(ella)? ¿Cómo reaccionaría? Le harías daño, ¿verdad? Pues de igual manera, atacar tu valoración personal, golpear tu valía, te afecta psicológicamente mucho más de lo que piensas.
LA AUTOEXIGENCIA DESPIADADA. Otras personas muestran la tendencia a utilizar estándares internos inalcanzables para evaluarse a sí mismos. Es decir: metas y criterios desproporcionados sobre hacia dónde debe dirigirse el comportamiento. Si la autoexigencia es racional y bien calculada, te ayuda a progresar psicológicamente, pero si no se calibra bien, puede afectar seriamente la salud mental. Los dos extremos son malos. Nadie niega que en ocasiones necesitamos una autoexigencia moderada o elevada para ser competentes; no obstante, el desajuste se produce cuando estos niveles de exigencia se hacen imposible de alcanzar. Por ejemplo: la idea de que debo destacarme en casi todo lo que hago, que debo ser el mejor a toda costa y que no debo equivocarme, son imperativos que llegan a convertirse en un verdadero martirio. Si ubicas la felicidad o la autorrealización exclusivamente en la obtención de resultados, muy pronto descubrirás la paradoja de que para “sentirse bien” deberás “sentirte mal”.
El bienestar dependerá de tantas cosas ajenas a tu persona, que te será imposible hacerte cargo de tus logros personales. La poeta Margaret Lee Runbeck dijo alguna vez: “La felicidad no es una estación a la cual hay que llegar, sino una manera de viajar”. Esa es la salud mental: viajar bien.
Aquellos que se obsesionan con el éxito y lo convierten en un valor, y además manejan esquemas rígidos de ejecución, viajan mal aunque quieran aparentar lo contrario. Quizás la felicidad no esté en ser el mejor vendedor, la mejor mamá, el mejor hijo o descollar en cualquier cosa, sino simplemente en intentarlo de manera honesta y tranquila, disfrutando mientras se lleva a cabo, en quedarse con el paisaje, mientras vas hacia dónde quieras ir. ¿Nunca has hecho un viaje con alguien que pregunta todo el tiempo “cuánto falta para llegar”, mientras ignora las cosas más bellas que pasan por su lado?

La concentración en el proceso es determinante para obtener un buen producto. Esta aparente contradicción (la de despreocuparse del resultado para alcanzarlo) no es tal y queda bien escenificada en la enseñanza zen sobre el arco y la flecha. Si el arquero se concentra en sus movimientos, en la respiración, en el equilibrio, sin estar pendiente de acertar, dará en el blanco con solo apuntar. Pero si dar en el centro y obtener el máximo puntaje se convierte en una cuestión determinante (obsesiva), la ansiedad bloqueará la fluidez de sus acciones y fracasará en el intento. Si posees criterios estrictos para autoevaluarte, siempre tendrás la sensación de insuficiencia, de no dar en el blanco. Tu organismo comenzará a segregar más adrenalina de lo normal y la tensión mental y física interferirá con el buen rendimiento para alcanzar las metas: entrarás al círculo vicioso de los que aspiran cada día más y tienen cada día menos.


TODO O NADA.
Los individuos muy autoexigentes utilizan un estilo dicotómico en la manera de procesar la información. Para ellos, la vida es blanco y negro, sin tener en cuanta matices: “Soy exitoso o soy fracasado”, “Soy capaz o incapaz”, “Soy inteligente o bruto”. Esta forma de pensar es errónea, porque no hay nada absoluto ni rigurosamente extremo. Si miramos el mundo de esta forma dejaremos de percibir los grises y los puntos medios. Cuando aplicas este estilo binario a la existencia, tu vocabulario se reducirá a palabras como: nunca, siempre, todo o nada. Chocarás con una realidad muy distinta a lo que te imaginabas.

La incapacidad de considerar caminos intermedios y el miedo a perder o a no alcanzar tus objetivos harán que ignores las aproximaciones a las metas personales. Para las personas que se mueven por el “
todo o nada”, los acercamientos no se ven ni se sienten o simplemente pasan inadvertidos. Dirán: “Estoy o no estoy en la meta”: verás el árbol, ero no el bosque.

