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viernes, 8 de febrero de 2013

Cuando cambies la manera de sentirte acerca del dinero, la cantidad de dinero en tu vida cambiará.

Tomado del Libro El Poder
"La pobreza consiste en sentirse pobre". Ralph Waldo Emerson

¿Cómo te sientes acerca del dinero? La mayoría de las personas dirían que aman el dinero, pero si no tienen suficiente, no se sienten nada bien acerca de él. Si una persona tiene todo el dinero que necesita, entonces es casi seguro que se siente bien acerca del dinero. Así que puedes saber cómo te sientes acerca del dinero, porque si no tienes todo el que necesitas, entonces no te sientes bien acerca del dinero.

Si miras hacia el mundo, verás que la mayoría de las personas no se sienten bien acerca del dinero, porque la mayor parte del dinero y las riquezas del mundo están en manos del 10% de la gente. La única diferencia entre la gente rica y todos los demás es que la gente rica da más sentimientos buenos que malos acerca del dinero. Es así de simple.

¿Por qué tantas personas se sienten mal acerca del dinero? No es  porque nunca han tenido dinero, porque la mayoría de las personas que tienen dinero comenzaron con nada. La razón por la cual tantas personas se sienten mal acerca del dinero es que tienen creencias negativas acerca del dinero, y esas creencias negativas les fueron inculcadas en su subconsciente cuando eran niños. Creencias como, "No tenemos dinero suficiente para comprar eso", "El dinero es maligno", "La gente rica tiene que ser deshonesta", "Querer tener dinero es malo y no es espiritual", "Tener mucho dinero significa tener que trabajar muy duro".

Cuando uno es un niño, uno acepta todo lo que sus padres, maestros o la sociedad le dicen. Y así, sin darse cuenta, crece teniendo sentimientos negativos acerca del dinero. La ironía es que al mismo tiempo que le dicen a uno que querer dinero es malo, le dicen que tiene que ganarse la vida, aunque ello signifique trabajar en algo que no le gusta. Tal vez incluso le dicen que sólo hay ciertos tipos de trabajo que puedes hacer para ganarte la vida, que la lista es limitada. Ninguna de estas cosas es cierta. Las personas que nos decían esas cosas no tienen culpa porque estaban comunicando lo que ellos creían que era verdad, pero por creerlo, la ley de atracción lo hizo realidad en sus vidas. Ahora tú estás aprendiendo que la vida funciona en una forma completamente diferente. Si te falta dinero en tu vida es porque estás proyectando más sentimientos malos que buenos acerca del dinero.

El amor es poder que se pega. Yo tuve un pasado humilde y, aunque mis padres no querían tener mucho dinero, pasaron trabajo para que les alcanzara para vivir. Así que crecí con las mismas creencias negativas acerca del dinero que la mayoría de la gente. Sabía que tenía que cambiar mi manera de sentirme acerca del dinero para que mis circunstancias cambiaran, ¡y sabía que tenía que cambiar completamente para que el dinero no sólo me llegara sino que se me pegara! Podía ver que las personas que tenían dinero no sólo lo atraían hacía ellos sino que también hacían que el dinero se les pegara. Si uno toma todo el dinero del mundo y lo distribuye equitativamente entre todas las personas, en muy poco tiempo todo el dinero regresaría a las manos de un pequeño porcentaje de esas personas, porque la ley de atracción tiene que seguir al amor, de modo que sólo el pequeño porcentaje de los que se sienten bien acerca del dinero lo atraería como un imán hacia ellos. La fuerza del amor mueve todo el dinero y las riquezas del mundo, y lo hace de acuerdo con la ley.
Puedes ver funcionar la ley de atracción cuando la gente se gana la lotería. Se imaginaron y sintieron con todo su corazón que se ganarían la lotería. Hablaron sobre cuándo se iban a ganar la lotería, no si se la iban a ganar, y planearon e imaginaron lo que iban a hacer cuando se la ganaran. ¡Y se la ganaron! Pero las estadísticas de los ganadores de lotería muestran la verdadera evidencia sobre si el dinero se queda con ellos o no. Pocos años después de ganarse la lotería la mayoría de las personas han perdido el dinero y están más endeudadas que antes. Esto ocurre porque utilizaron la ley de atracción para ganar la lotería, pero a pesar de haber recibido dinero, no cambiaron su verdadera manera de pensar acerca del dinero y lo perdieron todo. ¡El dinero no se les pegó!