CAMBIO Y REVISION.
Cambiar no es tarea fácil. No solo porque implica esfuerzo personal, sino por los costos sociales. Si alguien, valientemente, toma la difícil decisión de “viajar bien” y salirse de los patrones preestablecidos, la presión social será inexorable, en especial cuando las metas del individuo no son coincidentes con los valores del grupo de referencia. Cuando cambiamos la ruta convencional por una más atrevida y ensayamos caminos nuevos, la gente rígida y pegada a las normas nos rotulará como “inmaduros” o “inestables”, como si “no cambiar de rumbo” fuera sinónimo de inteligencia. Una rápida mirada a las personas que han jugado un papel importante en la historia de la humanidad muestra que la existencia de cierta “inestabilidad” e insatisfacción con las condiciones de vida reinantes son condiciones imprescindibles para vivir intensamente. La conformidad radical o el aplomo absoluto son baluartes que no mueven el mundo. No temas revisar, cambiar o modificar tus metas, si ellas son fuente de sufrimiento ¿De qué otro modo podrías acercarte a la felicidad?

SALVANDO EL AUTOCONCEPTO.
Veamos una guía que puede servirte para salvaguardar tu autoconcepto del autocastigo, la autocrítica y la autoexigencia indiscriminada.

1.    Trata de ser más flexible contigo y con los demás.
Estos indicadores pueden servirte a manera de resumen:
a)    Trata de no ser perfeccionista. Desorganiza un poco a ver qué pasa. Descubrirás que todo sigue más o menos igual.
b)    No rotules ni te autorrotules. 
c)    Concéntrate en los matices. Piensa más en las alternativas y en las excepciones a la regla.
d)    Escucha a las personas que piensan distinto a ti.
Recuerda: si eres inflexible y rígido con el mundo y las personas, terminarás siéndolo contigo mismo.

2.    Revisa tus metas y las posibilidades reales de alcanzarlas.
Si te descubres intentando subir algún monte Everest y te estás angustiando, tienes dos opciones racionales: cambias de montaña o disfrutas el paseo.

3.    No observes en ti solo lo malo.
Si de noche lloras por el sol, no verás las estrellas”.

4.    No pienses mal de ti.
Afortunadamente no eres perfecto ni tan horrible, aunque te empeñes en serlo. El costo de crecer como ser humano es equivocarse y “meter la pata”: concierne a una ley universal inescapable.

5.    Quiérete la mayor cantidad de tiempo posible.


6.    Trata de acercar tu “yo ideal” a tu “yo real”.
Si has idealizado demasiado lo que deberías ser, lo que eres te producirá fastidio.

7.    Aprende a perder.
Existe una resignación sana cuando los hechos te embisten y puedes verlos objetivamente: persistir testarudamente en una meta suele convertirse en un problema. A veces hay que despertar de los sueños, porque no se harán realidad, y esto no te hace ni mejor ni peor, sino más realista y aterrizado.

Eres una máquina especial dentro del universo conocido, no te maltrates ni te insultes. Para ser exitoso no necesitas del autocastigo.

domingo, 20 de mayo de 2012

LA MUJER QUE DECIDIÓ VENGARSE


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Escrito por WALTER RISO   
Tomado del Libro La Fidelidad es mucho más que Amor
“Nadie sabe cuán dulce es la venganza ni con qué ardor se la puede desear si no ha sufrido la ofensa” Boccaccio
La venganza es rabia y agresión dirigida a reparar alguna lesión física o psicológica. No es defensiva sino retaliativa. Erich Fromm decía que el impotente y el inválido no tienen más que un recurso para restablecer la autoestima si ésta fue lastimada: tomar venganza de acuerdo con la ley del talión: “ojo por ojo”.

Aunque criticable desde el punto de vista ético, al igual que cualquier tipo de violencia, para muchos el desquite posee la visión idealista de la equidad. Atacar defensivamente cuando el daño ya está hecho no tiene mucho sentido desde el punto de vista de la supervivencia física, pero quizá posea cierto efecto psicológico reparador y tranquilizador. La satisfacción y el restablecimiento del honor: la ofensa y la vendetta van de la mano.


Cuando la venganza se coloca a favor del amor maltrecho, los móviles pueden ser muchos: quedar mano a mano, pagar con la misma moneda, herir como nos han herido, la envidia de querer ejercer el mismo derecho o simplemente recuperar el equilibrio del poder: “Me cansé de ser menos que tú”. Un golpe de estado afectivo para nivelar la relación y aplastar a la pareja hasta ponerla por debajo.

Gladys reunió todos estos motivos durante más de veinte años de matrimonio. Cuando se casó, nunca pensó que el atractivo físico de su esposo fuera causa de preocupación o siquiera de un problema. Todo lo contrario. Se sentía afortunada de haber logrado atrapar al más cotizado de los solteros. Y aunque ella no era ninguna reina de belleza, tenía su gracia: “Una negrita adorable”, como solía decirle él, entre cariñoso y compasivo.

Como suele ocurrir, el paso de los años es más benévolo en los hombres que en las mujeres, y especialmente en lo relacionado con la parte física. A Gladys rápidamente la invadieron las arrugas, la celulitis, la caída de los senos, la flacidez del abdomen y dos o tres mechones blancos, evidentemente indiscretos. Para su esposo, el tiempo se había detenido. Era terrible verlo cada día más joven y admirado. Cada cana era un pincelazo sugestivo que aumentaba su encanto. Por alguna extraña razón, no sacaba panza y los músculos mantenían su dureza. Tener un marido “inmortal” se había convertido en la peor tragedia. Debía hacer verdaderos malabares para adecuarse a la estética del señor. Durante un tiempo tuvo la aterradora impresión de que él crecía, es decir, que estaba más alto que antes, hasta que una amiga le hizo ver que la que se achicaba era ella.

Los festejos que seguían al lanzamiento de un nuevo producto se habían convertido en una pesadilla, sobre todo cuando la presentaban como la mujer del patrón. Los más prudentes sonreían atentamente y emitían un sintético: “Ah!... Su esposa…” Al parecer esperaban otra cosa. A lo mejor una ejecutiva de alto vuelo y estatura, más estilizada y con una hoja de vida del tamaño de un directorio telefónico. No es que fuera poco presentable, sino que no parecía encajar con él. Había que reconocer que la profesión de terapista ocupacional especializada en gerontología no se ajustaba al mundo empresarial dinámico, competitivo y un tanto insensible.

Estas reuniones tenían, además, un matiz difícil de sobrellevar: las vampiresas. En esos momentos Gladys sentía que era un estorbo, una piedra en el zapato para casi todas las asistentes. El superyó del grupo, la espía, la guardaespaldas o simplemente la señora del mandamás. Y lo más triste: nadie intentaba seducirla. Nunca había proposiciones indiscretas que pudieran levantar su maltrecho ego. Si un borrachito se le acercaba, no era sino para recordarle lo afortunada que había sido de tener un hombre así.

Gladys conocía al dedillo las aventuras de su marido, las pasadas, las presentes y algunas futuras. Ninguna era relevante ni ponía en peligro la estabilidad matrimonial, pero ocurrían sistemática y consistentemente, aunque con bastante sigilo y moderación. Ella temía perderlo, pero se limitaba a permanecer callada.

Él era muy comprensivo, la trataba cariñosamente y jamás se ofuscaba. Nunca levantaba la voz más allá de los decibeles necesarios, ni hacía mala cara. Una sonrisa blanca y pareja, como en las propagandas de las cremas dentales, acompañaba todo el tiempo el rostro del hombre.

En los viajes al exterior la discrepancia aumentaba: él hablaba perfecto inglés y ella chapuceaba una jerga apenas comprensible. Algo similar sucedía cuando compraban ropa. A Gladys siempre se sobraba o le faltaba tela, había que agarrarle o soltarle, correr botones, subir o bajar. Él era un caso excepcional de talla única: todo le quedaba a la perfección. En más de una ocasión le propusieron modelar, pero no aceptó.

Gladys sabía que la cordialidad y la dulzura de su esposo eran aparentes. Un mensaje cifrado podía leerse siempre: “Has tenido demasiada suerte al estar conmigo…” En una ocasión, ella escuchó el siguiente comentario: “Yo sé que podría haber conseguido a alguien mejor…pero tú sabes… unas cosas por otras… puede que no sea la supermujer, sin embargo ella no molesta… ¿Me entiendes?… Mejor que lo celen a uno, que celar… Mi negrita es adorada”. Al principio se sintió halagada, pero cuando le echó más cabeza al asunto entendió que más bien se trataba de una declaración de superioridad racial y el desaire todavía le taladra.

La vida íntima estaba repleta de vivencias ególatras por parte de su consorte, que no eran percibidas por las demás personas. Se demoraba en la ducha para vestirse y acostarse, y el espejo era su mejor aliado. Cualquier cosa que reflejara la propia imagen llamaba su atención. No era el exhibicionismo ostentoso que utilizan los histriónicos, sino un elegante, perspicaz y casi aristocrático lucimiento.