Cuando no te sientes bien acerca del dinero, lo rechazas. Nunca se te pegará. Aun cuando recibes dinero extra con el que no habías contado, en poco tiempo verás que se te escapó entre los dedos. Llegan cuentas más altas, las cosas se dañan, y circunstancias imprevistas de cualquier tipo ocurren, todo lo cual drena el dinero y te lo arrebata de las manos.
¿Entonces qué es lo que hace que el dinero se pegue? ¡El amor! El amor es la fuerza de atracción que trae el dinero, ¡y es el amor el poder que hace que se pegue! No tiene que ver si eres una buena persona o no. Ese aspecto de tu persona está más allá de cualquier tipo de duda, porque eres más magnífico de lo que crees.

Tienes que proyectar amor y sentirte bien acerca del dinero para atraerlo hacia ti, ¡y que se te pegue! En este momento, si te hace falta dinero y lo que debes en tu tarjeta de crédito va en aumento, no tienes poder para que se te pegue y estás rechazando el dinero. No importa en qué estado financiero te encuentres ahora. No importa el estado financiero en que se encuentre tu negocio, tu país o el mundo. No existe el concepto de una situación sin esperanza. Hay personas que vivieron durante la gran depresión y prosperaron porque conocían la ley del amor y de atracción. Vivieron la ley imaginando y sintiendo todo lo que deseaban y desafiaron las circunstancias que los rodeaban.

La fuerza del amor puede abrirse paso a través de cualquier obstáculo o situación. Los problemas del mundo no son obstáculo para la fuerza del amor. La ley de atracción funciona con el mismo poder, sean favorables los tiempos o no.

Cómo cambiar tu manera de sentirte acerca del dinero. Cuando cambies la manera de sentirte acerca del dinero, la cantidad de dinero en tu vida cambiará. Mientras mejor te sientas acerca del dinero, más dinero magnetizarás hacia ti. Si no tienes mucho dinero, recibir más cuentas no te va a hacer sentir bien. Pero en el momento en que reaccionas negativamente a una cuenta grande, estás proyectando malos sentimientos y con toda seguridad recibirás más cuentas grandes. Cualquier cosa que das, la recibes de vuelta. Lo más  importante es que cuando pagues tus cuentas, encuentres una manera, cualquiera que sea, de obligarte a sentirte bien. Nunca pagues tus cuentas cuando no te sientes bien, porque no harás más que atraer cuentas más altas.
Para cambiar lo que estás sintiendo, necesitas usar tu imaginación y convertir las cuentas en algo que te haga sentir mejor. Puedes imaginar que no son realmente cuentas sino que por tu propia bondad has decidido donar dinero a cada compañía o persona por el magnífico servicio que prestan. Imagina que tus cuentas son cheques que recibes.
O usa la gratitud y da gracias a la compañía que te envió la cuenta pensando cómo te has beneficiado por su servicio, por la electricidad o por poder contar con una casa donde vivir. Puedes hacer una nota en el frente de la cuenta que diga: "Gracias —pagado". Si no tienes dinero para pagar la cuenta enseguida, escribe una nota en el frente que diga: "Gracias por el dinero". La ley de atracción no cuestiona si lo que imaginas y sientes es real o no. Responde a lo que das, punto.

Cuando recibes tu salario, ¡sé agradecido para que se multiplique! La mayoría de las personas ni siquiera se sienten bien cuando les pagan porque están preocupadas acerca de cómo hacer que el salario les dure. Pierden una increíble oportunidad de dar amor cada vez que les pagan. Cuando te llega a las manos algún dinero, no importa cuán poco sea, ¡sé agradecido! Recuerda que cualquier cosa que agradeces se multiplica. ¡La gratitud es la gran multiplicadora!
 

domingo, 12 de febrero de 2012

NUESTROS HIJOS NO NOS DEBEN NADA

Tomado del Libro: Tu Hijo, Tu Espejo. De Martha Alicia Chavez

Ser padre o ser madre es el más honroso y sagrado compromiso que adquirimos con la vida, compromiso que algunos deciden no cumplir, abandonando física, material o emocionalmente a sus hijos; compromiso que otros deciden cumplir quejándose, lamentándose y reclamando a sus hijos por todos los sacrificios, el dinero gastado, el esfuerzo hecho día con día, compromiso que otros, por desgracia los menos, cumplen amorosamente aun con todas sus limitaciones, agobios y errores.

El dar es siempre en sentido descendente, es decir, desde las generaciones mayores hacia las generaciones que le siguen, y un padre no tiene derecho a reclamar a sus hijos por todo lo que les da.  Llamemos las cosas por su nombre: en el preciso momento en que tuvimos un hijo aceptamos el paquete completo que ello implica.  Aun en el caso de que el hijo haya sido producto de un descuido o una falla en el método anticonceptivo, pudiste haberlo dado en adopción.  Esta cruda forma de hablar no es más que la verdad, aunque, tristemente, abundan los padres que de mil maneras mandan a sus hijos el mensaje de "me lo debes".

Una madre se quejaba diciéndome lo mucho que gastaban en la educación de sus hijos, a lo cual sin rodeos respondí que parte de su compromiso como madre era proporcionar educación a sus hijos.
Ella me dijo:
—Mi compromiso es darles educación, pero no necesariamente en escuelas tan caras como a las que van ellos.
Entonces le respondí:
—Ésa es tu decisión; gastar tanto dinero en escuelas es tu elección y no tienes por qué culpar a tus hijos por ello.  Explora en tu interior para que reconozcas los verdaderos motivos por los cuales los tienes en esas escuelas, porque es obvio que por amor no es.

Fue éste uno de esos casos en los que la confrontación trajo resultados muy positivos; efectivamente, ella reconoció que en parte era por estatus e imagen, también por darles lo que ella no tuvo de niña, así como por fastidiar a su hermana mayor con la que siempre había rivalizado y quien no podía ni en sueños pagar ese tipo de escuelas y en parte, además, por un interés genuino de brindar a sus hijos la mejor educación posible.

Pero entonces ¿por qué quejarse constantemente con los hijos por ese gasto, cuando hay tantos intereses personales de por medio? Para que dejara de una vez por todas de lamentarse le sugerí que reenfocara su percepción de la situación suponiendo que esa gran cantidad de dinero que gastaba era el precio por todos aquellos premios a su propio ego; podía también cambiarlos a instituciones menos costosas; su otra alternativa —t-ojalá la haya elegido— era pagar esas cuentas escolares con amor.

Una cosa es clara: cuando tienes esa sensación de que tus hijos te deben algo, lo expreses o no, sin lugar a dudas no estás cumpliendo tu función de proveerlos desde el amor; tal vez desde el sentido del deber, la imagen o la incapacidad de decir NO —porque hay que saber cuándo decir NO a los hijos—, pero definitivamente no estás haciéndolo desde el amor.

Comprarles unos tenis caros con esa carga de enojo, recordarles día a día lo mucho que te costaron, hacer las veces de espía para observar cómo se van deteriorando y entonces volverles a recordar lo mucho que costaron, y así hasta el infinito.  Ahora dime, ¿para qué? Mejor hubiera sido no comprarlos.

¡He escuchado tantos reclamos de padres y madres hacia sus hijos! Madres solteras, viudas o divorciadas, reclamando que no se volvieron a casar por sacarlos adelante; madres amargadas reprochando que dedicaron su juventud a ellos, desgastando sus cuerpos y sus energías por su causa.

También he oído a padres frustrados que casi llevan una lista de lo que han gastado en mantenerlos y lo duro que trabajan para ellos; padres que siempre dan el dinero de mala gana, acompañado con una retahíla de reclamos, condiciones o amenazas; y a madres que le dicen a la hija que está a punto de casarse o irse de viaje: "Una los cría, se sacrifica por ustedes, da la vida por ustedes y, de pronto, así de fácil se van y nos dejan solos".
Y he presenciado peores cosas aún, como el caso de esa madre que acudió a una sesión de terapia con su hijo adulto y cuando él, ahí en la tibia seguridad del consultorio, se atrevió a decirle por primera vez en su vida:
—Mamá, te quiero mucho.
La respuesta de la madre fue:
—Es tu obligación quererme, ¡después de todo lo que he hecho por ti!...
A su hijo como a mí se nos partió el corazón.

Sin duda, todos los padres deseamos que nuestros hijos sean buenas personas, generosos con nosotros y con los demás, y automáticamente lo serán si primero lo reciben con amor de nosotros, sus padres. ¿Cómo dar algo que no se ha recibido ni siquiera en los años de la más tierna infancia?, ¿cómo aprender a ser generoso cuando lo que se nos dio tuvo siempre el sello de "me lo debes"?, ¿cómo aprender a dar si no recibimos?

Pero por favor no me malinterpretes.  No quiero decir que les des a tus hijos todo lo que pidan, no quiero decir que jamás les exijas que cooperen y te ayuden o que no les pidas que reconozcan, aprecien, valoren y cuiden lo que les das y lo que haces por ellos.  Quiero decir que abraces amorosamente tu sagrado compromiso de ser padre y que cualquier gasto, sacrificio, renuncia o esfuerzo que hagas en su cumplimiento, intentes hacerlo desde el amor, lo intentes al menos.