Gladys era una mujer ardiente y sexualmente activa, que se sentía profundamente atraída por él. Sin embargo, las relaciones sexuales mostraban una preocupante alteración. Consecuente con su actitud narcisista, el hombre era un onanista declarado, es decir, sólo obtenía satisfacción a través de la masturbación. No era eyaculador precoz ni impotente, sino algo peor para una mujer que no se siente amada: eyaculador retardado (más que retardado, lejano). Cada vez que el acto quedaba inconcluso, ella confirmaba que no era deseada.
Así había sobrevivido a la sombra de un hombre exitoso, codiciado por las mujeres y envidiado por los varones. Cuidándole la espalda, apartando admiradoras, tratando de competir con un inalcanzable ideal de mujer e ignorando sus engaños. Estaba cansada y con la sangre en el ojo. Quería desquitarse, ser el centro de atención y verlo por primera vez en una posición más frágil y humilde. Bajarle los humos, traerlo al mundo de los mortales y estar por encima. Otras veces le provocaba borrarle esa expresión de satisfacción trascendental y  remplazarla por una mueca de dolor.

Un día, en el gimnasio al cual Gladys concurría asiduamente esperando el milagro de la figura esbelta, entabló una relación amistosa con el señor especial.
No tan apuesto como su marido, menos sensual, más “normal”, con nariz de boxeador y poco culto, pero con un atributo inigualable y fascinante: era el dueño de la competencia. El propietario de la única fábrica que le quitaba ventas y literalmente ponía a temblar a su esposo. Lo mejor de todo: ella le gustaba. Esa primera vez no le dijo quién era, no quería inhibir el ímpetu y el entusiasmo que mostraba el pretendiente, ni tampoco asustarlo. Así comenzaron a verse y a conversar. De manera regular asistían a sus prácticas de aeróbicos y pesas, él cada vez más puntual y ella cada vez con menos ropa. El empezó a admirarla sin descuidar nada, y ella a creerle el cuento.

Un día la invitó a salir y Gladys aceptó. Estando en el lugar se besaron a quemarropa y se invadieron mutuamente hasta que ella no tuvo más remedio que confesarle su procedencia. Contrariamente a lo esperado, el arrebato fue mayor y de ahí salieron directo a un motel. Fue como echarle gasolina a la hoguera.

A partir de ese momento la relación adquirió una doble sincronía: deseo y venganza. El sentía una complacencia adicional: no era cualquier mujer, sino la de su enemigo comercial. Ella sentía un gusto similar: no era cualquier hombre, sino el principal dolor de cabeza de su compañero. Una mezcla entre mercadeo, sexo, perversidad e indemnizaciones retrospectivas.
El marido aún no sabe que tiene cuernos. Mientras tanto, ella prefiere degustar el postre en bandeja de plata. Hay cierto placer subversivo en saber aquello que él ni se imagina. El superhombre, el intocable, está siendo secretamente vulnerado en su amor propio y en el más estricto anonimato.


Para tener en cuenta.
La venganza es violencia placentera. El agresor la percibe como un acto de defensa personal moralmente válido, una clase de sadismo instrumental y justificado, pero en realidad es un comportamiento de conservación a destiempo y fuera de lugar. Ya pasó el ataque.

La complacencia en obtener igualdad a través de la destrucción del otro es un fenómeno exclusivamente humano, producto de la mente y, claro está, del ego. Existe una inmadurez latente en quienes están dispuestos a lograr el desagravio a cualquier precio. Como los niños que movidos por la envidia o la ira rompen los juguetes del otro.


Cabe preguntarse si los que deciden vengarse por despecho y desamor no estarán tratando de perdonarse a sí mismos la cobardía, o la incapacidad, de haber permanecido donde no debían haber estado. La gente que logra mantener relaciones de pareja asertivas, directas, francas, no temerosas y sin postergaciones, no permite que el resentimiento prospere y la venganza deja de ser funcional. Definitivamente es mejor reaccionar y defenderse a tiempo, algo que Gladys no supo hacer.


Cuando intentamos protegernos de la traición y el maltrato psicológico con las mismas armas de quienes nos han dañado, caemos en la trampa de identificarnos con el transgresor. Cuando atacamos la deslealtad con deslealtad, la mentira con mentira, la deshonestidad con deshonestidad, perdemos autoridad moral. Nos contaminamos de lo mismo que queremos limpiar. La infidelidad no admite contabilidades ni sistemas de compensación, sino exclusión y determinación.
O perdono, o me voy.

UN VIDEO MOTIVADOR

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http://youtu.be/YDRId6QmNTA